El auto se había alejado a toda velocidad y aquel acelerador había despertado viejos temores para inmovilizarlo. Stany ni siquiera había logrado moverse. La calle vacía era una amenaza para su golpeado corazón y, ni siquiera, así había podido reaccionar. ¿Planes? Esa palabra la llevó directo al mensaje que ella, de seguro, había leído. Iba a ser difícil demostrarle que aquellos planes habían quedado en el olvido desde que ella había aparecido en su vida. Ni él mismo lo hubiera creído, pero era cierto. Ni R, ni L, ni J. Ninguna de las chicas a las que su cobardía lo había llevado en un intercambio que su mente le había planteado como el único posible. No se creía digno de ser feliz. Por eso la llegada de Mora había sido tan devastadora. Ahora tenía una salida, una chance de dejarla co

