Fueron pocos segundos los que duró el efecto sorpresa, grata sorpresa personificada en sus labios en forma de sonrisa. Una que luego se evaporó. Su ropa, su cabello enredado y su cara lavada la devolvieron a la realidad y el enojo por recordar los días de ausencia la llevaron a abrir la puerta de par en par y girar sobre sus talones. -Dame un minuto.- dijo sin siquiera saludarlo y corrió hasta su habitación en busca de alguna solución rápida y efectiva para mejorar su aspecto. Mientras tanto Stany había entrado a aquel departamento con pasos firmes pero mil pensamientos en su mente. Estar allí le recordaba que deseaba seguirla hasta su cuarto, que se moría de ganas de borrar la vergüenza que habían mostrado sus ojos con respecto a su ropa de entrecasa. Suspiró con ímpetu y aunque sus o

