LIAM
—No es lo que piensas, Liam.
—Zafiro, llevamos saliendo un tiempo, ¿no crees que es algo que debes mencionar?
—¿Mamá, quien es él? —preguntó el niño.
—Es un amigo, cariño. ¿Podrías ir con Alfo? Estoy ayudando a recibir a los invitados. —el niño movió su cabeza y se fue hasta cruzar una puerta al final del pasillo.
—Pues parece que un mes y medio no es suficiente para confiar en alguien como yo. Especialmente algo tan importante, pero no te juzgo. —no dije más y seguí hacia donde iban todos.
No quería quedarme allí, necesitaba un tiempo para procesar. Sentí como alguien tomó mi brazo y giré en su dirección.
—Liam. —dijo Zafiro con sus ojos llenos de lágrimas.
—Sera mejor que hablemos después, este no es el momento. —dije con tranquilidad.
—Opino lo mismo, vamos Liam. —dijo Sol entrelazando mi brazo con el suyo para llevarme adentro del lugar. Zafiro me miró, pero al ver la mirada seria de mis primas no siguió. Liz había tomando mi otro brazo.
—¿En qué podemos ayudar, papá? —preguntó Liz mirando a su padre caminando hacia nosotros.
—Tu podrías firmarnos un par de tus libros para poder ofrecerlos. Nadie conoce a la famosa Eli y conseguir uno de sus libros firmados puede ser muy beneficioso. —Liz sonrió cuando su padre acariciaba su mejilla.
—Los tengo en la oficina de allá. Aquí está la llave. Ustedes pueden ver si en la cocina, con los niños o recibiendo a los invitados y acompañarlos a sus asientos. Si su ayuda no es requerida o necesaria solo tomen asiento y saquen sus ahorros. —con una amplia sonrisa se retiró cuando una señora lo llamó. Seguimos a Liz hasta la oficina de mi tío donde dos quedamos un momento.
—Nunca había venido aquí, no sabía que el lugar era tan grande. —comenté viendo el mapa del edificio en la pared.
—Para que te fijes que debes salir un poco de tu cascaron. Aquí hay personas con historias muy duras. —dijo mirando hacia todos lados mientras jugaba con sus dedos.
—¿Quieres preguntar algo? —cuestioné ante su inquietud.
—Si, ¿qué es lo que sabes de Zafiro? —Suspiré y me dejé cae sobre una de las sillas.
—Está claro que no es lo más importante, pero sí de su deseo por terminar su carrera, que trabaja en dos sitios, que su hermana murió siendo víctima de abus0 doméstico, que fueron huérfanas, luego los gustos que compartimos y pues nuestra cercanía. —Sol asintió.
—No quiero involucrarme y ser mal tercio. Eso es algo que le corresponde a ella contarte, pero si puedo decirte que Zafiro vive aquí en el centro. —Eso ultimo no me lo esperé en lo absoluto.
—Llegó hace años, el niño aún era muy pequeño. No se los detalles, pero no debes juzgarla a la primera. Si ella se te acerca, escúchala. Como te dije hace un momento, para que este aquí, es porque su historia debe ser muy dura. —asentí a las palabras que me estaban diciendo. Era mucha información la que debía procesar y no quería que se sintiera mal.
Salimos de la oficina y mis ojos la buscaron en la entrada, pero ya no estaba.
—Iremos a dejar esto detrás del escenario. —Asentí y caminé por el pasillo hasta llegar a donde había entrado el niño.
Zafiro estaba en el lugar, la miré aplaudiendo, y cantando con los niños más pequeños. Ella levantó la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. Se excusó con los niños y caminó en mi dirección.
Cerró la puerta detrás de ella, bajo su cabeza y miro sus manos cuando quedó enfrente de mí.
—¿Te importa si vamos a otro sitio menos ruidoso? —Acepté su solicitud. Ella me guio por el elevador, por un pasillo hasta lo que creo era su departamento. Abrió la puerta y me invitó a entrar.
Zafiro caminó hasta una repisa que era decorada por algunas fotografías, tomó una de ellas en sus manos y la trajo a mí. La fotografía mostraba a una mujer muy parecida a ella, con un bebé en sus brazos.
—Christian es mi sobrino y mi hijo, legalmente y por los siete, casi ocho años que ha estado bajo mi cuidado. Como te lo dije por la tarde, mi hermana falleció por los golpes que le daba su esposo. —Ella hizo una pausa pasando su dedo índice por la imagen de su hermana—. Yo comenzaba a levantarme, acaba de cumplir la mayoría de edad cuando el asesino de mi hermana salió en libertad. Él junto a su madre me buscaron para quitarme a mi pequeño. No han podido, ni podrán por sus antecedentes. También gracias a que mi hermana en un momento de claridad, me entrego la custodia en el dado caso que ella no estuviera o le pasara algo malo. No lo supe hasta que el abogado Jaime me contacto para decírmelo días después de su muerte. Desde que recibí la llamada de la muerte de mi hermana, lo primero en que pensé fue en mi pequeño Christian. Él fue como un bálsamo al dolor que dejó la perdida de mi hermana. Al ser huérfanas, eso también afectó a que ella creara más apego y dependencia al maldito que la maltrataba física, psicológica y económicamente.
—¿Por qué no me lo dijiste en la tarde? —ella caminó a dejar la fotografía en su lugar.
—Nunca antes había querido algo para mí, al menos no de la manera en cómo te quiero a ti en mi vida. Tenía y aún tengo miedo de que al saber esto ya no quieras ni hablarme, pero debo decirte que estoy enamorada de ti desde que me ayudaste con aquella caja en el hospital. Sin embargo, si en tus planes no está una mujer como yo con un hijo de 8 años, yo lo respetaré. Tambien te voy a pedir que antes de que digas algo, lo pienses. Soy consciente de que en este momento apenas estas poniendo tu vida, tus pensamientos y tus deseos en orden. Lo que menos deseos es ser un problema más en tu vida. —dijo ella dándose la vuelta para verme.
Si bien ella tenía razón en lo que decía, yo sabía que en ese momento lo único que quería era a ella.
—En este momento la verdad no es lo que yo piense y quiera, es lo que necesito y te necesito a ti en mi vida. La pregunta de que si en mis planes no estaba aceptarte con tu hijo no es para mí, es para ti. ¿Quieres que una persona como yo esté cerca de él? ¿me dejarías conocerlo e intentar ser una figura de apoyo para él? —Ella sonrió.
—Creo que podríamos intentarlo. Voy a ser psiquiatra, te lo recuerdo. Para dos locos, un cuerdo. —dijo entre risas, aproveché esa oportunidad para acercarme a ella y tomar sus manos.
—Me imagino que el cuerdo seria Christian. —dije y ella soltó una sonora y contagiosa sonrisa.
—Hablaba de mí, pero tienes razón. Sin olvidar de que hace mucho tiempo me viene pidiendo que tenga novio. —arque mi ceja pues ya el pequeño la estaba enviando a los lobos.
—En ese caso. Yo acepto cortejarte hasta que estemos preparados para dar el sí acepto. Zafiro, ¿Quieres ser mi novia y mi polo tierra? —pregunté directamente a esa mirada única que posee.
—Desde el momento en que acepté salir a tomar café contigo aquella primera vez, decidí serlo. —Ella se pegó a mi pecho y me perdí entre ese azul y verde. Me acerqué a ella buscando sus labios y fui recibido gustosamente. Nuestros labios se masajeaban entre sí y el timbre del departamento nos hizo separarnos.
—Mami, ¿estas aquí? —preguntó una pequeña voz al otro lado de la puerta.
—Lo siento —susurró Zafiro separándose de mí, para caminar hacia la puerta y abrirla.
—¿Por qué subiste? —preguntó viendo directamente hacia mí.
—Christian, me gustaría presentarte a alguien. Él es Liam Galeano, mi novio.
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Nos leeremos hasta el viernes, hermosuras.
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