Eve —Dime más— pide Aarón. Estamos en la cama, aún es de madrugada. La ciudad duerme, pero nosotros no. Después de cenar, no se fue. Tampoco quería que lo hiciera, de alguna manera, como si nuestros cuerpos no supieran estar separados, terminamos haciéndolo en el sofá. Luego en la cama. Dos veces más. Ahora estoy recostada, con mi espalda contra su pecho, en medio de sus piernas. Él está apoyado contra el respaldo, rodeándome como si fuera lo único que quisiera tocar. Y no ha dejado de acariciarme. Mi cuello, mis hombros, mis brazos, mi pecho. Como si su tacto fuera su manera de asegurarse de que sigo aquí. De tenerme, incluso más de lo que ya me tiene. —¿Qué más quieres saber? — pregunto entre risas, acariciando su muslo con la yema de los dedos. —Todo— murmura contra mi oído—.

