—¡Sam!, no culpes por ser cruel contigo si no te despiertas, esta es tu última advertencia.
Tengo sueño. —¿Joaquín? —pregunto un poco desorientada.
—¡Por fin, hasta que despiertas!. ¡Ey!.
Le doy un manotazo para saco su mano de mi cara, hago una mueca. —¡Que energético que eres, hombre!, dejame dormir. —Intento cubrir mi cuerpo con las sabanas de nuevo.
—¿Así me agradeces?, no dejabas de quejarte —alega ofendido mientras hace una pose de diva antes. ¡Mis ojos!.
—Deja las sabanas.
Se encoje de hombros. —Recordé que esa era mi cama. Sal tienes examen.
—¡Sólo, cállate zoquete, dejame dormir!. —Le arrojó una almohada en el rostro. No saldre, me duele la cabeza.
—Auchhh, ¡Que asco!, alcohol desinfectante, algo, rapido que es para mi bello rostro, no sé para que utilizaron esta almohada, ¡Auxilio! —chilla a todo pulmón nuestro compañero de cuarto Manuel.
Respiro, intento tranquilizarme pero es muy difícil, y más al ver a ese tipo correr de punta a punta el cuarto, y aún más con la risa de fondo de Obrien , ¡Por favor, váyanse!.
—¡Sólo cállate, no te cansas de gritar! —Chillo más fuerte que él, ya me están cabreando sus gritos, todo mi autocontrol se fue a la basura. Estoy muy molesta despues de soñar con esa maldita bruja y más con mi maldita reacción, acarició mi garganta y tomó un trago de agua.
—Esa es mi agua.
—Nuestra agua Joaquín. —Dejo la botellita nuevamente en la mesa de luz.
—¡¿Qué me gritas flacucho?! —pregunta de mala manera ganándose una mirada de advertencia de parte de Joaquin. ¿Tiene efecto retardado este tipo?, ¿No?. Él muy cobarde retrocede, bajando su tono de voz. Joaquín eres muy útil a veces. —Soy inocente, es tú culpa Sam, me lo arrojaste en la cara, ¡¿Estas celoso de mi?!, ¡¿Intentas arruinar mi rostro con tus cochinos microbios?!, vaya a saber lo que contiene, ¿Cómo pueden dormir juntos sin ninguna vergüenza?.
Lo miro sin poder procesar sus palabras, ¿Tiene un agujero en el cerebro este tipo?, que alguien me explique como este intento de ser humano llegó hasta aquí, ¿Cómo ingresó a la universidad con esa clase de cerebro?.
—¿Eres serio con lo que dices?.
—¡Claro que sí!. —Me observa de manera desafiante.
Tengo la necesidad de arrojarlo por la ventana, si lo hago… ¿Su cerebro podría acomodarse y tener un poco de sentido lo que piensa?, solo estamos en el segundo piso, no creo que puede dañarse gravemente, mientras exista la posibilidad de que recupere su capacidad mental, al final podria reformarse y volverse una parte activa de la sociedad.
—¡Esa es mi almohada, la romperas!. —Le arrancó a mi bebé se sus brazos.
—Estaba buscando pruebas.
—Lo único que encontrarás son mis babas. —Le dedicó una sonrisa traviesa a Joaquín que al parecer capta mis pensamientos, y Manuel gira su rostro lleno de pánico hacia el único baño de la habitación, probablemente se este imaginando lo que le haré, intento atraparlo pero es veloz.
Toc…
La puerta se abre, sale el insoportable de Valdemaro que al verme hace una mueca desagradable, el sentimiento es mutuo, como los odio a ambos.
Manuel jala a Valdemaro hacia fuera e ingresa, sin olvidarse de cerrar la puerta con seguro, enseguida se escucha el sonido del agua, y sus gritos como si fuera una niñata.
—¡No tengo gérmenes de fealdad también en mi preciosa nariz, salgan de mi rostro, no quiero ser igual de antiestetico y flaco que él!, ¡Dios si me escuchas, soy yo nuevamente!.
—Sam, relájate. —Mi amigo sujeta mis hombros.
—Cuando esa puerta se abra, acabaré con él.
—Eso es ilegal —acota Obrien.
—¿Terminaste de reír?.
—Si.
—Suficiente, no puedes asesinarlo ni al él ni a los demás.
—¡¿Por qué?!.
—Él tiene razón, es ilegal, no valen la pena. —Pongo mi mejor cara de cachorrito mojado. —¡No funcionará Sam!.
Resoplo y abrazó se cintura. —¡Okey!.
—¡Repugnantes! —susurra Valderamo y Joaquín tapa mi boca antes que le pueda responder, que mas repugnante es su abuelita por dar luz a su padre y por culpa de él que naciera un intento de ser humano que no está en el mismo nivel que una cucaracha, y este claramente es él. Fijo mis ojos de forma acusatoria en Joaquin.
—Vamonos Sam, hoy tienes prueba, no lo olvides, debes de aprobar o no tendremos vacaciones, ambos queremos libertad, lejos de estos tipos, ¿No?, ¡Vamos!.—Empieza a arrastrarme hacia afuera.
Hay muchos ojos sobre nosotros, Joaquin se gira y me observa, sus ojos brillan con diversión.
—Ya te dije que no soporto a nuestros compañeros de cuarto, ¿Sabes la razón por la que todos nos observan?.
—Si y probablemente. —Voltea su rostro.
—¿Como que probablemente?.
—Creo que lo sé, Sam.
—Entonces dime, por algo te estoy preguntando.
—Te lo diré, pero debes de prometerme algo —dice intentando contener su risa
Yo también quiero saber, solo dimelo así nos reímos juntos.
—Si te lo prometo, ¿Me dirás?.
—¡Claro!.
—Ok, lo prometo, habla.
—Sam tu estas en pijama de conejo y llevas unas pantuflas que parecen unas bananas.
—¿Qué?. —Atónita me observo y él tiene razón.¿Por qué use este pijama con estas horribles pantuflas?. —¡Todo es tu culpa Joaquin Brodt!.
Los use porque te giras mientras te ronca el hocico y me dejas sin mantas.
—Sam no tienes palabra —contesta ofendido.
—¡Si la tengo!.
¿Por qué el enojado es él?
—No la tienes, prometiste no enojarte y mira como estas.
—¡Bien no estoy enojada pero… Sigue siendo tu culpa!.
Claro que lo estoy.
—Como sea deja de gritar que nos están mirando.
Joaquín esperame, estoy avergonzada no me dejes sola.
***
Los ojos de Sam se están llenando de lágrimas, me siento un poco más culpable ahora, juro que no lo hice a propósito.
Colocó mi chamarra sobre ella para tapar su pijama de conejo, no puedo entender como le gustan aún.
—¿Si quieres también cambiamos los zapatos?.
—No esta bien, tu pie es demasiado grande para mi.
Genial uno intenta ser amable y lo tratan de pie grande pero miro sus diminutos pies y sé que ella tiene razón, contemplo sus extrañas pantuflas, ¿Por qué las compro?, y, ¿Como puede ser tan alta con unos pies tan pequeños?, siendo mujer ella tiene una buena altura, 1,73 metros creó que es demasiado bueno.
—Deja de mirarme tanto, ya son suficiente los ojos sobre mi. Regresemos al cuarto, yo no voy a rendir nada en estas condiciones.
Ella es tan tierna cuando esta enojada, te dan muchas ganas de seguir burlándote.
—Sam acércate. —El sentimiento de desconfianza esta dibujado en todo su rostro. —¡Ven Sam! —La obligó a acercase a mi.
—¿Qué sucede ahora?.
—Tienes un moco —susurro suavemente.
—¡¿Qué?!.
—Tienes un moco pegado en la cara.
Ella se sobresalta y frota velozmente su rostro, su piel blanca se vuelve se tiñe levemente de rojo.
—Es suficiente, te harás daño.
—¿El moco se fue?.
—¿Qué moco?.
—¡Tú!, era todo una mentira.
—Quién sabe. —Contesto encogiéndome de hombros mientras corro, ella está realmente enfadada, sin dudas me golpeara, y yo soy un hombre recto a las mujeres no las golpeo pero eso a ella no le importa, me hará papilla.
—¡Brodt!, vuelve aquí.
—¡Jamás! —grito sin dejar de correr.