—¿Qué sucede, Brad? —pregunté curiosa. Él pasó su brazo por mi hombro y comenzó a caminar.
—Cuando lleguemos arriba hablamos —respondió con una sonrisa un tanto seria.
Me preguntó sobre cómo había sido la salida con Chris y nos entretuvimos en ello hasta que llegamos al departamento. Ahí abrí la puerta e hice pasar a Brad. Le ofrecí un café, el cual aceptó de buena gana. Mientras hervía el agua, Brad se acercó a mí y se apoyó en uno de los muebles de la cocina.
—Audrey —dijo seriamente. Sentí su mirada sobre mí mientras yo servía las tazas—. Sé que quizás esto te moleste, pero… creo que no lo estás haciendo bien con Liz.
Eso me cayó como un balde de agua fría. Pensé que me iba a decir cualquier otra cosa menos eso. Dejé el hervidor en su lugar e imité a Brad, cruzando mis brazos sobre mi pecho, tratando de apaciguar un frío interior que apareció de repente.
—Lo sé, no es necesario que lo digas —susurré cabizbaja. Brad me acercó a él y apoyé mi cabeza en su hombro.
—Te quiero pedir que me dejes irme a vivir con ella —dijo súbitamente. Levanté la cabeza y lo miré sorprendida. Se veía decidido—. Estoy enamorado de ella, Audrey. Desde hace mucho tiempo lo estoy y creo que este es el mejor momento para yo protegerla.
—Ya sabía eso, Brad —respondí con una sonrisa. Él me miró un tanto avergonzado—. Era completamente obvio que estabas enamorado de Liz y ella de ti. No sé por qué se han demorado tanto.
Él rió.
—Por otro lado —dije situándome frente a él y poniendo mi mano en su hombro—. Tengo una mejor propuesta que hacerte. Déjame terminar de servir el café y hablamos, ¿sí?
Brad asintió. Fue hacia el comedor y se sentó tranquilamente. Terminé de servir las tazas y las llevé a la mesa. Tomé asiento y puse mis manos alrededor de la porcelana, calentando así mis manos frías. Brad miraba la taza despreocupadamente.
—Hablé con Ethan —le comenté. Él levantó la mirada, atento.
—¿Sobre qué? —preguntó seriamente.
—Quiero pedirte que nos vayamos a vivir juntos —respondí un tanto dudosa—. Él es mi primo, es la única familia cercana que tenemos Liz y yo. Ethan vive con un amigo de él, y teníamos pensado arrendar un lugar los tres juntos, para que Liz estuviese más acompañada, y ambos pensamos que sería buena idea que tú te fueras con nosotros. Es obvio que el que más puede ayudar a mi hermana en estos momentos eres tú, Brad.
—Yo no tendría problema alguno, iría encantado —respondió sonriendo.
Hablamos sobre algunos detalles más. Revisamos juntos mi correo y ambos leímos la respuesta del vendedor, quien decía que podíamos ir en dos días a las cuatro y media de la tarde. Nos dejó su número de teléfono y algunas referencias para ir al lugar. Respondí el correo diciendo que ahí estaríamos el día y la hora acordada.
Comimos y vimos algunas películas junto a Brad. Se nos pasó la hora volando. Le dije que podía dormir en la habitación de Liz y que, cualquier cosa, podía sin problemas comer aquí. Como yo tenía que salir temprano en la mañana, quizás iba a irme antes que él. Brad tenía ese día libre en la universidad y turno de tarde, por lo que probablemente iba a aprovechar para descansar.
Antes de dormirme, recibí una llamada. Intenté mirar la pantalla, pero la luz me cegaba y, además, veía borroso, por lo que sólo apreté para contestar.
—¿Diga? —dije con voz ronca y somnolienta.
—Disculpa, pequeña, ¿te desperté? —preguntó dulcemente.
—Sí, Chris, lo hiciste —respondí riendo suavemente. Bostecé—. Pero no te preocupes, ¿qué pasa?
—Uhm, quería confirmar que venías mañana —respondió—. Es que tengo un nuevo proyecto y con todo el tema de Liz, pensé que quizás no podrías venir y…
—Ahí estaré, Chris —interrumpí con una sonrisa débil—. Ahora, por favor, déjame dormir, me estoy muriendo.
Se escuchó una carcajada al otro lado del teléfono. Se escuchó un auto pasar y un suspiro. Algo sonó, como un ventanal cerrándose.
—Bien, Audrey, nos vemos mañana —finalizó un tanto melancólico—. Buenas noches, pequeña. Dulces sueños.
—Digo lo mismo, Chris —susurré con una sonrisa más grande. Nunca pensé recibir una llamada de él antes de dormir.
—Adiós —susurró un tanto apesadumbrado. Me despedí de él, dejé el celular en el velador y, con sólo darme vuelta, el sueño me venció. La llamada había parecido un sueño.