IAN
—Se recaudó mucho más dinero de lo que se esperaba. Los libros de Liz fueron la sensación. Sorprendentemente, una persona en los Estados Unidos pagó mucho dinero por ellos. No pensaba que fueran tan populares, me dio curiosidad leerlos.
—Los encuentras en mi mesa de noche. No te gustaran, tú eres más de leer fantasía. El romance contemporáneo y el romance oscuro no es lo tuyo. Me imagino que Iván estaba queriendo pedir información de esa persona.
—Si, y no descansó hasta saber que se trataba de un hombre.
Hace tres días se llevó a cabo una gala de beneficencia a favor de la fundación que mi tío Iván maneja. Nunca me he interesado en el lugar por lo que se le ofrece hogar, alimento, trabajo y terapia a las personas menos afortunadas. En los últimos días la familia estaba llena de polémicas, Clara y Ángel habían tenido a sus hijos que resultaron ser cuatro, no sentí nada al enterarme. En otro momento de mi vida me hubiera sentido posesivo o celoso, hasta hubiera buscado la manera de dañar su celebración, pero no. Yo fui la primera vez de Clara, pero al no ser más que parte de un desquite nunca sentí nada por ella, volviendo todo acto con ella netamente carnal sin nada de sentimientos involucrados.
—Liam estaba allí. Tengo varias cosas que comentarte de hecho. —dijo él y ese tema me molestaba por lo que les daría su tiempo para continuar su conversación.
—Disculpen, iré al baño un momento. —dije y caminé hasta el baño más cercano, podía sentir la atenta mirada de los presentes.
Al estar ahí aproveché un momento con mis pensamientos, fui directamente al lavado a lavar mi rostro, pues sentía como si algo me estaba asfixiando. Al levantar y buscar la toalla para secar mi rostro, me di cuenta que mis padres habían removido los espejos de este lugar y de cierta manera lo agradecí.
No sé cuánto tiempo llevaba dentro del baño, busqué mi teléfono y me di cuenta que lo había dejado sobre la mesa del comedor. Escuché murmullos, pero no supe identificar de quién y qué decían. Por lo que respire profundo un par de veces y salí de ese lugar.
Al llegar al comedor me encontré a mis padres un poco ansiosos, mis hermanos estaban mirándome, pero disimularon volver a prestar atención a sus comidas. Mis padres se levantaron de su asiento y me miraron.
—Tenemos que salir.
—¿Esta bien? —respondí sin saber a qué se debía su inesperada salida y sus platos sin terminar.
—¿Qué pasó? —Pregunté al ver como mis padres salieron con premura de la casa dejándome a solas con mis hermanos.
—No, lo sé, papá contestó una llamada escuchó y le dijo a mamá que tenían que salir. No dijo nada más. —respondió Joaquín.
—Ian, ¿quieres ver una película? —Preguntó Martin y yo negué.
—No, véanla ustedes yo… me iré a mi habitación.
—Yo tampoco puedo, Martin, tengo que revisar exámenes y leer muchos ensayos.
—¿Revisar exámenes? —pregunté y él asintió.
—Si, hace unos meses me dieron una plaza como maestro de primaria, en una escuela privada muy cerca de aquí. —comentó y nuevamente me sorprendí al saber que mi hermano menor era maestro.
—¿Desde cuándo quisiste ser maestro? —pregunté con curiosidad.
—No hace mucho, iba a seguir el camino de ustedes como arquitectos, pero en mi primer año tuve al mejor maestro de todos y eso me hizo admirar la docencia. Ese momento me hizo dudar sobre si seguir el negocio familiar era para mí, sabiendo que ya ustedes estarían al mando, por lo que me decidí por pedagogía. Me gradué y ahora estoy sacando mi maestría en matemáticas.
—No lo sabía.
—Tranquilo, no pasabas en casa y nunca hablábamos por lo que era imposible que lo supieras. —asentí, busqué mi teléfono en la mesa y me llamó la atención que estaba a un lado del plato de mi padre.
—Nos veremos después. —comenté antes de retirarme, ninguno dijo nada por lo que solo caminé hasta llegar a mi habitación.
Al llegar me encontré con los planos en los que estaba trabajando. Mi padre iba a darme la oportunidad de trabajar en un proyecto y era mi oportunidad de demostrarle que puedo mejorar.
Ordené a Alexa poner mi música y la primera canción que se dejó escuchar me causó escalofrío. Apocalypse de Cigarette after s*x.
La canción comenzó a sonar, cerré mis ojos y recordé todos los momentos en los que Libby puso esa canción cuando estábamos juntos, las veces que me dijo que esa era nuestra canción. Las dos veces que hicimos el amor bajo el sonido de esas líricas.
“Tus labios, mis labios, nuestro Apocalipsis… Cuando estés solo, te llamaré. Cuando te sientas deprimido, yo también estaré allí... Has estado encerrado aquí por siempre y no puedes decir adiós.”
Las palabras salieron de mis labios diciendo esas ultimas palabras de la canción y sin darme cuenta sentí algo tibio bajar por mi mejilla. Llevé mi mano hasta el lugar y se trataba de una lágrima. Me reí cuando pude ver en el papel enfrente de mí; la imagen de Libby sonriendo como pocas veces la vi hacerlo.
Justo en el momento en que pasé mi mano con encima de ella, queriendo tocar su mejilla y acariciar su labio inferior con mi pulgar la imagen desapareció. Provocando que segundos después me sintiera inquieto, tenía una sensación extraña en mi pecho y lo único que quería era llamar a Libby. Necesitaba escuchar su voz, solo eso podría calmarme en ese momento.
Tomé mi teléfono, marqué su número y me mandó al buzón de voz de inmediato.
No me había podido comunicar desde hace meses con ella. Recibía llamadas de muchas chicas con las que salí, pero no deseaba hablar con nadie que no fuera ella.
Hace unos días había aceptado tomar el medicamento que el doctor dejó en la mesa de mi habitación, pero la volvía a poner en el mismo lugar después de hacerlo para que pensaran que no había aceptado nada. Pensé que haciéndolo serviría para reprimir mi ansiedad y pensamientos, pero eso me hacía sentir solo.
Libby estaba faltando a esa promesa hecha de que siempre que me sintiera solo estaría para mí. De la misma manera en cómo muchas veces también la falle yo, al priorizar a otras personas antes que a ella.
Con el recuerdo de sus últimas palabras, y reprimiendo aquella voz que me decía que era un cobarde, un bueno para nada al no tener el valor de decirle a la única persona que me ha importado que la amaba.
Muchas veces quise hacerlo, pero, la duda de que podría ofrecerle, siempre me detuvo.
Espero nunca arrepentirme de no habérselo dicho antes. La batalla interna no me permitió seguir trabajando, por lo que preferí irme a la cama, donde el sueño no dudó en dominarme.
A la mañana siguiente mis padres aún no habían aparecido. Mis hermanos no estaban, pues andaban cumpliendo con sus deberes.
Tomé una manzana de la cocina y subí a mi habitación a intentar trabajar.
Me costó mucho concentrarme, pero lo logré y pude avanzar en los planos. No los terminé porque estaba dudando en si dejar una área verde alrededor del edificio para lo que debía ponerme en contacto con un paisajista de la empresa de mi padre.
La tarde llegó y me extrañó mucho que el doctor llegara a la casa. Casi al mismo tiempo que el auto de mi tío Iván, de donde se bajó mi tía Cecilia y el de mis padres justo detrás de ellos.
«Una nueva intervención y esta vez si te van a internar a la fuerza, estarás atado con una de esas camisas de fuerza».
—Cállate. —dije antes de salir de mi habitación.
Al llegar a la planta baja me quedé sorprendido al ver que mi madre tenía un bebé envuelto en una sábana rosa.
—Ian, ella es Leila. —dijo mi madre y no entendí.
—¿La adoptaron? —pregunté y ella negó.
—No, Leila es tu hija con Libby. —dijo y fue como si me cortaran la respiración, di dos pasos atrás al escuchar esas palabras. No, esa no podría ser mi hija. Posiblemente sea del otro idiota “amigo” de ella.
—Esas son mentiras de Libby, esa bebé no puede ser mía. Siempre que estuve con ella me cuidé, así que es imposible. Llévatela con ella, no me haré cargo de ella porque no es mía. —Comencé a decir.
No, Libby no podría ser capaz de mentir u omitir decirme que estaba embarazada. Ella no pudo callarse esa información de ser yo el padre de esa bebé. Mi cuerpo comenzaba a agitarse y las palabras en esa última llamada resonaron en mi mente.
«Es imposible olvidarme de ti en este momento. ¿Recuerdas la última vez que estuvimos juntos?»
La última vez que nos vimos fue hace ocho meses y medio. Esa vez hicimos el amor en dos ocasiones y no me había cuidado esa última en el auto. ¿Podría ser que esta bebé fuera mi hija? Libby tendría que darme muchas explicaciones.
—Ian, no creo que sea una mentira. Libby.. —comenzó a decir mi madre, pero se detuvo debido a que comenzó a llorar. Me tensé de inmediato sintiendo de nuevo las pulsaciones acelerar mi pecho. Mis manos temblaban, podía sentir que algo no andaba bien, y fue mi padre quien lo confirmó.
—Ian, Libby murió por una complicación en el parto. Sufrió de una embolia pulmonar y no pudieron hacer nada por ella.
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Por motivos de salud,
Mis hermosuras esta semana seguiremos actualizando lunes, miércoles y viernes.
Nos leeremos el lunes. Feliz fin de semana, hermosuras. Muchas gracias por sus mensajes de ánimo y comprensión.
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