Capítulo 5

1005 Words
—Oh, no, no dejaré que lo pagues tú —protesté mientras hacíamos fila para comprar las entradas. —Por favor, Audrey —respondió él un tanto cansado—. Déjame hacerte este regalo. Déjame ser el caballero que soy. —Pero, Chris, las entradas están caras. Por lo menos déjame pagar la mía. —No —respondió rápidamente—. Imposible. Y no insistas. Moví la cabeza con frustración mientras él pagaba ambas entradas. Era un musical estilo burlesque. Me encantaban esos musicales en especial. Me encantaba cómo mostraban el cuerpo femenino, sin tenerlo como objeto s****l que se tiene para exhibir, sin tenerlo como un trofeo, sino que lo enseñaban con un fin artístico, sin pudores. Utilizaban la sensualidad como un medio de atracción, pero no era tomado sólo como “sexo”, ese que utilizaban en la actualidad, donde el cuerpo sólo era un medio para obtener placer egoísta. La bohemia, las riñas por la atención del público, la desesperación por la perfección, las máscaras fuera del escenario y la unión frente a los espectadores. Me fascinaban los trajes, los ritmos, los bailes y los cantos. Encontraba que estos musicales eran la perfección temática. Drama, comedia, música y arte en toda su expresión. Sencillamente, mi fascinación. No tuve problema en olvidar que estaba junto a Chris. La obra me atrapó desde un comienzo. De vez en cuando me sentía observada y recordaba que estaba junto a él, mas me obligaba a mí misma a dejarlo pasar y seguir observando. Si me volteaba a mirarlo, siendo que estaba tan cerca, no sabría decir qué podría hacer. Cuando la obra terminó, los espectadores se levantaron a aplaudir frente a las enormes sonrisas de los actores, quienes saludaban a su público una y otra vez, como sin cansarse de recibir los aplausos. —Fue espectacular —comenté a Chris mientras salíamos del teatro. —Durante toda la obra te vi muy concentrada —dijo él sonriendo… ¿con ternura?—. Tuve la tentación de levantarme, ir a buscar mis pinceles y retratarte. Tu expresión de fascinación combinado con las luces de la obra y el fondo del teatro hubieran hecho una obra preciosa. —¿Nunca dejas de inspirarte? —pregunté intentando cambiar el tema. Cada vez que él hablaba de mí como una inspiración no sabía cómo reaccionar. —Es que, Audrey, eres una persona fascinante —respondió él con una gran sonrisa. Sentía que podía morir feliz en ese momento—. No necesitas decir nada, tus expresiones, tus ojos, siempre lo dicen todo. Tuve suerte de encontrar una modelo como tú. Todo fluye en ti naturalmente, nada se ve forzado. Es por eso que las pinturas reciben tantos elogios. Además, claro, de tu belleza. —Exageras, Chris —respondí, restándole importancia a sus palabras. Él me miró un tanto molesto. —No tengo por qué mentir —aclaró seriamente. Lo quedé mirando durante unos segundos, escudriñando en su mirada. —Entonces… gracias —respondí con timidez. Él sonrió. —Eres como una niña pequeña —comentó con dulzura. Es que, en ese momento, me sentía como una niña pequeña. —Es por ti —respondí tranquilamente. Él abrió los ojos con sorpresa—. Cuando hablas, tus palabras destilan sabiduría e inteligencia. Es fascinante escucharte habar. Y, al hacerlo, me siento como una niña escuchando a su padre. —Eso es muy halagador —dijo él con una sonrisa adorable—. Muchas gracias. Estaba pensando en qué podía decirle. Nuestro camino iba silencioso y me sentía un tanto intimidada. Era extraño; podía mostrarle mi cuerpo sin problemas para que él lo retratara, sin embargo, me costaba mostrarle quién era yo realmente. Me avergonzaba, me sentía menos que él. Sentía que Chris era una persona demasiado fascinante y admirable, por lo que sentía que mis comentarios siempre iban a tener menos valor que los de él. —Hola, amor —dijo él, respondiendo su celular con una sonrisa. Se mantuvo unos segundos en silencio y su rostro cambió drásticamente—. Vamos, Steven, no seas así. No. ¿Qué? Por favor, ¿es una broma? Estás exagerando. Pero, amor, ¿por qué…? Okay, está bien. Sí, nos vemos en casa. Adiós. Lo miré expectante, interrogándolo con la mirada. Él me devolvió una mirada un tanto frustrada. —Supongo que ya sabes lo que pasa —respondió a una pregunta que no hice, con una cara llena de hastío—. Steven y sus celos. De verdad no sé por qué es así conmigo, nunca he hecho nada. Siempre le he sido fiel. —Es que Chris, creo que muchas personas morirían por alguien como tú —dije, expresando uno de mis pensamientos más constantes. —¿Y qué hay de ti? ¿Morirías por alguien como yo? —preguntó, dejándome en shock. En su mirada no había pisca alguna de broma, su rostro era extremadamente neutral. Me sonrojé y desvié la mirada. —No diré nada —respondí avergonzada. —Puedes decirlo si quieres —insistió. ¿De verdad quería saberlo? —Hum, sería interesante estar con alguien como tú —respondí indecisa, sin mirarlo a los ojos, observando el piso como si hubiese algo muy importante ahí. Él rió suavemente y tomó mi mano con dulzura. —Te equivocas, pequeña, yo no soy nada especial, no hay nada cercano a “alguien como yo” —dijo tiernamente, mirándome fijamente—. No me veas como alguien insuperable, porque no lo soy. Soy como cualquiera, con defectos y virtudes. —Si tú lo dices… —musité sin querer hablar más. Estaba diciendo cosas que no quería. Con él siempre era sincera, inclusive ahora, que no quería serlo. Él me fue a dejar a mi departamento y abajo estaba Brad esperándome. Chris lo miró extraño y yo me acerqué a Brad para poder abrazarlo. Se lo presenté a Chris, quien fue muy cordial. Él se despidió rápidamente y yo me quedé con Brad. De seguro tenía algo importante que decirme.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD