Subo las escaleras con la bandeja en mis manos, dispuesto a pedirle que coma. No es la gran cosa lo que cenará, pero al menos ayudará a que no se desmaye por falta de energías. Quizás está dormida, quizás está despierta y me pida salir de la habitación y dejarla en paz. Quizás haya cambiado de opinión y de verdad quiera irse de aquí. Y de querer irse, ¿yo la dejaría? Ella está en su derecho de irse, yo no puedo obligarla a estar aquí conmigo, pero ¿volvería a ser un egoísta y privarle salir de aquí? Maldigo antes de abrir la puerta porque con ella todo es tan difícil, tan confuso y exasperante para mí. ¿Cómo es que, sin hacer nada, ella me ha estado exasperando por tanto tiempo en mi cabeza? ¿Cómo es posible que, aun sin verme a los ojos, siento que los mantiene fijos en mí como dos dag

