Mora abrió sus ojos sin terminar de recordar dónde se encontraba. El frío de las sábanas a su lado le confirmaron que se encontraba sola. Se incorporó y de a poco se fue acostumbrando a la penumbra. Los cortinados no dejaban pasar ni un rayo de luz presumiendo su buena calidad. -¿Stany?- no quiso gritar su nombre, apenas lo llamó con un tono apagado, como si pudiera despertar a alguien más. Al no obtener respuesta decidió dejar de moverse a oscuras y deslizó el pesado cortinado para luego dar un salto hacia atrás. En el enorme jardín, que había aventurado en su ingreso, una pareja de mayor edad disfrutaba de su desayuno mientras un perro corría en busca de una pelota. La mujer había volteado y sus ojos se habían cruzado por un instante antes de que ella pudiera esconderse. Aún llevab

