6. Sydney

794 Words
Sólo vi sus labios moverse cuando se presentó y no dije ni una palabra. Mantenerme callada es lo que estuve haciendo desde que comenzó a sonreír de esa forma, desde que me miraba como si no le importara que lo notaba. Desde que noté que parecía darle gracia mis sonrojos incontrolables. —Es… un placer también—me limité a repetir mecánicamente, porque no debía olvidar que también era el jefe del jefe de mi jefe. Seguro él no me recordaba, ¿cómo hacerlo? Hay cientos de limpia pisos en sus empresas, soy una más del montón. Pero, ¿no le molestaba que estuviera aquí con ellos? Me di cuenta de que esta cena estaba previamente planificada por alguna razón, pero supongo que era especial, por eso me preocupaba estar incomodando. En ese momento llegó un oportuno mesero para tomar nuestras órdenes. Wyatt tenía un perfecto acento italiano y se notaba que sabía manejar el idioma en su totalidad. Dejó que Peyton pidiera su propia comida en italiano, lo que me sorprendió mucho también, porque la niña también lo manejaba muy bien. Wyatt pidió comida por mí. Aunque no sabía si podría comer estando en su presencia, tenía mucha hambre y todo aquí olía muy bien. —Entonces, Peyton—dijo Wyatt—, ¿desde cuándo tú y…? —Sydney—le esclareció la niña con emoción. —Claro, Sydney—él asintió. Me sentí un poco decepcionada de que no recordara mi nombre cuando Peyton se lo acaba de mencionar, pero era de esperarse, soy alguien insignificante para él—. ¿Desde cuándo tú y Sydney son amigas? —Desde la primera vez que me defendió de Katherine—Peyton contestó de inmediato, y me sorprendió que recordara algo que ni siquiera yo recordaba. La niña resopló de repente—. Papá, te he hablado mucho de Sydney. No pude evitar parpadear de la impresión. ¿Peyton le habló de mi todo este tiempo a Wyatt? Él me miró con curiosidad por un segundo, creo, porque, aunque no recordaba mi nombre, ni quien era yo, cuando lo atrapaba mirándome, sentía una rica corriente por toda mi columna que jamás sentí. Seguía mirándome, pero de repente dejó de hacerlo. —Si hubieras mencionado la historia completa—Wyatt me miró fijamente a los ojos—… estoy seguro de que recordaría cada letra de su nombre. Tragué saliva y vacilé en desviar mi mirada hacia otro lado, sus ojos me hipnotizaban. Me recordaban a esos caramelos de miel que le robaba a mi tía Norah de su bolso, eran algo preciado para mí en ese tiempo. La mirada de este hombre se estaba volviendo adictiva para mí. —Te agradezco ser tan amable con mi hija. Considerando las circunstancias he de suponer que ya sabía quién es. ¿Estaba insinuando que ayudé a Peyton solo porque es su hija? Por lo visto, las astutas palabras que usó no las comprendió Peyton, ella solo continuó jugando con las servilletas. —No, trabajo en la escuela desde hace 6 meses—aclaré. Y esperé que por lo menos estuviera al tanto de que apenas si comencé a trabajar en su empresa hace poco menos de tres meses. Aunque lo dudaba seriamente, dado que ni siquiera podía recordar mi nombre. Él estrechó sus ojos, como si estuviera estudiando mi respuesta, como si me estuviera estudiando a mí, lo que a pesar de todo entendía por completo, siendo él tan importante yo podría ser una loca que les quiera hacer daño. —Cualquier adulto que estuviera al tanto de la situación, hubiera hecho lo mismo que yo—me encogí de hombros, para quitarle el brillo que Peyton le había puesto a mis acciones, y para que Wyatt dejara de presumir cosas negativas sobre eso. —Sydney—me llamó Peyton, haciendo que nuestras miradas se cortaran de inmediato—. ¿Sabías que hoy es mi no cumpleaños? Enseguida sonreí. —Alicia en el país de las maravillas. Es mi película favorita. La niña abrió sus ojitos con emoción. —¡La mía también! —Tienes buenos gustos entonces—le acaricié la mejilla. Peyton era una niña de la cual era muy difícil no encariñarse. —¿Cuándo es tu cumpleaños? —me preguntó Peyton. Por el rabillo del ojo percibí a Wyatt observando atentamente. Me aclaré la garganta antes de contestar. —Ya pasó. Fue en abril 2. Fue perceptible la decepción en el rostro de la niña. Pero recordé claramente ese día de mi cumpleaños, no porque hubiera algo lindo qué recordar, al contrario, fue el día en que comencé a trabajar en la empresa de Wyatt y me trataron terriblemente, ya lo había superado pero esta conversación me hizo recordar todo.
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