Mora manejó sin pausa hasta la casa de sus padres. No podía contener la frustración de lo recientemente vivido. Sabía que no tenía derecho a enojarse, al fin y al cabo ellos no eran nada. Conversaban asiduamente, habían disfrutado de momentos intimos inigualables, pero nunca habían buscado un título para los dos. Él continuaba con su hermetismo, con sus idas y vueltas, con sus ojos tristes y ella… Bueno ella estaba completamente perdida. Nunca en su corta vida había sentido tanto como cuando estaba junto a él. Las fantasías con respecto al futuro escalaban hasta el punto de imaginarlos juntando las manos arrugadas en un portal ficticio mientras la vida se les terminaba. ¿Por qué no podía controlarse? ¿Por qué tenía la necesidad de seguir un plan que ni siquiera le habían ordenado? La l

