3.

1317 Words
Despertó con los primeros rayos del sol. Un leve vapor rodeaba el campo, apenas unas gotas de rocío en el césped. Exhaló un suspiro y tomando la forma de lobo, se dirigió de vuelta a la villa. Al llegar al campo de entrenamiento, recuperó la forma humana, tomó su ropa y se dirigió a la casa de la manada. Entró al edificio por la parte trasera y de inmediato, Nana Aura le salió al paso. - Alfa – saludó con una dulce sonrisa. - Nana – la rodeó con su brazo y besó su cabello. La mujer era como una segunda madre para él. Estaba a cargo de la casa de la manada desde que tenía memoria, una especie de ama de llaves que estaba siempre atenta a las necesidades de todos y hacía funcionar la casa con gran eficiencia. Sirvió diligentemente a sus padres, quienes la veían como una hermana y fue el sostén de su madre y de él mismo, cuando Alfa Julian murió. - Dejé en tu habitación agua para un baño – se separó e hizo una mueca – Lo necesitas – - No voy a desperdiciar agua en un baño – replicó el hombre y tomó un panecillo de la cesta que see encontraba sobre la mesa larga donde se preparaban las comidas – Puedes darle un mejor uso aquí, en la cocina – - Adrian Ferro – dijo ella con las manos en la cintura, muy seria y como si hablara con un niño – No recibirás a tu futura luna sucio y oloroso – - Acepté la ayuda de Kent porque nuestra fuente de agua se secó. No lo recibiré bañado y perfumado. En cuanto a la princesa, será mejor que se acostumbre. Las cosas aquí son diferentes – su tono era duro. - Adrian – algo de preocupación asomó en el rostro de la mujer – Si vas a aceptar a esa joven, debes tratarla como se merece. Si ella será nuestra luna, debes darle su lugar. Ella será tu pareja… - Nana, lo sé – exhaló un suspiro – y te aseguro que sabré dar su lugar a mi luna – - Será muy bueno para la manada – la mujer sonrió, aliviada – Será bueno para todos nosotros y en especial para ti… Una dulce y agradable jovencita que apacigue a ese lobo tan rebelde que tienes dentro de ti – - Estoy seguro que así será – asintió Adrian, pero no había ningún entusiasmo en su rostro – Envía una omega para que recoja el agua de mi habitación – antes que ella pudiera protestar, agregó: - Me limpiaré un poco, pero no me daré un baño completo. Realmente no podría desperdiciar toda esa agua, Nana – - Está bien. Tú eres el alfa – asintió la mujer con un gesto de rendición. - Gracias – - ¿Desayuno en tu estudio? – agregó dándose media vuelta para retomar sus labores. - Como siempre – esta vez, asomó una sonrisa sincera – Gracias, Nana – Cuando llegó a su habitación, encontró una muda de ropa limpia sobre la cama y en el baño, un barreño lleno de agua. Permaneció unos momentos observando el líquido cristalino. Realmente no había manera que se diera el lujo de usar toda esa agua. Tomó un poco en una jofaina, humedeció un trozo de tela y limpió su rostro, cuello y brazos. Eso sería suficiente. Luego de vestirse, dejó que la omega retirara el barreño y se dirigió a su estudio. Tomaba asiento cuando oyó la puerta abrirse y la fornida figura de Niko llenó el espacio bajo el dintel. - Buenos días, alfa – dijo con una sonrisa mientras se acercaba al escritorio. A la luz de la mañana, el parecido con Kostas era innegable. El antiguo beta había heredado a su hijo su contextura, el cabello oscuro y ojos pícaros, así como su temperamento calmo y llevadero. El viejo Kostas fue un gran beta para su padre, su más cercano amigo y consejero. Leal como ningún otro, pero no dudaba en decir lo que pensaba y llamar la atención al antiguo alfa sobre sus errores. Cuando Adrian asumió el liderazgo de la manada, continuó cumpliendo su labor con más ahínco y dedicación hasta que dos años atrás, Niko estuvo listo para tomar el lugar de su padre. - Buenos días. ¿Están todos en posición? – respondió lanzándole una breve mirada. - Así es. Tenemos dos patrullas en el borde oeste y algunos de nuestros mejores hombres distribuidos en el trayecto hasta la villa – respondió el joven muy serio - ¿Realmente crees que Kent pueda intentar algo contra nosotros? – - No podemos tener certeza que no lo hará. Pero no tomaré riesgos – Suaves golpes a la puerta les hicieron callar y sin aguardar respuesta, dos jóvenes omegas entraron al estudio con sendas bandejas. Dejaron el desayuno para ambos y se retiraron sin decir palabra. Terminaba de tomar sus alimentos, cuando Niko se incorporó. - La patrulla ya divisó la caravana – - ¿Caravana? – - Kent está a la cabeza. Tres carretas y algunos guerreros – - ¿Cuántos guerreros? – - Alrededor de quince – Lo consideró un momento. - Bien, que les dejen pasar. Alerta al resto de los guerreros – - Sí, alfa – los ojos de Niko se nublaron por unos instantes – Listo – dijo en cuanto acabó de trasladar las instrucciones – Todos están en sus puestos. El resto está distribuido en la villa y alrededor de la casa – - Bien – Permanecieron en silencio, cada uno en su sitio hasta que el beta cedió y comentó: - Bueno, supongo que llegó la hora. ¿Estás listo para esto? – - Solo espero que los hombres de Kent logren descubrir qué pasó con el manantial. Es todo lo que me importa – Adrian se puso de pie y dio la espalda a Niko. Miró a través de la ventana. No quería que su beta notara la tensión en su rostro, ni el nerviosismo que embargaba su cuerpo. “El alfa Kent ha llegado” oyó la voz de uno de sus guerreros a través del enlace. Ninguno de los dos hombres se movió por unos minutos. - ¿Adrian? – le llamó Niko con cautela. - Vamos – dijo sin mirarlo y se dirigió a la puerta. Desde el porche podía ver las carretas que se habían detenido a cierta distancia, en un descampado y solo una de ellas había continuado hasta detenerse frente a la casa. El propio alfa Kent era quien la conducía y fue el primero en bajar. Hizo un gesto de saludo a los dos hombres mientras rodeaba el vehículo y ayudó a bajar a una joven. Niko notó como el cuerpo de Adrian se tensaba a medida que ambos se acercaban. Era evidente que su lobo estaba agitado y el beta miraba con disimulo a los recién llegados y a su alfa, no muy seguro de a qué ses debía la repentina reacción del hombre o qué debía hacer. Adrian oprimió con fuerza los puños y no pudo contener un gruñido. - Mía – Su voz era más grave de lo usual y pronunció la palabra tan bajo, que Niko creyó que había escuchado mal. Pero Adrian mantenía la mirada fija al frente. Ya los visitantes habían llegado hasta ellos, así que se mantuvo en su sitio. Adrian dio dos pasos hacia el hombre y le tendió la mano. - Alfa Kent – se limitó a decir y luego se volteó a la joven – Grace… es un gusto verte de nuevo – - Hola, Adrian – ella le ofreció su mano a la vez que una semisonrisa se dibujaba en sus labios. Entornó sus grandes ojos café, bajo largas pestañas – Estoy encantada de estar en la manada Zafiro Azul –
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD