Adriano.
La pólvora de mi arma se escabullía entre mis dedos, los disparos cada vez eran menos, muchos hombres muertos descansaban en la tierra del monte bravío en el que fue llevada a cabo una entrega de dinero la cual se convirtió en un enfrentamiento cuando intentaron engañarme con dinero falso.
—Maldito! Vas a morir— escuché la voz del único hombre que me quedaba vivo quien aún continuaba luchando con otro de la banda enemiga a puñetazos limpios.
Sin emitir palabras alguna y sin ni siquiera dar un paso, alcé mi brazo izquierdo y apreté el gatillo de mi hermosa S&W Modelo 500, un revólver de doble acción y de gran calibre de 12,7 mm de un tambor de cinco cartuchos.
Soplé el humo que salía de esta y la guardé debajo de mi chaqueta negra.
—¿Estás bien? Tenemos que largarnos de aquí— le hablé a mi hombre que me miraba abatido.
—Al menos no tengo disparos — me contestó simplemente pero, no estaba bien. La luz de la luna no era suficiente como para dejarme ver a la perfección su rostro, pero podía notar que estaba ensangrentado y muy golpeado.
—Te ayudo — le dije llevando su brazo alrededor de mi cuello mientras yo lo tomaba por la espalda y lo ayudaba a salir de aquel monte lleno de arbustos, piedras y troncos atravesados.
Era uno de mis mejores hombres, esta noche me vine con otros seis a la entrega y tan solo él había salido con vida de esta mierda.
Al llegar a la camioneta lo ayudé a subir a ella mientras yo corría al volante y me subía al vehículo lo más apresurado posible por si aún quedaba vivo algún maldito de la otra banda. Ellos eran algunos diez, y con todos había acabado. No me gustaba tener una pérdida de cinco de mis empleados, pero la jugada no estuvo fácil.
—Te voy a llevar al médico, tu ojo se ve muy mal y no quiero que lo pierdas — le dije mientras conducía en la pista.
—Señor estoy bien— lo escuché decirme haciéndose el fuerte.
—No lo estás. Te ves gravemente herido y no soy tan malo como para no querer que te curen. Has luchado conmigo hasta que hemos acabado con ellos. Te tomarás unos días para reponerte y también te entregaré un pago extra —
—Señor no creo que...— lo interrumpí.
—Es una orden, no está en discusión —
Luego de conducir por media hora al llegar a emergencia le ayudé a bajar, no sin antes cambiarme la camiseta que llevaba siempre en la parte trasera de mis autos para que en situaciones como esta cuando la que llevara puesta estuviera llena de sangre poder colocarme una limpia en casos de detenerme a emergencias como la de hoy.
De inmediato se lo llevaron en una silla de ruedas, mientras yo me preparaba para las preguntas. No me iba a ir ni lo dejaría solo, así que esperé allí unos minutos centrado en mi móvil avisándoles a mi equipo que las cosas no habían salido del todo bien pero que al menos tengo la droga.
—Familiares de Tomas Scott — esa voz... esa voz otra vez.
Me di vuelta muy despacio pero con muchas ganas de mirarla otra vez. Tragué en seco cuando sus grandes ojos azules cielo me miraron con asombro.
—Es mi empleado, y usted.... — hice una pausa y sonreí sin entender por qué— usted es Anastasia, la chica del café — la miré asentir con media sonrisa.
—Así es Adriano, diría que me sigue o me acosa si no fuera porque me dice que el joven que acaba de ser ingresado es su empleado — me dijo haciéndome sonreír otra vez.
Y si le digo que, ¿si me diera la gana la siguiera realmente? ¿Y si le digo que yo puedo secuestrarla y no quiero?
—Pues que pensamientos tan feos tiene de mí, mire que el acoso no es lo mío. ¿Mejor no puede pensar que me puse mal y requiero de su atención?... médica claro está — rio muy tiernamente haciéndome sentir un mar de emociones dentro.
Ahora ya no llevaba el pelo suelto sino un recogido a medias con un bolígrafo, que le quedaba espectacular. Incluso, esa bata que llevaba de doctora la hacía verse mucho más sexy.
—Solo bromeaba. Pero si algún día se llega a sentir mal, claro que puedo brindarle mi atención... médica — hizo las mismas pausas que yo utilicé. Algo me dice que ella también quiere no solo brindarme su atención médica.
Tragué ante los efectos que provoca en mí.
—Dígame que le ha sucedido a su empleado — me preguntó cumpliendo con su labor. —Tiene muchos golpes en su estómago, un gran moretón debajo del ojo, su ceja partida y en su pierna derecha tiene una herida muy fea, un profundo rasguño — me comunicó.
—Han intentado robar una de mis residencias en la que él hace guardia. Se ha enfrentado ante cuatro hombres y lo he traído lo más pronto posible. ¿Su ojo se encuentra bien? Es grave su estado? —
No le diría que en una entrega de drogas cuando estuve a punto de pasar el paquete me di cuenta de que el dinero del bolso era falso y que nos fuimos a balazos. Yo no tenía ni un rasguño tan solo, pero lo que había pasado en las afueras en aquel monte no había sido algo fácil.
Ella me miraba muy atenta y analizaba cada una de mis facciones, lo que me daba a entender que era muy observadora.
— El golpe por suerte no es en el ojo, sino debajo, pero estaremos haciéndole estudios para verificar a fondo que todo está bien en una cita. Las demás heridas luego de ser curadas se cerrarán con el paso de los días, buenos medicamentos y reposo — me contestó — ¿a usted no le pasó nada? ¿Se encuentra bien? Se lo pregunto por si necesita atención — me preguntó remojando sus labios.
Maldición Anastasia...
—Yo me encuentro bien, tan solo me siento algo caliente, creo que el susto de que le pasara algo grave me ha hecho sudar alguna fiebre — le dije mirándola de inmediato colocar su mano en mi frente y tentar mi temperatura, pero no le bastó al parecer, pues bajó su mano a mi cuello y buscó allí comprobar lo que le decía.
No hubo pelo de mi cuerpo que no se pusiera de punta. La piel se me erizó por completo y sentí que el corazón se me movió de lugar.
—Usted no tiene fiebre, pero puedo tomarle la presión y su ritmo cardiaco, pues es entendible que su sistema pueda estar alterado ante los nervios y el susto — me dijo preocupada.
AHHHH! Gruñí por dentro de mí. ¿Qué susto, que fiebre y que nada? Tan solo quiero sentirla. Que inocente es...
No pude evitar no esbozar una sonrisa.
—Es probable que mi ritmo cardiaco salga anormal, o así creo que se dice. Pero no por el susto, Anastasia — conecté con sus ojos mirándola apretar sus labios y aguantarse sonreír.
—Dra. Bianchi se le solicita, por favor — una enfermera interrumpió mi momento con ella.
—Ya mismo— le dijo apresurada.
Volvió a colocar su mirada sobre mí.
—Le estaré dando detalles del paciente Tomas en breve, sea paciente — me dijo antes de marcharse.
— ¿Será usted la que me dirá sobre su salud? — le pregunté porque quería verla otra y otra vez.
Me asintió sin desviar su mirada de la mía.
—También la estaré esperando para que me tome la presión y lo otro que dijo del ritmo cardiaco.
—Lo puede hacer otra de mis colegas, pero como ya nos conocemos y creo que no se va a morir espéreme sentado como un chico bueno justo aquí y le estaré atendiendo. Hay pocos turnos a esta hora —
Asentí sonriendo para mis adentros. Si supieras Anastasia, soy todo menos un chico bueno.