Capítulo 6: El Eco de sus Palabras

1435 Words
Sofía El sol de la tarde colaba sus rayos por la ventana del comedor, pero yo no los veía. Estaba sentada frente a la mesa, la taza de café ya fría frente a mí, mientras mi mente repetía las palabras de Nicolás. —No sé si te sigo amando.— El eco de su confesión resonaba en mis oídos una y otra vez, desordenando todo lo que creía que entendía sobre nuestra relación. El día pasó con la calma artificial que a veces adoptamos para sobrevivir. Las horas parecían arrastrarse, pero nada en mi rutina parecía real. Cada cosa que hacía, desde revisar correos hasta preparar la comida, sentía como si estuviera moviéndome en cámara lenta. La misma angustia que me había invadido en el momento de la conversación con Nicolás no me abandonaba. ¿Cómo es posible que alguien que creía conocer, que compartí años de mi vida, pudiera decir algo así? ¿Cómo podría no saber si me amaba? Por mi mente pasaron todos los momentos en donde me dijo que me amaba, en cada uno de ellos su rostro demostraba cariño, alegría, empatía hacía lo que estaba diciendo, esas dos palabras tan poderosas: Te amo. Quería gritarle que yo sí sabía que lo amaba, que aunque no sepa qué nos está pasando, porque hemos llegado a este punto, todavía sigo amándolo con locura, que por esa razón es que estoy tan desesperada por salvar nuestro matrimonio, nuestra pequeña familia de dos. Que lo necesito para vivir, que es mi mejor amigo, que si lo pierdo no solo estoy perdiendo a mi esposo, estoy perdiendo una parte de mí. Me levanté del comedor y, sin pensarlo mucho, tomé el teléfono para llamar a Helena. Necesitaba hablar con ella, necesitaba decir en voz alta todo lo que llevaba dentro, aunque no estuviera segura de qué era exactamente lo que sentía. A veces, solo hablar sobre lo que me pasaba me ayudaba a entender un poco más el caos en mi cabeza. —Helena, ¿tienes un momento? —pregunté, con la voz más quebrada de lo que hubiera querido. —Claro, Sofía. ¿Todo bien? —su tono cambió inmediatamente, su preocupación palpable al instante. —No. No todo está bien. ¿Podemos vernos esta tarde? —mi voz salió entrecortada, como si lo que iba a contar era algo tan grande que ni yo misma podía darle forma. Helena era mi mejor amiga desde que estábamos en la universidad, llegamos a compaginar a un nivel que solo tenía con pocas personas. Antes, nos veíamos todos los días, pero la vida de adulto estaba pesada, y cuando ella se convirtió en madre su tiempo libre era casi inexistente. La primera vez que Nicholas y yo fuimos a ver a Mark, su bebe fue el momento en que decidí que él no parecía querer tener hijos, cuando se quedó mirando al bebe en mis brazos, como si la pequeña personita fuera un alienígena. No quiso cargarlo y se mantuvo alejado de todo. Luego de aquel momento no volví a sacar el tema de sí íbamos a ampliar nuestra familia. Poco después, nos encontramos en el restaurante de siempre, un pequeño rincón en la ciudad donde solíamos charlar sobre cualquier cosa y todo. La luz tenue, la calma del lugar, todo me parecía demasiado lejano para lo que sentía por dentro. Helena se sentó frente a mí, con una sonrisa cálida que intentaba consolarme, pero yo sabía que mis palabras serían las que definirían ese momento. Al instante, comencé a contarle. Le hablé de la conversación de esa mañana, de la mirada de Nicolás, de cómo sus palabras habían dejado una huella profunda en mí. De cómo ya no sabía qué hacer para salvar algo que parecía desmoronarse entre mis manos. Le dije que sentía que no podía seguir adelante sin saber qué había pasado, pero que también temía que el amor ya no estuviera presente, al menos no de la manera que lo estaba antes. —Helena, estoy desesperada. No quiero perderlo. No puedo. —Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero traté de contenerme. — Siento que hay algo en él, algo que ya no es lo mismo. Pero no sé cómo arreglarlo. No sé qué hacer… — me interrumpí porque lo que iba a decir a continuación era algo que estaba en mi casa como dueño de ella, unos pensamientos a los que no quería darle el poder de destruirme más. —Y creo que tiene una amante, que está enamorado de otra, pero no sabe como decírmelo. Me voy a volver loca.— envolví mis manos en puchos, decir esas palabras en voz alta tenían un sentido demoledor mayor del que me esperaba. La sola idea de que estuviera con otra mujer me daban ganas de vomitar. Helena me miró en silencio, como si estuviera masticando mis palabras antes de darme una respuesta. Finalmente, suspiró y me miró a los ojos con una mirada franca. —Sofía, quizás lo que necesitas es un tiempo, puede que él tenga razón. Un tiempo separados, aunque sea solo unas semanas. —Su propuesta cayó sobre mí como un balde de agua fría, pero al mismo tiempo, era la segunda persona que lo sugería, ¿era la única que creía que era mala idea? — Si los dos se dan un espacio, tal vez puedan ver las cosas con más claridad. Y, sinceramente, creo que lo más importante sería que ambos consideraran ver a un terapeuta de pareja. Tal vez no sea lo que quieras escuchar ahora mismo, pero un profesional podría ayudarlos a entender mejor lo que está pasando. Sí vale la pena seguir con esto. — asentí lentamente, ¿los amigos siempre te dicen la verdad? Ella no me estaría diciendo que me separe y vaya a terapia si no fuera lo mejor para mí. La idea de separarme de Nicolás, aunque temporalmente, me revolvió el estómago. Un pequeño flash de nuestro tiempo separados en la universidad o cuando viajaba por trabajo me recorrió la mente, sacudiendo todo en mi cerebro. Habíamos sobrevivido a mucho con el paso de los años, pasamos de ser unos adolescentes a las personas que éramos hoy, lo hicimos juntos, los dos siempre nos habíamos apoyado en todo. Esto no tenía por qué ser diferente. Ahora era diferente, el simple hecho de pensarlo ya me parecía un abismo del que no sabía si sería capaz de salir. Pero al mismo tiempo, tenía que admitir que las cosas entre nosotros no podían seguir así. Estábamos atrapados en un ciclo de desconexión, de silencios incómodos, de rutinas que ya no compartíamos. Tal vez ese espacio, esa distancia, podría permitirnos entender qué es lo que realmente queríamos. —¿Pero y si lo pierdo para siempre? —pregunté, mi voz temblando. Me mordí el labio inferior para que no me siguiera temblando. —Sofía, nadie te está pidiendo que tomes decisiones radicales. Solo te pido que pienses en ti, que pienses en lo que quieres. Y si realmente quieres salvarlo, tienes que estar dispuesta a poner algo de ti también. Un tiempo lejos no significa que todo se haya terminado. A veces el tiempo ayuda a ver las cosas con claridad. Pero haz esta separación bajo tus términos, proponle lo de terapia. Ponle una fecha de caducidad a esto. Me quedé pensativa por un momento, las palabras de Helena retumbando en mi cabeza. No sabía si estaba lista para dar ese paso, pero algo dentro de mí me decía que si no lo hacía, pronto ya no habría nada que salvar. Quizás, solo quizás, la distancia sería lo que necesitábamos para volver a encontrarnos. —Gracias, Helena. No sé qué haría sin ti —susurré, con una sonrisa triste, pero aliviada al mismo tiempo. Y así, mientras el reloj avanzaba y la tarde comenzaba a desvanecerse, me sentí más cerca de una respuesta, aunque aún no sabía cuál era el camino que debía seguir. Cuando nos separamos frente a nuestros vehículos, la abrace con tanta fuerza, había necesito tanto este contacto físico con otro ser humano. Prolongue el abrazo lo más que puede, no sé si fueron dos o 10 minutos, lo que sí sé, es que cuando me separe de ella sabía lo que tenía que hacer. —Te amo, amiga.— le dije, ella volvió a abrazarme. —Todo irá bien— me dio un beso en la mejilla antes de volver a hablar— ¿y si no lo está? —Me hizo mirarla a los ojos— Estarás mejor sola, siempre vas a contar conmigo y con Mark.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD