"La Gota Que Derramo El Vaso"

1393 Words
Capitulo 10 Escucho atentamente sus palabras cuando de pronto unas nauseas terribles divagan por mi garganta y estómago, no tengo idea si es porque comí mucho o porque siento nervios de solo pensar en que responderé. Mirando fijamente al señor Abernathy me dispongo a poner una mano en mi boca, para este entonces siento más fuertes esas ganas de vomitar por lo que sin avisar, corro por todo ese pasillo hasta al baño de mi recamara en donde de rodillas levanto la tapa del baño para vomitar desmedidamente. De pronto siento una mano recoger mi cabello en forma de coleta. Por el rabillo de mi ojo derecho veo al señor Gilberto hincado a mi lado viéndome vomitar ¡Ay no puede ser! Frunzo el ceño con incomodidad. La idea era huir de su presencia para evitar esto y ahora no solo me encuentro sintiéndome mal, sino que también siento incomodidad por lo que está haciendo. Finalmente, luego de unos segundos, dejo de vomitar, aun con el ceño fruncido, me levanto a la vez que cierro rápidamente la taza haciendo que descargue liberando agua. Sigo mi camino hacia el lavabo donde tomo el cepillo de dientes para lavarlos. Él sigue aquí atando mi cabello con su mano además de que con su otra mano soba mi espalda haciendo un movimiento que logra tranquilizarme. Lavados mis dientes, lo miro por un momento haciendo que me suelte del cabello, no esperaba que además de todo ahora me estuviera ofreciendo un pañuelo. —Gracias—sueno confundida. — ¿Estas bien? —cuestiona mirándome con atención. A punto de responder escucho como una llamada entrante interrumpe el momento. Él me hace una seña y sale del baño además de la habitación. Por un instante me quedo parada para luego ir a buscar agua sin embargo la jarra está vacía. De camino hacia la cocina me encuentro con una conversación algo romántica. Escucho como él habla con su novia o prometida, es ahí cuando me doy cuenta de que es tan diferente a Samuel, porque, aunque es muy conservador y callado, el señor Abernathy le habla a su novia de una manera que me hubiera gustado que lo hiciera Samuel conmigo. No puedo creer que todo lo que viví con él fue una total mentira. Él solo fingía lo peor es que se metió con mi mejor amiga, esa fue la gota que derramo el vaso. Como sea sigo mirando hacia donde esta Gilberto el cual voltea hacia mí. Apenada dejo de mirarlo para seguir con mi camino hacia la cocina en donde tomo un vaso de agua para beberlo rápidamente. De vuelta hacia la habitación al dar la vuelta me encuentro con él quien está frente a mis ojos, su olor y su calidez en su mano puesta en mi espalda solo me dejan quieta hasta que reacciono agachando la cabeza intentando descifrar qué fue eso. —Eh, con permiso—doy un paso hacia atrás. — ¿De verdad te encuentras bien? Porque puedo llevarte por lo menos al centro de salud del pueblo. Igual el medico que va a tratar el embarazo vendrá en tres días, pero podemos ir por lo pronto al médico del centro de salud. —No es necesario—niego con las manos—Estoy bien solo fue que me cayó mal la cantidad de comida que cene esta noche, pero todo bien. Con permiso —sigo con mi camino. A la mañana siguiente… No recuerdo el número de mi madre eso es porque lo cambio hace algunas semanas. Me temo que tendré que usar el chip anterior, prometo que solo lo usare para apuntar el nuevo número de mi madre, necesito hablar con ella, debe estar muy preocupada porque no me he tomado la molestia de llamarle. Con temor saco el chip para meterlo al nuevo celular el cual enciende enseguida, cuando sucede eso casi de inmediato entra una llamada, ese número no lo reconozco, tal vez sea mi madre me digo a mí misma, por lo tanto, con inocencia tomo esa llamada, sin embargo, la voz detrás de ese número es la de Samuel. — ¿Dónde estás maldita sea? Mira Camila no estoy jugando, sé que estas con mi hermano, más te vale que regreses sino la que pagará los platos rotos será tu madre, tienes hasta mañana para regresar—él cuelga esa llamada. Mis manos al igual que mis labios tiemblan sin parar, no puedo permitir que mi madre esté en peligro necesito hacer algo, dejo el celular sobre la cama para buscar al señor Gilberto el que no está por ningún lado de la casa, ni mucho menos en su oficina de la que regreso esperando que la señora Matilde me dé una respuesta. —Señora ¿Dónde está Gilberto? —menciono casi sin aliento. —Muchacha tranquila, te ves algo pálida—me ve con preocupación, — ¿Dónde está el señor? Por favor necesito con urgencia hablar con él—tomo sus manos viéndola con suplica. —Uy, Gilberto no está, salió así que no lo esperes hasta mañana. Ah y no contesta llamadas cuando está fuera de la ciudad, pobre tendrás que esperar —Eugenia contesta. ¿Qué voy a hacer? Un miedo terrible invade al escuchar las palabras de Eugenia, no puedo quedarme, así como así, necesito buscar alguna solución, no puedo permitir que Samuel le haga daño a mi madre. —Me tengo que ir, señora Matilde si vuelve el señor dígale que tuve que ir con mi madre, lo siento no puedo quedarme de brazos cruzados—avanzo hacia la salida. —Señorita Camila, espere —ella me detiene—Si se va el joven Abernathy se va a molestar. —Lo siento, pero no, no puedo esperarlo, además él dijo que podía salir y entrar cuando yo quisiera, con permiso, y no traten de detenerme. Con determinación me devuelvo hacia mi recamara tomo dinero de mis ahorros y salgo hacia la salida de esa hacienda. Minutos más tarde estoy parada en un camino de terracería, no tengo idea a donde ir, me siento tan perdida pero no puedo dejarme vencer, necesito ir a la ciudad ahora mismo. Prosigo avanzando por algunos minutos más. Cuando estoy por rendirme veo una camioneta a la que le hago una parada, por suerte es una anciana así que no dudo en pedirle ayuda. En la central de autobuses del pueblo… —Muchas gracias, señora—le regalo una sonrisa para luego irme hacia adentro de la central. Horas más tarde… Viajar en camión embarazada es más cansado de lo que pude imaginar. Por suerte ya estoy frente a la casa de mi madre, enseguida le pago al taxi para luego bajar, con rapidez camino para cruzar la calle sin embargo alguien me toma del brazo a la vez que cubre mi boca. Arrinconada en un muro veo a Gilberto quien desliza su mano suave y con olor a perfume sobre mi boca. — ¿Qué estás haciendo? —susurra mientras me ve molesto. —Mi madre está en peligro. Quería llamarla, y decidí usar el chip viejo fue ahí cuando me entro una llamada de Samuel, él me amenazo —menciono con temor—Necesito ir por mi madre—intento cruzar sin embargo nuevamente me detiene atrayéndome hacia él. —No voy a permitir que pongas en peligro a mi hijo, hay gente custodiando, mira a ese extraño —apunta hacia el otro extremo de la calle. —Entonces con más razón debo de ir por mi madre —frunzo el ceño. —A ver Camila. Tu madre esta custodiada por la mejor empresa de seguridad del país. Mira hare algo para sacarla de esa casa y llevarla a otra, pero tienes que tener paciencia, esos guardaespaldas no permitirán que le pase nada a tu madre, ahora vuelve conmigo al coche y vámonos de aquí—me toma del brazo haciéndome avanzar junto con él. — ¡No! No puedo, es mi madre —respiro agitada. —Camila no me hagas usar la fuerza, sé lo que estoy haciendo y conozco a mi hermano, no hará nada que se le salga de las manos, ya que no querrá que mi hermana se entere, así que por favor—me apunta hacia su coche el cual esta estacionado en la calle trasera.
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