Capítulo 11

2288 Words
Capítulo 11 Miro mi reloj por enésima vez. Son las once de la noche, Lily se ha dejado caer rendida sobre su escritorio, yo en cambio, no logro pegar un ojo. Me retuerzo en mi cama, miro de nuevo el reloj, el pecho me duele, siento una horrenda sensación. Cubro mi rostro con mis sábanas ¡Esto es ridículo! No debería de sentirme así ¡Debería de sentirme contenta por haberle plantado! ¡Se lo merece! Pero no es así como me siento, la verdad es que me mata el remordimiento, el imaginarlo ahí sentado en el pasto, esperándome ¿Qué querrá? ¿Me dirá algo? ¿Hará algo para compensarme? Quisiera saber, pero al mismo tiempo no quiero verle ¡Esto es absurdo! Él es quien me trató mal, él debería de sufrir ¡No yo! Pero aquí estoy, retorciéndome en mi cama, sintiéndome culpable por haber dejado plantado a un imbécil ¿Hasta qué hora habrá estado esperando? ¿En qué momento se dio cuenta de que no iba a llegar? ¿Qué habrá sentido cuando se dio cuenta de que lo había dejado plantado? ¡Esto es injusto! No debería de importarme cómo se debió de sentir ¡A él no le importó cómo me sentí cuando me negó y humilló! ¡No! Entonces a mí no me debería de importar lo que sea que le haya pasado o lo que sea que haya sentido ¡Esto es absurdo! ¡Estúpido! ¡Soy una idiota por sentirme de esta forma! Miro mi reloj otra vez, han pasado otros cinco minutos… ¿Qué debería de hacer? ¿Debería de disculparme? ¡Ni siquiera sé dónde vive! Esto es absurdo ¡Esto es una mierda! Golpeo el colchón con el puño, miro de nuevo el reloj, otros cinco minutos han pasado. Suelto un bufido, quito las sábanas de encima y me calzo las pantuflas ¿Qué carajos estoy haciendo? ¿Es que me he vuelto loca? Tomo mi bata y me abrigo con ella ¡Esto es una locura! ¡Una reverenda locura! Salgo de la habitación, mi corazón late a toda velocidad ¡No sé qué carajos estoy haciendo! Corro hacia los ascensores, presiono el botón con desespero ¡Regresa a tu habitación maldita sea! ¡Sue! ¡Hazme caso! ¡Mi cuerpo y mi mente no se ponen de acuerdo! Debería de regresar a mi cama y seguir con mi orgullo en alto, pero mi cuerpo se niega a obedecer. Una parte de mí quiere verle, escuchar lo que sea que tenga que decirme ¡Y golpearle en las pelotas! Y es esa parte la que está controlando mi cuerpo en estos momentos. Entro en el ascensor, me recuesto en la pared de metal y le pego un puñetazo ¡No debería de estar haciendo esto! ¡Ya sé lo que me dirá! Que no podemos ser amigos, que no es conveniente y blablablá. Ya lo hizo antes ¿Por qué debería de ser diferente esta vez? Apuesto a que me dirá que quiere recuperar mi amistad e intentará suplicarme, todo eso para finalizar con que no podrá ser, tal como pasó en la anterior vez, él dijo que no quería perderme y de igual forma lo hizo… me alejó… luego de besarme… ¡Pero eso no viene al caso! Salgo del ascensor y corro fuera de la residencia ¡En serio me he vuelto loca! ¡Estoy corriendo de noche por los terrenos de la universidad para poder encontrarme con el imbécil que me trató como estropajo! ¡¿Qué me sucede?! ¿Por qué quiero verle? ¿Por qué quiero escucharle? ¡¿Seguirá ahí?! ¡No creo que siga ahí! ¡Espero que siga ahí! Quiero verle, quiero saber qué es lo que me va a decir, incluso si solo es para decirme lo mismo, que no es conveniente ser amigos, que no podemos ser amigos por culpa de las razones más absurdas, de todas formas, quiero verle. Me quito las pantuflas, corro más deprisa sin zapatos ¡Espero que esté ahí! En serio espero que esté ahí. No sé por qué me importa tanto ¡No sé por qué le importo tanto! Es más que obvio que no le permiten acercarse a alguien como yo, de lo contrario no habría mandado a un pelirrojo a tocarme la puerta ¡¿Por qué sigue insistiendo?! ¿Por qué sigo aquí? No tiene los huevos como para enfrentarse a las personas que toman decisiones por él, pero lo está intentado, por mí, porque por alguna extraña razón le importa si estoy enojada con él o no… esto es absurdo… llego a los arbustos… él sigue ahí… — ¡Alexander! Grito, corriendo los pocos metros que me faltan, él alza la mirada. — ¡Sue! Corre hacia mí, como en la escena de una película, envolviéndome en sus brazos, inundándome con el delicioso aroma de su perfume, no puedo creerlo… — ¿Por qué sigues aquí? — me separo unos centímetros de él — ¡¿Por qué sigues aquí?! — golpeo su pecho con ambos puños, él me sostiene por los hombros — ¡¿Por qué no te fuiste?! ¡¿Has visto la hora?! ¡¿Pretendías esperarme hasta el amanecer?! ¡¿Por qué no te fuiste?! — La esperanza es lo último que se pierde… Nos miramos a los ojos, no sé si sonreír o seguir golpeándolo. — Esto es una locura… — Y, sin embargo, usted está aquí… — Es que creo que enloquecí… Ninguno aparta la mirada. — Sue… — ¿Por qué me has hecho venir? — me separo de él — ¿Por qué no me dejas en paz? — aprieto los puños — Dijiste que no podemos ser amigos, que no es conveniente para ninguno, que tú eres un príncipe y yo no estoy a tu altura — Alexander aparta la mirada — ¡Habla! — exijo — Di algo… lo que sea… pero que tenga algo de sentido… — ¿Por qué ha venido usted? — miro mis pies descalzos, luego a Alexander — Usted está enojada conmigo, dice querer que le deje en paz… — se me acerca — Y, sin embargo, usted está aquí — Alexander… — Usted está aquí, descalza y en pijama — se acerca aún más — A altas horas de la noche… solo para verme… — Me sentí culpable, sabía que ibas a estar esperándome y me sentí culpable — me alejo de él — No creí que me seguirías esperando, solo quería calmar mi consciencia — Sue… — ¡Eso no cambia las cosas! — doy otro paso lejos de él — ¡Ya dime por qué me has hecho venir hasta aquí! — frunzo el entrecejo — ¡Responde! ¡¿Por qué me has hecho venir?! — Le vi… a usted… en la mañana, tomando fotografías — da un paso hacia mí — Usaba la cámara que le compré… — le miro a los ojos, los suyos tienen un extraño brillo — Y… — se encoge de hombros — Solo quería verle, volver a hablar con usted, como antes, cuando apenas nos conocíamos — da otro paso hacia mí — Sue, le he dicho más cosas a usted de las que le he dicho a cualquiera — Alexander, habla claro… — niego con la cabeza — Nada de lo que dices tiene sentido y si no empiezas a hablar con coherencia, me iré y jamás volverás a hablarme ni mandarme notas a través de pelirrojos desconocidos — Sue… eres fascinante — una tenue luz ilumina su rostro, tiene una ligera sonrisa en los labios, pero oculta en una expresión de preocupación — Y no he podido dejar de pensar en usted desde aquella cena que tuvimos… —siento una punzada en el pecho — Y… — se acerca aún más, con sus ojos fijos en los míos, comienzo a temblar — Y tampoco he podido dejar de pensar en… — abre y cierra la boca, estoy paralizada — Sue… di algo… lo que sea — ¿Qué debería decir? Pregunto en un susurro. — No lo sé… — contesta en un susurro, su rostro está cerca del mío — Tampoco sé qué decir… — Entonces no digas nada… — No lo haré… Susurra, uniendo sus labios a los míos. Cierro los ojos, rodeando su cuello con mis brazos y sintiendo sus manos en mi cintura. Tampoco he podido dejar de pensar en ese beso, hace una semana que pasó y no he podido borrarlo de mi memoria ¿Por qué? ¿Qué está pasando? ¿Qué locura estoy cometiendo? ¿En serio estoy besándome con el mismísimo heredero a la corona de Norte América? ¿He terminado de enloquecer? — Basta… — susurro, separándome de él — No sigas… — Sue… — me toma de nuevo por los hombros — No quiero estar lejos de usted — Pero lo harás — me zafo de su agarre — Tú mismo lo dijiste, Alexander, que no es conveniente para ninguno el ser amigos — niego con la cabeza — Y ahora esto… — le miro fijamente — No juegues conmigo — No pretendo hacerlo — ¿Entonces qué estás haciendo? — no responde — Primero me dices que no quieres perderme, luego me dices que no es conveniente ser amigos y ahora me besas y me dices que soy fascinante y que no quiere estar lejos de mí — Sue… — ¡No soy un juguete! — grito — ¡No voy a dejar que juegues conmigo! ¡No me interesa si eres un príncipe! — niego con la cabeza — Solo mantente lejos de mí, Alexander — Pero… por favor… — No me conviene estar cerca de ti — aprieto los puños — Ya me voy… — respiro hondo — Y dile a tu estúpido amigo de rizos que se despreocupe, no pienso meterme en su camino — Espera, qué… — me toma de la muñeca — ¿Qué acaba de decir? — El imbécil ese — me zafo de su agarre con brusquedad — El que no controla sus manos, al que le negaste conocerme… — Harry… — Winchester — completo, Alexander se ve asustado de pronto — No me interesan tus problemas, solo quiero estar lejos de ellos — ¡Sue! ¡Espera! — Alexander vuelve a tomarme de la muñeca — No te preocupes por Harry, yo te protegeré — ¡No quiero que me protejas! — el empujo — ¡Solo quiero que te mantengas lejos de mí! — ¡No lo voy a hacer! ¡No quiero hacerlo! — ¡Alexander! ¡Ya basta! ¡Solo déjame en paz! — ¡No! — vuelve a tomarme por las muñecas — Dijiste que no tengo el valor para enfrentarme a quienes deciden las cosas por mí — tiene el entrecejo fruncido — ¡Es lo que estoy haciendo! ¡Me estoy enfrentando a ti! ¡No quiero estar lejos de ti! — ¡¿Por qué?! — ¡Porque le quiero! — me suelta, boquiabierto, estoy pasmada — Le quiero… — jadea — Sue, le quiero… — Oh… Es lo único que se me ocurre decir. — Lamento haberle hecho daño… — baja la mirada — En serio lo lamento — hace una exagerada reverencia — Por favor, perdóname — Principito… Abro al máximo los ojos, Alexander sigue en esa incómoda postura de respeto. — Por favor… te lo suplico… dame algo de paz… — Está bien, te perdono, enderézate — le tomo del brazo, nuevamente estamos a escasos centímetros del otro — Principito… ¿Qué carajos estamos haciendo? — Ser espontáneos Contesta, volviendo a unir sus labios a los míos ¡j***r! ¡Que esto es una locura! Pero no puedo evitarlo, le devuelvo el beso con efusividad ¡Quiero besarlo! ¡En verdad quiero besarlo! Aunque sea una locura, pero en serio lo deseo… — Me confundes… — me separo de él — ¿Qué sucede con lo de la conveniencia y no poder ser amigos? — Haré todo lo posible para que no sea así… Toma mis manos. — No… — me alejo de él — Alexander, esto no cambia nada — Sue… — No — niego con la cabeza — No podemos ser amigos y ahora me dices que me quieres… ¿Qué clase de broma es esta? — No bromeo, hablo en serio, con el corazón en la mano, Sue Barclay — mis ojos se llenan de lágrimas — Le quiero y haré todo lo posible para derrumbar las barreras, por usted, no quiero que se aleje de mí… — No… — la presión en mi pecho aumenta — No quiero… — ¿Es que, acaso, usted no comparte el mismo sentimiento? — no contesto — Sue… — se me acerca — Míreme… — no obedezco — Por favor… — posa su mano en mi mejilla con suma delicadeza — Por favor… — Alexander… — Dígame si no comparte el mismo sentimiento — mi pecho sube y baja a gran velocidad — Y solo eso me bastará para alejarme de usted… — Yo… — Sea honesta conmigo… Las lágrimas caen por mis mejillas, no quiero decirlo, no lo quiero lejos, le quiero cerca, yo también le quiero cerca, porque yo también… — Le quiero — mi interior tiembla — En verdad le quiero — sollozo — Pero eso no cambia nada — me vuelvo a alejar de él — No quiero estar cerca de ti… — Sue… — Adiós Alexander, ya es tarde y debo de ir a la cama… — Sue… — Adiós… Corro hacia los arbustos, corro hacia la residencial, corro lejos de Alexander…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD