Intensas emociones

1005 Words
El pecho de Gabriella sube y baja, la cercanía de Doménico la está colocando mucho más nerviosa de lo que ella imagina. Sus miradas se conectan y luego de eso, una sonrisa sardónica por parte de Doménico hace volver a la realidad a Gabriella. —¿Así que usted es el respetado empresario? —ella dice, sin titubeo alguno. —Eso es asunto mío niñita. —Pues se equivoca, también es asunto mío. Usted y sus matones me secuestraron, me retuvieron en contra de mi voluntad. Ahora llega aquí como si nada pasara, ¿pretende que crea que no es asunto mío? —No pretendo nada. Porque no me interesa que una… —él la mira de arriba a abajo—. Una mujer así, me venga a cuestionar las cosas. —Ella sonríe, dos emociones quieren salir de ella en ese momento y estallar por completo: La rabia y el miedo. —Entonces si es así ¿por qué me trajo a este cuarto? —Doménico esboza una sonrisa de lado, muerde su labio interior. Él coloca una de sus manos sobre la pared, Gabriella se mueve inquieta porque comienza a sentir como el cuerpo de Doménico cada vez está más cerca de ella. —Porque quiero que esa boquita quede cerrada. —Ella bufa—. Quiero que lo que “sabes” quedé en un secreto entre los dos —él dice, poniendo sus dedos sobre los labios de ella. Gabriella aprieta sus piernas, aquel pequeño tacto que él está generando en ella, hace que sus bajos instintos aparezcan. —¿Qué pasa si no lo hago? porque le recuerdo que quien está allí es mi prometido, su hijo ¿lo recuerda? —Puede ser mi mismísima madre, pero si quiero guardar un secreto, nadie puede obligarme a nada. Sin embargo, yo sí puedo obligarte a que no digas nada. —No guardo secretos con mi prometido. Creo que ya es suficiente esto, quiero salir de aquí, permiso. —Ella lo empuja, sin embargo, sus manos no le hacen ni cosquillas. Doménico suelta una risa sensual. —¿No has entendido, verdad? esto no es una jodida petición de algún asunto sin importancia. Lo que menos quiero es que Emiliano se ponga en peligro, si tanto lo quieres, no deberías cerrar tu boca y ya. —Gabriella aprieta su boca, se siente impotente, nunca nadie le había impuesto nada de esa manera. —Está bien suegro, espero que por el bien de Emiliano, usted desaparezca de su vida y de paso de la mía. —Ella se agacha y pasa por su lado, pero se detiene en la puerta al escucharlo hablar. —Cuando algo me interesa no desaparezco como cobarde, eso no va conmigo. —Ella se gira y lo mira. —¿De qué habla ahora? Doménico lame sus labios, da unos cuantos pasos hacia ella y luego la toma de sus brazos, levantando las manos de ella dejándola recostada en la pared sobre su cabeza. —¿Qué no entiende? —el cuerpo de Gabriella se agita, ella observa los labios entreabiertos de él y mueve su rostro, evitando malos pensamientos. —No entiendo quien es usted… su cercanía, lo que esconde. —Lo único que debe entender es que nada es casualidad… lo que me gusta, tarde que temprano es mío. —¿Gabriella? —La voz de Emiliano suena desde el otro lado de la puerta, ella busca soltarse, pero no le es posible. Doménico se acerca más a ella y para evitar que hable, une sus labios con los de ella. Un beso, pasional, fugaz y feroz. Su lengua llena de frenesí entra en ella, haciendo que ella baje la guardia por completo. El sudor en la frente de Gabriella aparece, ella es consciente de que está mal, pero la fuerza de voluntad no le permite detenerse, no le es posible parar. Doménico le suelta las manos y pone las suyas en la espalda baja de ella, atrayéndola por completo a él. Sus cuerpos están más cerca de lo que deberían estar, es peligroso que alguien entre y pueda verlos, es peligroso que se apodere de ellos el deseo. Gabriella se suelta, sus labios están rojos y su cuerpo está como gelatina. Doménico pasa su pulgar por su boca, limpiando el exceso de labial que quedó en él. —Usted es un demente enfermo —ella pronuncia y le da una bofetada tomandolo desprevenido. Doménico cambia su gesto, a uno completamente irritado. Él la mueve hacia la pared, está vez la tomó de los brazos con fuerza, las venas en su rostro se marcan y sus brazos se contraen de la fuerza que hace. —En tu vida vuelves a golpearme, porque podré mostrarte que tan enfermo y demente estoy. Él deja a Gabriella allí y sale completamente enfadado. Mientras que ella queda en shock. ¿Qué es todo esto? Gabriella sale de la habitación y se dirige hasta el comedor, allí ya están los tres, compartiendo como la familia perfecta, Emiliano se acerca a ella, intenta besarla, pero Gabriella mueve su rostro evitándolo. —Amor, ¿estás bien? —Sí, solo se me bajó el azúcar. Me quiero ir, no me siento bien. —Amor, no podemos irnos y hacerle ese desplante. Adicional te tengo una sorpresa, mi papá nos invitó a su cabaña. —Gabriella mira de reojo a Doménico, él levanta la copa cuando los ojos de ambos se conectan. —Que bueno amor, pero debo trabajar. —No amor, no te preocupes, pediríamos permiso, porque mi familia quiere conocerte mejor y creo que esos días allá serán la excusa perfecta para que te amen tanto como lo hago yo. —Gabriella pasó saliva. —¿No iríamos solo los dos? —Iríamos los cuatro, ¿no te emociona, amor? Gabriella quedó en silencio, de nuevo miró a Doménico quien no le quitaba la mirada de encima. ¿Qué podría salir mal al estar tanto tiempo bajo el mismo techo de ese hombre?
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