3. Sydney

1928 Words
Me separé de Emma al final de nuestra ronda de trabajo en Powell. Pasé por un sándwich al negocio de Alex, y recibí un mensaje de mi tía Norah de camino a la escuela donde trabajaba como obrera, gracias a Carly, una prima lejana de mi malvada tía que vive en Kansas. Por lo general no hablamos, pero cada mes recibo una llamada si no contesto a sus mensajes sobre su único interés en mí. Carly era todo lo contrario a mi tía, y compartíamos el sentimiento de odio hacia ella, desde ahí supimos que nos llevaríamos bien. Si alguien me preguntara qué quiero hacer con mi vida, si hubiera tenido la oportunidad y los recursos para estudiar, diría que educación. Amo a los niños, son muy divertidos y más fáciles de tratar que los adultos, por lo menos para mí. A veces eran más listos que sus propios padres. Siempre fui buena con los niños, era como un don y una bendición. Cuando entré al edificio de la escuela un olor peculiar llegó a mis fosas nasales, por lo que, por alguna razón, recordé de inmediato a Wyatt Powell y esa intervención visual que me dio esta mañana. Algo que yo sabía hacer es acatar reglas, incluso las más tontas que a todo el mundo el mundo le gustaba romper, así que procuré nunca cruzarme en el camino de Wyatt y no molestarlo, sin embargo, esta vez fue él quien me miró, incluso aunque intenté no moverme ni pestañear para no incomodarlo, él me miró por su propia voluntad. Y juro que vi algo diferente de la forma indiferente en la que ve a los demás. ¡No, déjate de sacar conclusiones estúpidas como esas, es hora de trabajar! Venir y trabajar rodeada de niños correteándose y aprendiendo no era un trabajo para mí, incluso si pudiera dar clases, si no estuviera tan necesitada de dinero haría eso por simple placer y diversión. Como nunca tuve la oportunidad de convivir con mis padres y tener una familia real, soñaba con una propia para mí. —Maestra Sydney—me llamó una vocecita. Me giré antes de entrar por el pasillo de los salones. —Hola, pequeña—me incliné para quedar a su distancia porque ella era realmente pequeña. Estuve a punto de decirle que no debería decirme maestra, solo limpio los salones a medio tiempo, pero entonces noté la aflicción y la preocupación en su rostro—. ¿Sucede algo? Esta niña era hermosa, y era probablemente la niña más inteligente en esta escuela, lo sabía porque su foto siempre estaba en la cartelera del cuadro de honor, además de que cada vez que nos encontrábamos pasaba el tiempo hablándome de cosas que ha estudiado y aprendido. Su cabello rizado y oscuro era un espectáculo que hacía perfecta pareja con sus ojitos aceitunados. Yo solo asistía a la escuela dos veces a la semana para limpiar, pero cuando lo hacía Tony me encontraba y me hacía jugar con ella. Tony era una niña bastante tímida, aunque no debía acompañarla porque debería estar trabajando, lo hacía porque constantemente era molestada por otros niños. Le conté a Carly de mi amistad con Tony, pero obvié por qué solía protegerla, porque la niña no quería que nadie lo supiera, pero eso debía saberlo sus padres. Muchas veces la había visto llegar con su madre, una mujer muy hermosa, parecía una mezcla entre Shakira y una modelo alemana con su cabello rubio rizado y su estatura. Seguro vendría en cualquier momento, ya casi era la hora de salida para los niños. —¿Ahora qué sucede? —le pregunté de nuevo. —Es Katherine de nuevo—la niña suspiró con cansancio—, dijo que mi cabello es como el trapeador que usa la mujer de la limpieza en el trabajo de su papá. Estos niños de ahora tenían unas comparaciones bastantes ofensivas. Tomé el mechón que su orejita sujetaba y lo dejé libre. —¿Sabes? Trabajo trapeando pisos en una empresa enorme—Tony levantó su mirada y me observó atentamente cuando una lágrima rodó por sus rosadas mejillas, la sequé rápidamente—. Y tu cabello no se parece en nada a un trapeador. Cielos, ya quisiera yo tener tu cabello. —¿Por qué? —Apenas si tengo cabello—me eché a reír. Pero Tony no rió conmigo. Yo no podía dejar mi cabello tan largo porque no tenía dinero para mantenerlo, mi cabello era liso ondulado color cobre, me parecía lindo por sí solo pero no podía gastar en productos para el cabello cuando había otras cosas que pagar más importantes, además de mi renta. —Pero si tu cabello es tan lindo—Tony hizo lo mismo conmigo y dejó caer un mechón de mi cabello para acariciarlo suavemente—. Y tus ojos parecen dos diamantes azules. —Oh, ¿zafiros? —parpadeé coquetamente. Ella asintió y le hice sacar una sonrisita, por lo que supe que a partir de ahora ella estaría mejor. —Tienes que entrar a clases—me levanté. Ella negó con su cabeza. —Katherine estará ahí. —Tranquila, todo estará bien ahora. Ella me hizo caso y de mi mano caminó hasta su salón. Me acerqué para hablar con Eleanor, su maestra. Le hablé sobre la situación entre las niñas, por lo que Eleanor tomó cartas en el asunto y decidió alejar sus mesas por el momento. Le agradecí y comencé con mi tarde de trabajo. Trabaja en esta escuela los martes y jueves después de salir de la empresa, en donde trabaja todos los días mañana y tarde, y en mi trabajo con Alex en su club trabaja como mesera en las noches. Eran tres trabajos, pero solo la empresa ItaPowell era el peor lugar para trabajar, sobre todo por mi posición, todos trataban mal al servicio de limpieza. Sin embargo, no me importaba, era un trabajo. La verdadera razón por la que tenía tantos trabajos era porque estaba ahorrando para la universidad, aunque fuera una pública y pequeña. Yo tenía una vida por delante y suficiente salud para seguir luchando hasta conseguir hacer realidad mi meta. —¿Sería posible que dejaras de trabajar una noche para ir conmigo de fiesta? Escuché la voz de Carly que me hizo dejar el trapeador a un lado. Cerró la puerta del salón que estaba terminando de limpiar. —Sabes que no puedo dejar de ir al trabajo con Alex. Carly es una mujer de 39 años, todavía disfrutaba de ir a fiestas y relaciones de una sola noche. Bueno, con una hija de 15 bastante autónoma y un trabajo estable como directora de esta escuela, cualquiera podría darse esos lujos. —Sydney, querida, siento como si tu vida no hubiera cambiado ni un poco desde que lograste escapar de las garras de Norah—ella estaba hablando de mi tía, una bruja de Salem—. Sigues limpiando y haciendo cientos de cosas al día. —Es por mi meta. —Lo sé—Carly resopló—. ¿Por lo menos almorzarás el sábado con Molly y conmigo? Amaba pasar el rato y hablar con Molly, la hija de Carly, ella era tan elocuente a pesar de su timidez, me sentía identificada con ella. —Sí, te veré el sábado. Carly estrechó sus ojos. —No me quieres a mí, ¿verdad? Solo a mi hija. ¿Es porque me parezco a Norah? Me eché a reír. —Eres hermosa y feliz, muy diferente a la tía Norah. —Si tú lo dices debe ser cierto—Carly levantó una ceja coquetamente—. Por cierto, Jane finalmente decidió renunciar, a partir de hoy buscaremos a un nuevo obrero fijo y me preguntaba si tú… —¡Sí! Carly abrió sus ojos por mi grito desesperado, pero se rió. —Me gusta tu motivación. Me lancé hacia ella y la abracé. —Gracias Carly. Ella me devolvió el abrazo. Cuando nos separamos caminó de vuelta a la puerta, pero antes de irse se volvió y me guiñó un ojo. —El sábado a las 10. Asentí y ella se fue. Una hora después había terminado mi trabajo, ya era la hora de salida de los niños y pronto la mía. Me apresuré para quitarme el uniforme de obrera y tomé mis cosas cuando escuché en el pasillo principal a una mujer discutir. Me acerqué a las niñas y a la mujer que reprendía a una de ellas. Se trataba de Tony y la niña llamada Katherine que ahora estaba apoyada por su madre, porque ambas eran idénticas, cabello rojizo. —No deberías ser una niña tan grosera y mala con mi hija—le increpó la mujer a Tony—. Mi Kate no te ha hecho nada. —Pero yo no… —No mientas—la mujer interrumpió a Tony—. Hablaré con tu maestra para que se encargue de esto… —Disculpe—intervine antes de darme cuenta de que no debería hacerlo—. ¿Cuál es el problema? La mujer me miró de arriba hacia abajo antes de contestar. —Esa niña ha estado molestando a mi hija y ahora dice que es mentira. Miré a Tony, permanecía cabizbaja, apenas si son unas niñas de 6 años, ¿por qué la trataba así? Miré a Katherine, podía notar lo bien que se la estaba pasando, lo sabía, porque reconocía esa expresión en otro rostro, la hija de mi tía Norah. —Creo que ha habido una confusión—sugerí, acercándome a Tony y rodeando sus hombros con mis manos protectoramente—. Esta niña no es capaz de hacerle daño a nadie. La mujer me miró bruscamente. —¿Ahora dice que mi hija es mentirosa? —Los niños dramatizan todo el tiempo—insistí persuasivamente. —¿Quién se cree que es usted para decir que mi hija es una mentirosa? ¿Es maestra aquí? —No, pero… —Ella limpia pisos, mamá—explicó Katherine. Sonreí tensamente, pero hice todo lo posible por no rodar los ojos y ser grosera. —Qué horror—exclamó la mujer, mirándonos con asco y echándose para atrás, como si la fuera a infectar de algo. Ella podría infectarme de su horrible y empalagosa colonia—. Quiero hablar con alguien. —¿Dice que no soy alguien? —Alguien que trabaje aquí. —Yo trabajo aquí. —Gracias a ti, mujer maravilla—masculló la mujer, señalando a Tony con desdén—, haré que las dos desaparezcan de esta escuela. —Usted no puede hacer eso, la niña no ha hecho nada que amerite eso. —Una limpia pisos me está diciendo qué hacer—la mujer bufó y se echó a reír exageradamente—. Esa niña es la que miente, mi Kate jamás le haría daño a nadie. Ya me estaba hartando esta mujer. —Escuche bien, usted no tiene ningún derecho de tratar a una niña de esa forma. Le sugiero que si piensa… —¿Peyton? Los vellos de mi nuca, brazos y pierna se erizaron cuando escuché esa voz masculina, y cuando lo reconocí me congelé en el acto, sin embargo, mi corazón palpitó alocadamente dentro de mi pecho. Escuché sus pisadas acercarse y sentí cuando Tony se dio la vuelta, pero aun así no me moví. —Papi—chilló Tony y salió corriendo hacia el recién llegado. ¿Papi? —¿Qué está sucediendo aquí? —preguntó el padre de Tony.
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