Wyatt
Normalmente era Allison, mi hermana menor, quien traía y buscaba a Peyton de la escuela antes y después de ir a su trabajo. Lo prefería así porque no confiaba en cualquier persona para que cuidara de mi hija, y Allison siempre fue la tía preferida de Peyton, desde pequeña Allison ha estado con ella como si fuera su hermana mayor, además de que era mi hermana favorita porque solo ella decidió hacer lo que yo hice, comenzar su propio negocio y triunfar por sí misma sin el dinero de nuestros padres.
Hoy era el no cumpleaños de Peyton—nunca debí dejar que viera Alicia en el país de las maravillas—, así que decidí darle una sorpresa e ir por ella yo mismo. Cancelé todas mis citas después de las 3 de la tarde para ir por ella.
Pero entonces no la encuentro en su salón y Eleanor me dice que la niña fue al baño. No podía esperar más tiempo, ya se había tardado mucho, así que continué por el pasillo y cielos, ese empalagoso, pero adictivo perfume de vainilla me golpeó en las fosas nasales. Reconocí ese pequeño cuerpo delante de mí, su corto cabello y cuello estrecho, desde atrás esa pequeña cintura se marcaba gracias a su camisa roja. Pero de repente el perfume de vainilla se desvaneció por otro olor fuerte y para nada placentero.
Reconocí a duras penas el rebelde cabello de mi hija, y la llamé. Cuando ella atendió el llamado corrió hacia mí. La tomé en mis brazos y aunque quiso ocultar su rostro en mi cuello logré ver sus lágrimas. Otro animal estuvo a punto de tomar control de mi cuerpo, alguien la hizo llorar.
—¿Qué está pasando aquí? —volví a ladrar mientras me acercaba a las dos mujeres.
Vi a la chica que trabaja en mi empresa, pero apenas si se movía, ¿estaba respirando? La mujer pelirroja me miró y sus ojos brillaron interesadamente.
—¿Wyatt?
Entonces me conoce.
—Bueno… tu hija ha estado molestando a mi Kate—explicó lentamente.
Sí, las pelirrojas no eran lo mío, en especial las que se hacían miles de operaciones para quedar como un maniquí.
—¿Mi hija? —fruncí el ceño.
Estuve a punto de gruñirle como un verdadero monstruo a la mujer, pero mi empleada se adelantó.
—Ella está mintiendo. Es su hija quien ha estado molestando a Tony desde hace mucho tiempo. Sin embargo, son solo niñas, no tiene por qué amenazarla a ella, Tony y Katherine son solo unas niñas, no tiene que llevarlo tan lejos.
Desde esta mañana, cuando quedé encaprichado por ella en mi empresa, he tenido la curiosidad por escuchar su voz. Y sin duda fue justo como me la imaginé, aunque retraída y aguda, fue directa y no titubeó en ningún momento con su intención de defender a mi hija.
De repente apareció Carly Evans, la directora de esta escuela, una mujer mayor que yo, pero con más energía en su dedo meñique que Peyton en todo su cuerpo.
—Señor Powell—intervino Carly—, discúlpenos, arreglaremos esto.
Mantuve la calma por Peyton.
—Hablaré con usted en su oficina, ahora.
Sydney
Carly seguro sabía cómo hacer su trabajo, desde que trabajo en su escuela la había visto tratar con padres tan complicados y caprichosos como la mujer pelirroja, pero ella sabía cómo ponerlos en su lugar y controlar su escuela, no por nada era tan prestigiosa. Así que despachó a la madre de Katherine, y escuché cómo la dejó en su lugar y le advirtió en mi presencia sobre quien se iría de la escuela si Wyatt Powell lo ordenaba.
Carly no se molestó conmigo, al contrario. Ella insistió en que manejé la situación como pude y no tengo por qué preocuparme. Pero me sentía culpable, quizá solo debí llevarme a Tony y alejarla del problema. Sobre todo, porque así no hubiera tenido que encontrarme con el temible Wyatt Powell que desde esta mañana parecía no querer salir de mi mente ni de mi vida.
No podía creer que Tony fuera hija de Wyatt Powell, tampoco que su nombre en realidad fuera Peyton Powell, ella siempre se presentó como Tony. Que tuviera un padre como Wyatt no tenía sentido tampoco, jamás escuché de ella en la televisión o la farándula chismosa. Bueno, tampoco llevaba demasiado tiempo trabajando en Powell o conociendo sobre quien es Wyatt Powell, su vida personal no me interesaba en absoluto tampoco.
Carly sugirió que me fuera, así que eso hice, no quería encontrarme con Wyatt de repente, estaba segura de que también descargaría su ira en mí, así como sabía que lo estaba haciendo en este momento con Carly.
Ignoré el bello auto n***o que estaba estacionado frente a la escuela, pero cuando me dispuse a cruzar la calle una pequeña voz volvió a llamarme. Me detuve a un paso de cruzar cuando reconocí la voz de Peyton. Cuando se aseguró de que me detuve, volvió a meter la cabeza dentro del auto y enseguida abrió la puerta para correr hacia mí.
—¡Maestra Sydney!
Tan pronto como me alcanzó me abrazó y levantó su cabecita para sonreírme tímidamente.
—Hola, Peyton—la saludé con su nombre completo.
Su sonrisa desapareció, pero no quería preocuparla, no quería que creyera que eso me molestaba, así que le devolví la sonrisa.
—Ese nombre es muy lindo. ¿Por qué me lo ocultaste?
—No me… gusta.
—¿Por qué?
—Porque cuando saben quién soy todos me tratan mal.
Me incliné para quedar a su altura y le acaricié el contorno de su pequeño rostro.
—Es… quizá solo están celosos.
—¿De qué? —Peyton frunció el ceño.
Estuve a punto de decir “celos por tu hermoso papi” pero me tragué eso.
—Es que eres muy linda, ya te he dicho en otra ocasión que algunos niños son malos con otros porque tienen celos de cualquier cosa. Incluso ocurre con los adultos.
—No entiendo eso.
Sonreí tristemente.
—Yo tampoco lo entiendo a veces.
Ella frunció el ceño de nuevo, pero enseguida se echó a reír, como si de repente decidiera que eso no es importante ahora, por lo que yo también me reí.
Me pregunté si estaba bien que volviera a acercarme a Peyton después de lo que pasó, y si su padre se molestaría por eso.
—¿Dónde quedó tu papá?
—Papi se fue con directora—la niña inclinó su rostro—, él estará molesto conmigo.
—No fue tu culpa. Seguro no será…
En ese instante vi a Wyatt salir por las puertas principales de la escuela, con ese perfecto traje gris que llevaba esta mañana. Cuando posó su mirada sobre mí recordé esa regla de jamás cruzarse en su camino y tuve la necesidad de levantarme y salir corriendo. No se veía feliz.
—Peyton, tengo que irme.
—No, todavía no, por favor—me rogó la niña, sujetándome de los brazos—. Quiero que te quedes conmigo.
Peyton me tomó de la mano cuando me levanté, quise escapar y dejar todo, pero Wyatt ya estaba demasiado cerca como para huir sin levantar sospechas de que estaba huyendo precisamente de él. No quería ser despedida todavía de Powell, no me gustaba trabajar ahí, pero su pago iba a pagar mi renta de este mes. Pero antes de que pudiera intentar soltarme del agarre de Peyton, él ya estaba frente a nosotras.
Un silencio rotundo nos rodeó.