Alfa Kent tenía mucho interés en entrar en materia cuanto antes, pero, a pesar de su insistencia, Adrian no cedió.
Argumentó que el viaje había sido largo y lo mejor era que él, Grace y sus hombres se instalaran y comieran. Ya habría tiempo para hablar sobre la alianza y organizar el grupo de trabajo para que visitaran el manantial lo antes posible.
Pidió a Niko que mostrara al alfa y a su hija sus habitaciones y se asegurara que tuvieran todo lo que necesitaban.
- Trajimos provisiones y agua – dijo Kent antes de retirarse.
- Lo aprecio – asintió Adrian – Niko, que los omegas traigan los regalos del Alfa Kent a la casa de la manada –
El beta asintió y guio a los visitantes fuera del estudio.
En cuanto se aseguró que se habían alejado lo suficiente, se dirigió a la cocina. En el pasillo flotaba el mínimo trazo de un aroma desconocido que complacía inmensamente a su lobo
Dos omegas ayudaban a Nana Aura con los preparativos para el almuerzo y por un momento estuvo tentado a ordenarles que se retiraran, pero cambio de opinión: la mujer era muy perspicaz y su actitud la pondría alerta.
- Nana – llamó la atención de la mujer, que se encontraba de espaldas, vigilando el guiso.
- ¡Oh, alfa! – sonrió e hizo un gesto a una de las chicas para que tomara su sitio – Pronto estará el almuerzo. ¿Los invitados desean algo en especial? –
- Niko te lo hará saber en cuanto se instalen – respondió sin dejar de seguir los movimientos de las omegas.
Aun la cocina, en medio de todos los aromas que expedía la comida, persistía esa esencia que no podía identificar. Debía ser de una flor, porque era dulce, pero intensa, con unos leves acentos cítricos. ¿Qué tipo de flor expedía ese olor tan increíble?
- ¿Qué huele tan bien? – dijo siguiendo el hilo de sus pensamientos.
- ¡Oh, es solo un simple estofado! – respondió Nana con falsa modestia – Pero Lily trajo hoy hierbas frescas – señaló el puñado que aún conservaba sobre la mesa – que sin duda hará que todo sepa mejor –
Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no arrojarse sobre las hierbas. Ella las había tocado. Eso era lo que lo había atraído.
Tomó un poco de aire.
- ¿Lily? – trató de que su tono fuera casual.
- Sí, Lily Montgomery – al ver su expresión confundida, agregó: - La hija de Raymond Montgomery –
- ¡Oh! ¿Raymond tiene una hija? – no la recordaba en absoluto. Se detuvo de pronto – Pero… él falleció hace unos meses – sintió un sudor frío en su nuca.
- Así es – asintió la mujer, apesadumbrada – Pobre criatura… Raymond adoraba a esa niña. Era lo más preciado para él… Y ella también adoraba a su padre –
- ¿Y qué hay de su madre? –
El rostro de la mujer se ensombreció aún más.
- Ella falleció hace algunos años atrás –
Su lobo se agitó en su interior.
- ¿Tiene hermanos, otra familia? –
- Me temo que no – la mujer se volteó un momento para dar instrucciones a las jóvenes.
- Entonces… ¿ella está sola? ¿Vive sola en la granja? –
- Así es… me angustia mucho saberla sola en ese lugar tan alejado de la villa y te aseguro que cada vez que tengo oportunidad trato de convencerla de que pase más tiempo aquí, pero ella se niega. No quiere dejar la casa de su familia y la comprendo. Quiere seguir con el legado de su padre y lo ha logrado, al menos hasta ahora… con la sequía, no le fue posible mantener los sembradíos. Estas hierbas son las últimas que logró cosechar –
Adrian se aferró al borde de la mesa. Su cabeza daba vueltas.
- Tal vez deberías hablar con ella – Nana estaba frente a él y sentía que su mirada era acusadora.
La llegada de los omegas que traían los regalos de Kent: cántaros con agua, cajas de verduras y carnes, le permitió dar por terminada la conversación. Ofreció un simple gesto de despedida a Nana y salió de la cocina rápidamente.
Volvió al estudio y se dejó caer en el sillón. Apoyó los codos en sus muslos y sostuvo la cabeza entre sus manos, hundiendo las uñas en su cuero cabelludo.
Su lobo luchaba por liberarse. Deseaba saltar por la ventana e ir al lado de su pareja. Tenía que protegerla.
Tomó profundas respiraciones, tratando de tranquilizarse. Debía considerar cuidadosamente lo que haría a continuación.
Percibió que Niko se acercaba y se incorporó. El beta entró sin llamar y luego de cerrar la puerta, cruzó los brazos sobre el pecho y miró al alfa.
- ¿Qué pasó allí afuera? – preguntó con tono grave. Era extraño ver a Niko tan serio. El siempre lucía jovial y relajado, aún en los momentos más delicados.
Adrian le lanzó una mirada, pero rápidamente desvió el rostro.
- ¿Grace Kent es tu pareja destinada? – preguntó al ver que el alfa no se movía, pero su tono era de escepticismo.
- No, Grace no es mi pareja destinada y lo sabes – respondió con tono frío.
- ¿Entonces? ¿Por qué la reclamaste? –
- No estaba reclamando a Grace – se irguió – Si no a la otra chica –
- ¿Qué chica? –
- Niko, eres un beta. Debes estar más atento a lo que sucede a tu alrededor – le reprochó, pero solo era un desesperado intento de desviar la atención. Lo que sabía bien que no iba a lograr.
- Estaba muy atento a Kent, a su hija y a toda la gente que trajo consigo – replicó el joven.
Se hizo un breve silencio.
- ¿Qué chica? –
Era evidente que Niko no dejaría el tema.
- Lily Montgomery –
- ¿Lily? – Niko le miró con grandes ojos y se acercó.
- Sí, la hija de Raymond Montgomery, de la cual no tenía idea de que existía… - se levantó y comenzó a pasear por la habitación - ¿Qué dice eso de mí? ¿Qué clase de alfa soy? Ella perdió a su padre, no tiene a nadie más y ha pasado sola por semanas, haciéndose cargo de una granja en medio de una sequía –
- Adrian…
- ¿Por qué no me dijiste nada? – exclamó alzando la voz.
- Te lo dije. Te dije que Raymond había muerto… Aunque no era necesario, tú sentiste el vínculo romperse cuando él falleció –
Adrian no respondió.
- Me pediste que me encargara – agregó Niko con cautela.
- ¿Te encargaste? ¿Fuiste a verla? ¿Hablaste con ella? –
- Lo hice. Le ofrecí nuestra ayuda, pero ella me dijo que su padre ya había dispuesto de todo y que unos vecinos le ayudarían a sepultarlo. Me aseguró que estaba bien y que no necesitaba nada más –
- ¿Y eso es todo? ¿Simplemente te fuiste y la dejaste sola? – sus ojos comenzaron a oscurecerse, su lobo luchando por salir a la superficie.
- No estaba sola. Los Stevenson me aseguraron que estarían pendientes de ella y un grupo de guerreros ayudó con la sepultura –
Adrian oprimió los puños.
- ¿Y dónde estaba yo? ¿Dónde estaba yo mientras ella me necesitaba? –
Niko no respondió. Sabía que Adrian no le hablaba, que su enojo no era contra él.
Era extraño verlo actuar así. No era que el alfa no se preocupara por su manada, claro que lo hacía; pero jamás se involucraba en el aspecto emocional. Sin embargo, luego de luego de ver a su pareja destinada por un breve momento, sus emociones estaban descontroladas. Era natural, después de todo, era alfa, su instinto era proteger a su pareja a toda costa.
- Adrian – Niko suavizó el tono - ¿Qué harás ahora? –
El hombre se llevó las manos al cabello.
- No lo sé – reconoció con frustración – No lo sé –