"Hilos Y Ajugas"

1379 Words
Capitulo 8 Por la tarde… Luego de haberle mentido sobre el celular al señor Gilberto me dispuse a venir a dormir, nunca pensé que un embarazo diera tanto sueño, me siento como si me hubiera pasado un tren por encima. Recién me acabo de levantar estoy tan aburrida que debo buscar algo en que entretenerme mi pregunta es ¿En qué? No tengo idea de que hacer en esta enorme hacienda y me siento peor cuando veo a toda esa gente trabajar y yo solo me la paso en esta recamara, la cual acepto que es hermosa, pero tengo que salir a hacer algo por la vida. Dejando esos pensamientos me levanto de la cama para ir al baño del que salgo enseguida luego de lavar mi rostro. Con los ojos adormilados salgo hacia el pasillo en donde me encuentro a Eugenia con un montón de sabanas metidas en su cesto el que arrastra con gran fuerza. —Ah que bien. La princesa se ha levantado ¿Quieres que traiga una taza de té o que tal un delicioso pastel? ¡No! Ni te preocupes en salir de tu habitación aquí tienes un sinfín de empleadas a tu disposición —lo último lo dice con coraje. Si bien quiero mencionar algo ella no me deja hacerlo solo sigue avanzando con ese cesto. Genial ahora soy solo una mujer sin quehacer, frunzo el ceño preocupada, con los brazos cruzados sigo mi camino por ese pasillo. Necesito conocer más de esta hacienda así que sigo mi recorrido por cada rincón, hasta que llego a una habitación en especial esa misma que esta exactamente diseñada para un artista que toca el violín, asombrada entro y además de estar ese instrumento hay muchos más. Con una sonrisa, continúo viendo ese violín el que toco con las yemas de mi mano, vaya si bien el violín que tengo en casa es genial, este es maravilloso, siento que mis ojos brillan en cada toque que se escucha al tocarlo, prosigo haciendo eso hasta que escucho como aclaran la garganta desde atrás de mis espaldas. Boquiabierta me doy la vuelta para darme cuenta de que es el señor Gilberto, anonada solo me retracto a un paso de su alcance, vaya error mío al hacer eso, lo único que he provocado es caer sobre el violín el cual se rompe. Mis mejillas se enrojecen cuando escucho el estruendo sonando por toda esa habitación, sin embargo, al señor Abernathy lo único que le importa ahora es tomar mi mano y levantarme del suelo. En sus ojos se refleja cierto temor como en sus manos desesperación al buscar en cada rincón de mi piel algo que no sé qué busca. — ¿Estas bien? ¿El bebé está bien? ¿Te duele algo? —deja de mirar mi vientre para luego buscar mi mirada. —Eh…. Supongo que sí, no siento algún dolor. Pero… su violín está roto, lo siento mucho no debí venir aquí —me suelto de su agarre para mirar con preocupación ese instrumento partido en dos en el suelo. Nuevamente siento la mano del señor Abernathy tomar mi brazo alejándome de ese violín, él se dispone a ponerse frente a mis ojos. —Ok eso no importa. ¿De verdad estas bien? Puedo llevarte al médico del pueblo, o bien. Tal vez pueda hacer venir desde la ciudad al médico de confianza. Con una sonrisa sutil me atrevo a tomar su mano la cual palmeo a manera de que sienta la confianza de saber de qué estoy bien. Por un momento se queda viendo mis ojos, luego procede a ver mi agarre del que se suelta casi al instante. —Ok. Este estudio es para ti, ordene que trajeran algunos instrumentos, siendo sincero no me dio tiempo de remodelarlo. Sobre el violín no te preocupes daré la orden de que compren otro—menciona sin expresión alguna. —Gracias—sonrío con agradecimiento. —Por favor ven a mi oficina tengo algo para ti, con permiso—se marcha dejándome nuevamente sola. Quisiera poder gritar por la emoción que siento de ver estos instrumentos, solo que me da lástima ese violín hecho un desastre por mi culpa, sin remedio camino hacia la puerta la misma que cierro. En la oficina… Cuando dijo oficina no tenía ni la más remota idea a que dirección ir, eso cambio cuando supe que su lugar de trabajo estaba afuera de la casa, aun no entiendo por qué. En fin, toco la puerta un par de veces, escucho como él menciona un “Adelante” Para después entrar y ponerme frente a su escritorio. —Es para ti—desliza una caja de celular hacia mi dirección. Con sutileza tomo ese estuche el que abro dándome cuenta de que es un celular de último modelo. Niego con la cabeza cerrando esa caja y dejándola sobre el mismo lugar. —Lo… Siento Señor, ese celular se ve demasiado caro no lo puedo aceptar—rasco mi nuca. —Primero no me llames señor, tengo treinta cinco años y no soy tan viejo. Además, ocupas ese teléfono solo te pido que no le pongas el chip de tu antiguo celular, no quiero que Samuel te contacte, usa el nuevo número para que llames a tu madre debe de estar preocupada —dice mostrando una mirada de paciencia. Que tonta se me había olvidado de que prometí llamar a diario a Alina pobre debe estar preocupadísima, que mala hija soy, mi yo interior me reprocha asegurándose de hacerme sentir culpable. Sin más que decir, termino aceptando ese aparato, no me queda más que acceder a tomarlo quizá se me pase un poco el aburrimiento viendo videos. Hablando sobre aburrimiento creo que este es el momento para pedir que se me asigne una tarea. Él no parece de tan mal humor hoy, solo sigue siendo igual de serio que siempre, pero de ahí en fuera se ve tan tranquilo leyendo algo en esa carpeta que tiene en sus manos. Aclaro mi garganta haciendo que me regale un poco de su atención, logrado mi objetivo me apuro en decirle las cosas. —Señor… Eh perdón…—me cuesta llamarlo por su nombre—Gil… Gilberto yo quería saber si me podrías asignar una tarea, siento que… —Ya tienes una. Criar a mi bebé—menciona con autoridad. —Claro eso lo hare con tal dedicación, pero necesito distraerme —frunzo el ceño. —No veo en que forma te puedas aburrir, tienes todo para pasarla bien, solo dedícate a criar a mi hijo—vuelve a repetir tranquilo y pausado. —Por lo menos puedes facilitarme hilos y ajugas para cocer algo para el bebé, quisiera tener algo para cuando nazca, quiero que tenga algo de su madre—menciono sin pensar lo que he dicho. Noto cierta molestia cuando cierra sus ojos y exhala con un suspiro lento. Un temor me invade cuando abre sus ojos y opta por recargar su brazo en el escritorio al igual que su cabeza en su mano izquierda. —Dijiste ¿Madre? Déjame recordarte que la única madre que tiene ese bebé es Aitana, no olvides cuál es tu lugar, además no creo que tengas una pizca del gusto de ella. Apégate a seguir las reglas y no te encariñes con un recién nacido que no es tuyo ¡Entendido! Ahora vete antes de que pierda la paciencia. Con los ojos húmedos ante su regaño me dedico a retroceder y salir de esa oficina. Deteniéndome mis pasos fuera de esa puerta, limpio mis lágrimas. Me encuentro tan sensible que no paro de llorar por esas palabras duras que salieron de su boca. Ese golpe de realidad me hizo saber que no seré nadie para este bebé. Sollozo mirando hacia ese camino de árboles cuando de pronto aparece un joven apuesto el cual me mira desconcertado. — ¿Le pasa algo señorita? —frunce el ceño con preocupación, —Yo solo quería hilos de tejer y una ajuga—menciono con tal sentimiento que no puedo contener mi llanto desconsolado, simplemente abrazo a ese jornalero quien en vez de apartarme me abraza como si no fuera una total desconocida que está llorando por unos hilos y una ajuga.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD