HOLA, LIBBY

1572 Words
IAN «Libby murió», «No pudieron hacer nada por ella». Esas fueron las palabras que se reprodujeron en mi cabeza una y otra vez. El aire comenzaba a abandonar mis pulmones. La presión que sentía en mi pecho era muy difícil de ignorar. Mi padre siguió hablando pero sus palabras se escuchaban a lo lejos, mi cerebro no era capaz de procesar lo que estaba diciendo. —Les pidió a sus padres que se comunicaran contigo antes de que eso pasara y yo contesté tu teléfono. Los padres de Libby no quieren cuidar de ella. Así que lo haremos nosotros, tu madre la cuidará hasta que tú mejores y puedas hacerte cargo de ella. Basta con verla para saber que es tu hija, aunque tiene el mismo color de ojos de Libby. —dijo tomando al bulto en los brazos de mi madre. Intentó acercarse a mí, pero me bastó con ver el gorro del bebé para que mis pulmones colapsen pidiendo aire. Salí casi corriendo de la sala con rumbo al jardín. «Lo que querías evitar se convirtió en realidad. Dijiste que la alejabas para que pudiera vivir y la terminaste embarazando, abandonando a su suerte, hasta que encontró la muerte por tu culpa. Fue tu culpa. Tú la mataste». —¡No!, no lo soy. Ellos definitivamente estaban mintiendo. Todos estaban jugando con mi cerebro y mis sentimientos. «Tus padres no sabían de la existencia de Libby». Dijo una voz en mi cabeza y es cierto. Mi padre mencionó sobre una llamada a mi teléfono y que él contestó. «El teléfono que dejaste sobre el comedor ayer». Caminé de un lado a otro, intentando asimilar. Lo que no podría sacar de mi mente es la muerte de Libby. Libby no se pudo haber ido, no pudo haberme dejado aquí solo. Tomé la silla reclinable enfrente de mi y la lancé dentro de la piscina. Hice lo mismo con todas, pero hacerlo no sacaba esta sensación de mi pecho. —Está bien llorar. —Escuché una voz detrás de mí, fue en ese momento que caí de rodillas sobre la grama. Miré hacia el cielo que resaltaba con colores pastel dándole paso a la oscuridad de la noche. Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas al sentir los brazos de mi padre a mi alrededor. » Saca todo lo que tengas dentro de tu pecho, hijo. —no pude evitar sollozar al sentir su abrazo. La manera en cómo sus brazos me apretaban a su cuerpo, como si aún fuera un niño. Como hace mucho él no lo hacía, solo hizo que todo esto fuera mucho más real para mí. Libby se había ido y sin que pudiera decirle lo importante que es, fue y será para mí. Lo mucho que la amaba. Lo mucho que amaba el olor de su cabello, sus pequeñas manos tocar mis manos y que provocan un calor en mi pecho que solo ella lograba. Nunca pude decirle que la amaba. No fui consciente de cuánto tiempo estuvimos de rodillas al suelo. —La amaba, papá. Libby era esa persona que no podía darme el lujo de amar, pero que igual se ganó un puesto en toda esta mierda que soy. No estuve para ella, ella nunca me lo dijo. ¿Por qué no me lo dijo, papá? ¿Por qué? —dije dando golpes en su espalda. —Me gustaría poder responder tu pregunta, pero no tengo respuesta para saber que pasaba por su mente todo este tiempo. Lo único que importa en este momento, esa pequeña niña que se quedó sin su madre y que necesitará a su padre. —No soy bueno para ella, no soy bueno para nadie, ni para mí mismo. —No digas eso… —Quiero verla. —dije evitando que continuara. —No sé si te permiten verla. —Necesito ir, por favor. Llévame a verla una última vez. —Tengo el número de su padre, déjame pedir información sobre dónde será su servicio fúnebre y si está bien ir. —mi padre sacó el teléfono de su bolsillo. Se alejó de mí, mientras hacía la llamada. Miré hacia la casa y mi madre nos miraba con lágrimas en sus ojos desde la ventana. Me puse de pie y traté de calmar un poco la manera en cómo temblaban mis manos, pero la cabeza me dolía y mi corazón palpitaba acelerado. Mi padre después de unos minutos se acercó y me dijo que los padres de Libby accedieron a que pudiera verla. —Vámonos. —dije dando dos pasos hacia la salida y él me tomó del brazo. —Solo quieren verte si está tu psicólogo presente. —comentó, y asentí. En este momento no me importaba nada más que ver a Libby, mi Libby por última vez. —Si. —dije y él movió su cabeza. —Déjame decirle a tu madre y saldremos, espérame en el auto. —asentí y él caminó dentro de la casa. Caminé hasta donde estaba su auto. Intenté abrirlo y uno de los hombres de seguridad me detuvo. —Señor, no puede hacer uso de ningún auto si no es autorizado por su padre. —No te preocupes, Oscar, él viene con nosotros. —dijo mi padre con el psicólogo justo detrás de él. —Si, señor. —Ocupamos el auto y podía sentir como mis manos me sudaban. —¿Estas bien? —preguntó el hombre a mi lado y asentí—. Tú tienes el control en este momento. Son tus emociones, no reprimas lo que sientes por las voces que escuchas en tu mente. No sabía qué responder o que decir, sin desear soltar un golpe en su rostro, estaba cansado de verlo en todos lados por lo que solo me dediqué a mover la cabeza. Llegamos al hospital. —El cuerpo de Libby aún se encuentra en la morgue. —mencionó mi padre. No dije o hice nada, solo me dediqué a seguirlo por los pasillos hasta que llegamos hasta donde estaban los padres más mierda que he tenido el placer de conocer. —Así que, tú eres Ian. —mencionó la mujer al verme. El señor y yo tuvimos la oportunidad de vernos a lo lejos en un par de ocasiones. —Si. —respondí, ella se acercó con premura y me dio una bofetada. —¡Eres un maldito, sinvergüenza! ¡¡Mi hija se fue por tu culpa!! —gritó casi en mi cara. —¡No fue mi culpa! Yo no sabía. —Y aunque lo hubieras sabido, no hubieras estado para mi hija. Mi hija sabía que necesitabas ayuda y te pidió muchas veces que la buscaras, así como tu hiciste lo mismo por ella. —No creo que lo sucedido sea culpa de nadie. —dijo el doctor presente—. En este momento, no creo que vengan bien los reproches. Libby no está para poder defender su decisión. Ahora solo queda asimilar, hacer el duelo y avanzar porque hay una niña que necesita a su padre y abuelos a su lado. —No pienso pasar por ese dolor dos veces. —exclamó la señora. —¿Por eso si no la aceptábamos nosotros, ustedes estarían dispuestos a darla en adopción? —preguntó mi padre y la mujer afirmó. —Fue muy frustrante poder criar a una niña como Libby. Nadie te enseña a vivir con sus constantes mentiras, sus cambios de humor, su rebeldía, ella siempre hacía su voluntad. Cuando fue diagnosticada con bipolaridad en su adolescencia. Entendimos que todo ese tiempo estuvimos criando a una persona enferma… —Que no se acoplaba a sus estándares, por lo que la encerraban en su habitación, le quitaban la comunicación y la dejaban llorar y gritar hasta que perdía la voz. —dije entre dientes. —No estoy dispuesta a pasar lo mismo con su hija. Entre los trastornos de la madre y los trastornos del padre, ¿Qué futuro le espera a la pequeña? —preguntó viendo entre mi padre, el doctor y yo. —Un futuro lleno de atenciones, amor y cariño, mucha comprensión y paciencia. —dijo mi padre y ella se carcajeo tras sus palabras. —¿El mismo que le dio al monstruo de su hijo? Resultó super bien. —dijo y mi padre estaba por hablar, pero no lo logró. —¿Quién pasará primero? —preguntó una mujer de bata azul y todos nos miramos. —Nosotros ya pudimos estar con ella. Que entre él. —dijo su padre viendo en mi dirección. —Está bien, sígame por favor… —respondió y me dediqué a seguirle. Giré mi cabeza y mi padre asintió. Esto lo tenía que hacer por muchas razones, pero principalmente para confirmar las palabras de todos. Todavía no creía en sus palabras y cada paso hacia la habitación pesaba más que el anterior. Al entrar, vi un cuerpo cubierto por una sábana blanca sobre una mesa fría de metal. La mujer descubrió el rostro del cuerpo y ahí estaba, Mi Libby con sus labios y ojos morados, su piel pálida. Me acerqué y acaricie su mejilla. —Hola, Libby. Tienes que despertar. -------- Por motivos de salud, Mis hermosuras esta semana seguiremos actualizando lunes, miércoles y viernes. Nos leeremos el miércoles. --------- Copyright © 2023 Valery Archaga / Valarch Publishing LLC Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2407153751839
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