—Pero, mamá… —los ojos de Felicia estaban desencajados. —No me importa lo que pidan. —Respondió, con el pecho inflado de orgullo—. Pueden proponer cualquier ridiculez que se les ocurra. Sé que no voy a perder. —Entonces ¿Trato hecho? —Dijo Yelena. —Sí. Y el dinero no me importa. Me alcanza con que vos dejes de cursar. Ese va a ser un premio más que suficiente. Después le contaré a mis amigas de la iglesia cómo defendí la integridad de mi hija y al mismo tiempo saqué un adefesio del instituto. Valeria y Regina se dieron un apretón de manos, cerrando el acuerdo verbal. —¿Y cómo piensan demostrar que las fotos son reales? ¿Acaso son expertas en falsificaciones? —No, para nada —respondió Valeria—. A ver, las fotos parecen reales; pero más allá de eso no podemos afirmar nada con certeza.

