2. Wyatt

773 Words
Me eché sobre mi silla con fuerza y tiré el teléfono sobre el escritorio frente a mí. Me costó mucho contener el repentino animal que rugió en mi interior cuando vi a esa chica. Cabello corto hasta la mitad de su estrecho cuello, nariz respingada, labios llenos y rosados, como si fueran uno de esos algodones de azúcar que tanto le gustan a mi pequeña Peyton. Resoplé desconcertado, comparar los labios de una chica extraña con la chuchería favorita de mi hija ya era demasiado. Me detuve con la intención de mirar por última vez el escritorio de Jack Morrison antes de ser retirado ya que no necesitaba otro hombre que hiciera el trabajo de Jack, estuvo aquí para pasar sus últimos años de vida activo, como me lo pidió él y mi padre. Pero entonces noté que había un par de presencias femeninas que me observaban de la forma típica que lo hacían todos mis empleados, como si fuera a quemarlos con mi rayo láser. Sí, sé de ese rumor estúpido, aunque admito que me hubiera gustado tenerlo. Había dos chicas ahí, y, sin embargo, fue una de ellas que jaló casi absolutamente mi atención. Sentí como si un remolino hubiera arrasado con la tranquilidad en el sistema nervioso de mi cuerpo. Creí que Elena Márquez logró emocionarme, es una hermosa y talentosa actriz latina, y era mi novia, pero solo triunfó aquí gracias a mis contactos, luego me dejó. Entonces esta chica misteriosa y aparentemente insignificante revolvió todo en mí y ahora me sentía enojado por el hecho de que no sé qué hacer para sacarla de mi mente. Alguien tocó a la puerta, no quería ver a nadie, pero me obligué a recomponerme y traer de vuelta mi autocontrol. —Pase—avisé. Viola abrió la puerta y entró hasta sentarse en el sillón al otro lado de mi escritorio. —Buenos días jefe, hoy tienes una reunión a las 9am con el señor Carter Smith, ¿lo recuerdas? El hombre gordo de…—de repente se detuvo, levantó su rostro y me miró. Entonces dejó boca abajo su Tablet y cruzó las piernas. Cuando hacía eso su modo profesional se iba—. ¿De nuevo Elena? Viola era como esa única amiga que me quedaba en el mundo, una amiga que no podía mantener sus asuntos alejados de los míos. Ella y yo nos graduamos juntos de la preparatoria, desde ahí no me ha dejado solo, incluso su esposo Jackson quien apareció en la universidad es una molestia andante, pero Peyton lo quiere también, así que cada dos domingos tenemos una parrilla familiar. Antes consideraba a Viola como un parasito, ahora no puedo vivir sin ella. Así que por supuesto que sabía todo sobre mi error con Elena. —No—contesté rotundamente. Enarcó una ceja. —¿Entonces Peyton volvió a lastimarse? —Espero que no. Se nos están aca bando las venditas estampadas de animales que Isabel le trajo de Londres, no quiere usar otras si no esas. Pero últimamente se ha mantenido sobria, ¿si me entiendes? Viola sonrió. —¿Por qué Peyton se corta y lastima tanto? —Es solo un poco torpe, nada más. —Me pregunto si habrá cursos de primeros auxilios para niños. Aunque al principio Peyton fue un mal cálculo que tuve hace 6 años con una de mis exnovias de la universidad, amaba a mi hija. Rachel murió durante el parto, dejándome a cargo de la pequeña Peyton. Aquí todos creen que soy un tirano sin alma y corazón, con Peyton podía ser cualquier personaje de Backjardigans. Necesitaba mantenerlo así para que Peyton esté a salvo de esta parte de mi mundo. Viola se rió, pero volvió a observarme inquisitivamente. —¿Entonces qué tienes? —No es nada, es solo que Peyton está de cumpleaños y debo averiguar a donde llevarla esta noche porque solo quiere una cena especial para dos. Viola enseguida frunció el ceño. —Peyton cumple el 29 de diciembre. —¿Y tú se lo quieres explicar? —Dos cumpleaños, me gusta—contestó Viola con una sonrisa divertida. Llevarle la contraria a Peyton era como si intentaras pelear contra la fuerza de un huracán. Era una niña de carácter fuerte, con ideas propias, nunca se dejaba manipular y por eso nunca se llevó bien con Elena. —¿Quieres que haga una reservación? —Viola levantó su Tablet. Sonreí aliviado de que las preguntas terminen. —Por favor. Viola continuó hablándome de mis citas y responsabilidades para hoy, pero yo solo podía pensar en esa chica que limpiaba el escritorio de Jack.
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