Carina La mandíbula de Adrián quedó abierta. No había tenido la intención de decirle cuando decidí correr tras él. Pero se sentía imposible evitar revelar la verdad. Simplemente se me escapó. Ahora que lo había dicho, su silencio me hacía arrepentirme. —Es tuyo, por supuesto. —Como si eso no fuera obvio. La expresión de Adrián no cambió, como si estuviera demasiado impactado para hablar. —Sé que debe ser mucho para asimilar. —Me retorcía las manos nerviosa—. Lo voy a tener. No espero nada de ti, así que no hay presión para que participes ni… sí, solo sentí que debías saberlo. Sus ojos se llenaron de tristeza. —¿No quieres que yo forme parte de la vida de nuestro hijo? —No, no. Solo digo que no tienes que hacerlo. Sé que es mucho y que esto no estaba planeado. Ya tienes a Lucy y a Li

