Tras unos minutos hablando, las chicas se levantaron y se dirigieron hacia nosotros. A una no la conocía, pero a las otras tres si ya que la otra mujer que no identifiqué en un principio, resultó ser María. Estas tres eran amigas y eso reafirmaba mi teoría. Vinieron con caras de preocupación y pidieron permiso para sentarse. Mis amigos rápidamente les hicieron hueco y lo dispusieron de manera que cada hombre tuviera a una mujer a cada lado y viceversa. A mi (suerte la mía) me toco María a un lado y Patricia (la chica que no conocía) al otro. Rápidamente mis amigos empezaron a bromear con ellas y el ambiente se animó. Pero yo no estaba a gusto, y menos aún cuando María empezó a darme conversación. - ¿Cómo estás Luis? – preguntó María. - Pues bien – no quería darle pie a nada. - Estás m

