Capitulo 7
Sus ojos color cafés y sus labios logran captar mi atención, además de ese olor a perfume tan peculiar que sale desde su cuerpo atlético. De pronto él me reincorpora por lo que casi de inmediato me suelto de sus brazos.
Con el corazón acelerado a mil dejo de mirarlo para ver a Eugenia quien me dedica una mirada de desagrado. Dejando de lado eso reacciono tomando la maleta la misma que jalo hacia arriba, rápidamente el señor Gilberto me quita la maleta de las manos para llevarla el mismo.
—No señor, yo… Yo puedo llevarla—frunzo el ceño.
—Camila solo dedícate a seguirme. Ella es Eugenia la persona que asiste a la señora Matilde quien es la encargada de este lugar. Matilde es como mi abuela puedes confiar plenamente, ambas están a tu disposición—asegura con firmeza.
Un momento. Que no había dicho que yo para el señor Abernathy solo era una empleada más en este lugar, frunzo el ceño mirando a Eugenia la cual solo oculta su mirada.
—De acuerdo muchas gracias —comento confundida.
—Ahora continuemos con el recorrido—indica con un gesto sutil para que lo siga.
Este lugar a pesar de que por fuera está lleno de naturaleza por dentro aspira lujo y refinación, cada espacio esta sutilmente decorado con elegancia y el olor que se percibe es tan peculiar que estoy segura de que lo recordare incluso después de años.
Avanzo siguiendo los pasos del señor Gilberto quien le hace una señal a Eugenia para que abra la puerta de la habitación. Ella con tremendo desinterés acata la orden.
Esta recamara es más grande que mi casa.
—Esta será tu recamará—él deja la maleta sobre la cama.
Sin más que decir se va dejándome sola en esa enorme habitación. Con incomodidad veo a Eugenia la misma que suspira a la vez que tuerce sus ojos dándome a saber que no le caigo para nada bien eso lo sé por su comportamiento de rechazo. Esa chica simplemente toma la puerta y la cierra sin dejar de mirarme.
No tengo idea de quién es y porque se tome este cierto tipo de comportamientos, yo ni siquiera la conozco como para que me odie tanto. Confundida me quedo por un momento hasta que sacudo mi cabeza para continuar mis pasos hacia ese balcón.
¡Genial! Un balcón sonrío al poner mis manos sobre ese barandal de vidrio, desde donde estoy se ve que hay muchas cosas que descubrir creo que eso será más tarde. Bostezo indicando el gran sueño que de pronto me ha dado.
Al día siguiente…
Despierto pensando que estoy en el mismo día sin embargo tomo mi teléfono el cual indica que es el día siguiente, además de mis tripas las cuales rugen sin parar, eso debe ser porque ayer me quede tan dormida que no me tome la molestia de cenar.
Sin más preámbulos me pongo de pie para darme un baño y cambiarme con de ropa.
En la cocina…
Aquí hay mucha gente con eso quiero decir que hay muchas empleadas domésticas, todas están distribuidas en cada área de la casa, pero en la cocina por lo menos hay cinco personas cocinando.
Una de ella llama mi atención en tanto me sonríe haciendo una seña para que vaya. Desconcertada camino hacia donde esta.
—Tú debes ser Camila—afirma con una gran sonrisa.
Viendo su edad me hace pensar que es la señora Matilde, ya que es la única en el lugar que porta aires de ser la que tiene más experiencia.
—Mucho gusto—extiendo mi mano para saludarla.
—El gusto es mío, aquí estaremos para cuidarte. Gilberto dijo que teníamos que ser muy cuidadosos contigo, soy Matilde puedes llamarme Mati—ella me da un abrazo.
—Gracias —sonrío apenada.
—¿Quieres que te cocine algo en especial? —alza sus cejas esperando una respuesta.
—Ay por favor, Matilde, solo es una invitada de Gilberto y ya sabemos porque —Eugenia aparece con una charola en sus manos.
—Si es invitada debe ser especial, además Eugenia ya te dije que debes respetar las decisiones del patrón—Matilde menciona con firmeza.
Hay algo que me dice que aquí todos saben por qué estoy en este lugar ¿Qué no se suponía que nadie debía saber? Frunzo el ceño viendo a Eugenia.
—Sera el sereno. Por cierto, ya le dejé la comida a los jornaleros—termina de decir y se va.
—No te preocupes, Eugenia así es ¿Qué tal unos huevos rancheros? —me lleva junto con ella a sentarme en la barra central de la cocina.
Horas más tarde…
Luego de un delicioso desayuno me dispuse a salir a tomar aire porque si, esta hacienda es hermosa pero el encierro me hace daño. En las afueras veo pasto verde, además de trabajadores cada quien trabajando en lo suyo, sin embargo, lo que más llama mi atención es una pista que más bien parece un lienzo charro.
Curiosa continúo caminando, estando en ese lugar veo como hay caballos pese a ello lo más impresiónate fue ver al señor Gilberto montado en un caballo y vestido con traje de equitación. Noto como una persona le da indicaciones mismas que sigue con tal determinación.
Varios minutos después.
Sigo observando justo antes de que Eugenia me interrumpa provocando que me asuste y suelte mi teléfono, el que termina estrellado en el suelo. Quiero pensar que no lo hizo a propósito así que no hare un problema de esto.
—Ni te hagas ilusiones querida. Él es de mi amiga Aitana así que ni lo pienses aquí estas solo para criar a ese bebé.
— ¿Tú sabes sobre eso? —muevo mis pupilas esperando una respuesta.
—Claro teníamos que saberlo, para tu tranquilidad no podemos decir nada ni siquiera a la misma Aitana, no sé qué hizo Gilberto espero que nada malo, solo sé que tu darás a luz al bebe de mi amiga, solo espero que él le diga antes de que pierda la paciencia y termine por romper el contrato de confidencialidad que nos hizo firmar a todos —suspira con enojo.
— ¿Y por qué si es tu amiga no le has dicho nada?
—Porque sea como sea Gilberto también es mi amigo y lo adoro, además me ayuda con mis estudios yo soy solo una simple campesina y Aitana es periodista, yo tengo más que perder si le digo algo. Es verdad que es mi amiga, pero no pienso poner en riesgo mi futuro, además Gilberto sabrá lo que hace, de quien desconfío es de ti, no me pasas para nada—nuevamente se va no antes de pisar nuevamente mi celular.
Sí que esa chica es muy rara. Solo espero no ser un problema para su vida, lo único que deseo es que todo esté bien.
— ¿Necesitas algo? —el señor Abernathy cuestiona al mismo tiempo que avanza quitando el casco de su cabeza.
Niego con las manos sin dejar de verlo. Él llega hacia donde estoy y se pone frente a mí, eso duro un segundo, antes de que viera mi celular estrellado en el suelo, sin pensarlo se inclina para levantarlo, lo observa detalladamente y luego vuelve su mirada hacia mí.
— ¿Qué le ha sucedido a tu celular? Parece que lo pisaron con odio—su mirada se posa en ese aparato.