[ANDREW SULLIVAN]
—¿Qué estás haciendo? — pregunté molesto y tal como apareció su sonrisa, desapareció de su rostro, dio un paso atrás y me miró.
—Me estoy mudando contigo, ¿no te encanta la idea? — la emoción en su voz se desvaneció a medida que mi ceño se profundizaba más y más. Cerré los ojos un instante tratando de entender qué diablos estaba sucediendo.
—Creo que fui claro cuando dije que pensaría en este asunto, Olivia. Y no, la idea de verte aquí en este momento no me encanta — mi voz sonó fría, molesta y realmente lo estaba.
—Pero, cariño, así podremos pasar más tiempo juntos, es lo que ambos queríamos, ¿no?
—Claro, pero tienes que entender que no puedo tomar esa decisión a la ligera, esta casa es de mi madre.
—¿Y? — preguntó alzando ambas cejas en mi dirección, la observé detenidamente por un momento, parecía como si todo esto simplemente fuera algo aburrido para ella.
—¿A qué te refieres con "Y"?
—Bueno, eres su único hijo, en algún momento todo esto será tuyo, ¿no? —sonrió—, ¿Por qué no sacarle provecho entonces, eh? — dio media vuelta y volvió a concentrarse en sacar algunas de las cosas de una maleta rosa frente a ella.
—No entiendo lo que quieres decir, Olivia.
Por supuesto que lo entendía, por supuesto que sabía que quería aprovecharse de esta situación, sin embargo, todavía quería darle el beneficio de retirar sus palabras.
—Cariño, tus padres tienen muchas casas como esta, ¿no? No veo porque se molestaría en que tomemos esta para vivir juntos.
—Olivia, el hecho de que mis padres tengan propiedades, no me da el derecho de exigir nada.
Ella suspiró pesadamente, sus ojos volvieron a clavarse en mí.
—Cariño, tus padres también saben que todo lo que tienen pasará a tu manos tarde o temprano, pues ya no son tan jóvenes. Así que no creo que les importe mucho darte esta pequeña casa ahora y mucho menos que yo esté aquí — sonrió, me dio la espalda y comenzó a colocar algunas cosas en el librero. Sonreí frustrado, ¿de verdad estaba pasando eso?
—¿Tus padres saben que estás aquí?
—Sí. Estaban muy felices cuando les dije que había conocido a tus padres y habíamos cenado juntos. Y estaban realmente emocionados cuando les dije que quería mudarme contigo. Mi padre espera que algún día pueda ser oficialmente la señora Sullivan y yo también — dijo mientras volteaba de nuevo, sonrió emocionada.
—Frank — susurré, ella me observó, no se había movido ni un centímetro desde que llegué, dio un paso adelante y se quedó quieta.
—¿Dónde está Jesse? — pregunté, Frank sonrió nerviosa antes de contestar.
—Está en su oficina, llegó anoche.
—Bien, dile que se encargue de llevar a la señorita Capmbell a su casa y que llame a la oficina de mudanzas y se lleve todas las cosas a la casa de los Capmbell, por favor.
—Sí, joven Sullivan — y salió apresuradamente de ahí.
—¿Qué estás haciendo, Andrew? — preguntó, molesta.
—Soy alguien muy paciente, Olivia, deberías de saberlo bien, sin embargo, mi paciencia se agota cuando los demás hacen lo que quieren porque creen que lo aceptaré y me quedaré callado — mi tono seguía siendo frío. Justo en ese momento solo quería que se marchara de una vez por todas. Todo ese asunto no era más que una estupidez.
—Creí… creí que realmente me querías, Andrew — las lágrimas cayeron por sus mejillas pálidas, froté suavemente mis sienes, mierda.
—Esto no tiene nada que ver con el amor que siento por ti, Olivia.
—Me estás tirando a la calle, no puedo creerlo —sollozo—, pensé que sería una linda sorpresa encontrarme aquí y…
—No estoy tirándote a la calle —la interrumpí—. Te dije claramente que pensaría esto, no puedes solo tomar decisiones por ti misma.
—Pero, cariño… — se acercó de nuevo a mí, besó mi mejilla y rodeó mi cuello con sus brazos.
—Olivia, por favor, no quiero sonar grosero, pero…
—Solo deja que me quede un par de semanas, quizá eso te convenza para que pueda quedarme a vivir contigo y…
—Basta, Olivia.
—Joven Sullivan — y ese era Jesse, alejé los brazos de Olivia de mí y volteé a verlo, estaba de pie con su traje n***o a medida y sus ojos oscuros se clavaron en los míos, tenía una expresión seria.
—Su padre estará aquí en 5 minutos — dijo mientras miraba su reloj, lo observé durante un momento y luego a las cosas sobre el pasillo. Mierda.
—¿Lo llamaste? — pregunté molesto, sabía que no era culpa de Jesse, porque ese era su trabajo, aun así sentí el enojo crecer y arrastrarse por todo mi cuerpo.
—Fue su padre quien me pidió venir a este lugar. También dio órdenes específicas de reportar quien entra y sale de la casa, todo el día, todos los días. Frank se lo explicó a la señorita Capmbell — dijo, su tono profesional, miré a Olivia quien miraba sus uñas atentamente como si fuera lo más entretenido del mundo.
Maldita sea. Lo menos que quería era tener una pelea más con mi padre por un estúpido capricho de Olivia.
—¿Y no se les ocurrió avisarme?
Jesse miró a Olivia y luego a mí.
—Joven Sullivan, conoce a su padre, ¿verdad? —suspiró— Sabe que muchas de sus órdenes solo llevan implícitos algunos nombres y personas, así que asumo que creyó que no era necesario que nadie de nosotros le informará lo que sucedía a usted — su semblante tranquilo me hizo sentir mucho peor. No podía discutir contra las órdenes de mi padre, ni siquiera sabía que decir o hacer, al final Jesse tenía razón. Por más molesto que me sintiera con todos ahora lo mejor era quedarse callado.
—¿Podrías llevar a la señorita Capmbell a casa, por favor? — preguntó en cambio, Jesse me miró y luego sacó su teléfono del bolsillo interior de su saco, lo miró un momento.
—Su padre acaba de llegar — miré una vez más a Olivia, su rostro estaba aún más pálido y sus ojos verdes asustados y de esa misma manera me sentía justo en ese momento.
Escuché la puerta abrirse y cerrarse, un par de voces y los pasos pausados sobre el pasillo, una que otra maldición y el movimiento de algunas cajas.
Mi padre entró primero, sus ojos azules algo fríos escanearon el lugar rápidamente, después a Olivia y por último cayeron en mí.
—Señor Sullivan, bienvenido — saludó Jesse con un tono todavía más formal, mi padre le preguntó algunas cosas que en ese momento no fui capaz de entender mientras pensaba en qué diablos iba a decirle cuando me tocara el turno de responder las preguntas.
—Señorita Campbell, disculpe, tenía que hablar primero con Jesse — dijo mi padre con un ligero movimiento de cabeza fijando toda su atención en Olivia y en los objetos dentro del salón.
—Se…. Señor… Sullivan — tartamudeó, me di cuenta que toda la seguridad que había tenido antes había desaparecido con solo ver a mi padre.
Observé a quienes lo acompañaban, estaba Taylor negando suavemente con la cabeza en mi dirección y Mickey detrás de él un poco rígido y no miraba a nadie ni nada en particular. Las voces de afuera eran las de Corey Frank.
¡Mierda!
Agradecí sobremanera que mi madre no estuviera ahí.
—Quiero una explicación de todo esto, Andrew — el tono molesto de mi padre me hizo volver a la realidad, lo miré un par de segundos y me encogí de hombros, tratando de buscar más palabras adecuadas para que aquello no sonará tan mal.
—Quiero saber porque todas estas cosas están en casa de tu madre —espetó— Señorita Campbell, tengo que pedirle que me deje a solas con Andrew, necesito hablar con él. Corey mi chófer la llevara a su casa — sonrió, luego pasó a su lado sin mirarla una vez más. Se sentó en uno de los sillones del salón, mientras encendía un cigarrillo.
—Con permiso — y eso fue todo, Olivia salió del salón aun con el rostro pálido, ni siquiera me miró al pasar, simplemente se fue sin decir nada.
—Sigo esperando que me digas que es lo que está pasando, Andrew. Si no me dices nada escucharé la versión de Jesse y Frank, nada más — dijo, miré la expresión fría y dura de su rostro, suspiré.
—No tengo todo el día, Andrew. Recuerdo que le dijiste a tu madre que sólo recogerías un par de cosas y volverías. Ahora tengo a alguien mudándose aquí — gruñó, le dio otra calada a su cigarrillo y lanzó el humo gris frente a él. Sabía que estaba muy molesto, también me sentía de esa manera.
—Fui bastante claro ayer, ¿verdad? ¿Vas a decir algo?
Seguí en silencio.
—Realmente no me importaba que pases tiempo aquí, que traigas amigos, incluso mujeres u hombres si es lo que quieres, pero no tolero que hagas este tipo de cosas a mis espaldas. Mucho menos que tus invitados traten mal a las personas que nos ayudan en casa — lo último lo dijo en tono alto, no tanto para decir que gritaba pero suficiente como para hacerme sentir un niño otra vez.
—¿Tú le pediste que se mudara o fue ella quien lo decidió? — preguntó, miré al suelo.
—Fui yo.
Mi padre suspiró irritado, todos ahí se movieron un poco incómodos.
Sabía que no podía decirle la verdad, no podía solo decir que Olivia era quien había decidido eso, por mucho que eso me molestara.
—Bien —suspiró de nuevo—, me decepciona un poco tu actitud, Andrew. Iré a ver las cámaras de seguridad, Jesse. Cuando regrese tú y yo vamos a hablar seriamente de todo esto y vas a decirme la verdad, solo la verdad, ¿Entendiste?
Asentí. Mi padre y Jesse salieron del salón con pasos lentos.
Caminé por entre las cosas esparcidas por el salón, me dejé caer en uno de los sillones, Mickey y Taylor permanecieron de pie cerca a las puertas de cristal.
Esperé durante algún tiempo, mientras me reprochaba lo idiota que era y lo estúpido que había sido al olvidar las cámaras de seguridad que mi padre había colocado hacia años en ese lugar, tan idiota.
Mi padre y Jesse volvieron poco después, Frank entró detrás de ellos.
—Lamento todo lo ocurrido, Frank. De verdad te ofrezco una disculpa, a partir de ahora esto no volverá a ocurrir — se disculpó mi padre, alguien que pocas veces se disculpaba con alguien más.
Cerré los ojos un segundo, en ningún momento había considerado hablar o preguntarle a Frank lo que había pasado, justo ahora ya era demasiado tarde.
—Está bien, señor Sullivan — contestó Frank, hasta ese instante me di cuenta del golpe rojo en su mejilla.
¡Mierda! ¡Mierda!
Me puse de pie y caminé un par de pasos.
—Frank…. Yo… — comencé, pero ¿qué podía decirle? Ella guardó silencio, sonrió a medias, pero no dijo nada.
—¿Qué sucede entonces, Andrew? — preguntó de nuevo mi padre, lo miré un par de segundos, pero no tenía nada que decir o cómo actuar.
—Voy a preguntarte una vez más, ¿Le pediste que se mudara contigo o fue ella quien insistió?
—Fui yo quien le pidió que se mudara conmigo, papá, ¿Estás feliz? — dije molesto.
La palma de su mano se estrelló contra mi mejilla, el dolor recorrió mi rostro. Todos parecieron dar un paso al frente y detenerse para contener el aliento.