…Camille, acerca su rostro al mío, levanta la silla con ambos brazos, me arroja al suelo.
Solo puedo sollozar, me siento completamente inútil.
Yo desde hace tiempo sospechaba que algo raro estaba ocurriendo pero jamás imaginé que ella me haría esto, en realidad parece que a ella nunca le importe.
—¿Quieres saber algo interesante? —pregunta emocionada—, ya es tiempo de retirarme y hora de casarme, ¿Que dices Sami?, ahora ya no tiene valor para mí, ¡Yo no te necesito más Samantha!, no eres importante, ¡Ja, ja, ja!, y como no soyuna chica cruel compartiré mi felicidad contigo, ¿Adivina con quién me casaré?
Un mal presentimiento surge en mi corazón, siento que no agradara la respuesta, ella nunca hablo de nadie, solo yo hablaba sobre mi infancia y de él. Imposible, no puede ser.
—¡Bingo Sami!, si con él, Austin Frost es mi futuro esposo, ¿Tú lo conoces?, gracias a tí escuche de él y tenías razón, es imposible no amarlo, él era algo así como tu amor de la infancia, ¿No?, pues ahora es mi casi esposo, estoy tan feliz de darte la noticia, lo que sucede es de desde algún tiempo floreció nuestro amor, él ama mi música… Y ya es tiempo de aceptar su propuesta. — Ella dobla se cuerpo quedando a mi altura, su mano se extiende hacia mi cuello, yo solo cierro mis ojos, ¿Voy a morir?, pero ella solo arranca mi colgante de esmeralda, ¡No devuelmelo!, sujeto su tobillo. — ¡Gracias por el regaló querida hermana!.
¡No, no, Camille!, intento gritar, ella me patea y todo se vuelve oscuro.
Mi cuerpo se sacude, estoy convulsionado. , al abrir mis ojos solo espero oscuridad pero lo primero que veo es a Joaquin.
—¿Sam estás bien? —pregunta preocupado, la luz del cuarto esta apagada pero su tono de voz lo delata.
Su voz aún asi me reconforta, me trae paz.
—¿Tuviste de nuevo una pesadilla?.
—Si —susurró sujetando su mano, él acaricia mi cabello y me abraza.
—Estoy contigo, nadie te puede lastimar, no lo permitiré —Sus brazos, son calidos como él, gracias por salvarme, una y otra vez, mi cuerpo deja de temblar.
—¡Gracias!.
—Sam, ¿Sabes que no es necesario que susurres? —dice divertido, en estos momentos debe de tener una gran sonrisa adornando su rostro, le doy un golpe para que la borre, se está burlando de mi de nuevo.
—¡Cállate que lo sé!, pero te recuerdo que es de noche y que nuestros compañeros todavía duermen.
—Es verdad, pero aunque susurres eso no cambiaría nada, te recuerdo que en la universidad nos tratan a ambos como un par de hombres que se aman, ¡Ja, ja, ja!.
Rápidamente tapó su boca.
—¡Solo cállate! —Le suplico avergonzada.
Por mi culpa toda la universidad cree que somos un par de hombres valientes que no temen demostrar su amor pero no es todo mi culpa, él se burlan de mí sin mínima culpa y decoro, no es sorprendente que todos piensen así de nosotros, además contamos con la ayuda de nuestros compañeros de cuarto que son… ¡Tan reservados!, malditos chismosos se encargaron de sacarnos fotos y publicarla en el foro de la universidad de Bellas Artes y de Medicina, provocando que seamos citados por las respectivas autoridades de nuestras universidades para brindarnos su apoyo moral, desde entonces los admiradores de Joaquin se han multiplicado, ya que ahora no solo mujeres que intenta traerlo nuevamente para el lado que debe de estar, según la población femenina y por otro lado el público masculino no pierde la oportunidad para recordarme que es una injusticia del universo que semejante semental quiera estar con un desdichado flacucho sin atractivo alguno… ¡Eso dolió mucho!, justo en el orgullo que intentó recuperar, por lo tanto me convertí en la enemiga N°1 tanto de hombres como mujeres en ambas universidades.
—Sam, ¿Quieres que duerma contigo?.
—Si.
—Entonces escuálido sin atractivo s****l dale espacio a tu semental, jaja.
—¡Tu!. —Le doy un golpe.
—¡Ya cayesen y dejen de coquetear malditos, mañana tengo un examen, si quieren saciar sus necesidades paguen un hotel! —Grita nuestro inútil compañero Valderamo.
Esto no se quedará así, una mano obstruye mi boca, lanzó una mirada de muerte a Joaquin aunque no pueda verme. ¿Qué haces?, estaba por responderle al zoquete.
—Vamos a dormir Samantha Wilson, déjalo ser feliz, porque mañana va a llorar, cambie sus copias del examen de su escritorio, así que sin dudas reprobara —murmura orgulloso provocando que mi infelicidad desaparezca, Joaquin eres el mejor.
Me acuesto junto a él, me envuelve en sus brazos y me siento tranquila sin darme cuenta mis ojos ya se habían cerrado, pero aun así escucho su voz a la lejanía.
—Buenas noches pequeña, tu hermano te cuida, descansa.