Te Ayudaré a Dormir
Anthea se sentó en la cama frustrada. No podía dormir. Se levantó para lavarse el rostro en el baño y suspiró. Debía dormir o la botarían químicamente. No quería pasar por eso otra vez. Storm la había tenido incomunicada en la Cúpula cuando sus habilidades se despertaron a sus doce años y su rango fue G3 como el de su padre. La mantuvieron sedada por días hasta que Cassis había aparecido en su habitación ordenando el inicio de su entrenamiento. El guía en persona se encargó de ejecutar su entrenamiento al punto de que la hizo querer morir como sus padres, pero también la decidió a ser más poderosa que ese bastardo. Y lo logró.
Cada prueba la pasó, cada tortura no pudo vencerla. Toda su energía se concentró en volverse más fuerte para derrotar al guía que había matado a sus padres. El día que su madre ayudó al esper que despertó sus habilidades en Delta y sus poderes, al intentar cubrir la energía descontrolada del niño, subió peligrosamente, Cassis ordenó la activación del implante. Anthea había visto los registros y su madre no había perdido el control, sólo mostró lo poderosa que era y eso hizo temer al guía ya que ella y su guía, su compañero, eran los más fuertes de su generación. Mucho más fuertes que Cassis, quien había vivido a la sombra de Lian Allen como los guías de tercer círculo.
La única manera de tener lo que tenían sus padres, el reconocimiento y el poder era deshaciéndose de ellos y el incidente de Delta sólo fue la oportunidad que necesitaba. Al matar a su madre, sabía que el guía no podría tolerarlo pues el dolor sería tan intenso como arrancar su corazón del pecho. Sólo se necesito hacer efectivo el “Principio de responsabilidad” que regía a los guías y que, en términos simples, debían pagar con su vida si su esper perdía el control.
“Maldito bastardo, pronto…Sólo un poco más…”, pensó al recordar a sus padres.
De pronto, escuchó el llamado de la puerta y se preguntó quién sería a esta hora. Caminó hacia ella y la abrió encontrándose con Seth de pie vestido con un pantalón de pijama y una bata abierta
- ¿Seth? – preguntó - ¿Todo está bien?
- ¿Puedo pasar? - preguntó con una voz extraña.
- Claro. - le dijo dejándolo entrar.
- ¿No puedes dormir? - le preguntó de improviso sentándose en una silla cercana a la ventana.
- Me cuesta dormir. Desde niña - reconoció la joven sentándose al borde de la cama frente a él - No puedo tomar nada porque afecta mis habilidades.
- Ya veo - dijo inclinándose hacia adelante con una mirada intensa, hambrienta. Anthea no podía ver lo sensual que se veía con una sudadera sin mangas y una pantaleta negra con el medallón colgando de su cuello. Bajó su mirada a sus senos y se detuvo en los pezones erectos bajo la tela - Puedo sentir que no puedes dormir. Tu frustración. Eso es lo que llamas SICOM.
- Puede ser - dijo con honestidad - o también que he sido muy ruidosa y te desperté.
Seth se levantó y se inclinó sobre ella haciéndola retroceder.
- No juegues conmigo, guía - advirtió con voz cargada - Solo te conozco hace dos días y siento que voy a explotar si no te tomo. No sé si es ese vínculo del que hablas lo que me atrae o lo descarada que eres. No me buscas y no te cuelgas de mi polla para obtener un beneficio. Eso me tiene confundido - Anthea no respondió. Sus sensaciones estaban centradas en su aroma a limpio, a jabón. Podía sentir su energía s****l. Lo vio ladear la cabeza mientras la miraba tocando su sexo sobre la pantaleta lo que la hizo temblar. Escuchó como respiraba pesado mientras tiraba la tela hacia abajo ordenando sin palabras que levantara las caderas para sacársela. La joven obedeció en silencio. Su mano cubrió su sexo para luego deslizar sus dedos por los pliegues.
Anthea gimió arqueando la espalda. Seth cerró los ojos disfrutando de los ruidos que salían de su boca al estimularla.
- Hueles bien - dijo inclinándose sobre su cuello pasando la lengua por su piel. Usó las manos para abrir sus piernas y luego bajó la cabeza hundiéndola entre sus piernas - Te ayudaré a dormir - le dijo mirándola hacia arriba con una sonrisa para después deslizar la lengua en la entrada y en su clítoris. Saboreó el líquido y le sonrió – También sabes bien - ronroneó ronco.
- Seth – jadeó.
- Sólo te probaré - le dijo alzando sus caderas para tener más acceso - Me estas volviendo loco. Estás muy mojada - La observó y se sorprendió al ver los tres círculos en su rostro al tiempo que la piel de su cuello, su clavícula y sus senos brillaban como si hubiese tenido polvo de brillantes - Dámelo cariño, quiero verte llegar - Tomó uno de sus senos sobre la tela masajeando su pezón haciéndola gemir.
La joven se retorció tratando de controlarse.
- No…- jadeó aferrando las sábanas controlando la bruma que comenzaba a rodearla. Tus estelas no están.
- ¿Vas a ser una chica desobediente? - se rio sobre sus pliegues haciéndola gemir mientras introducía los dedos en su interior. La estimuló sin piedad hasta que los espasmos la estremecieron cuando llegó al orgasmo - Buena chica - le dijo saboreando los dedos que habían estado en dentro de ella haciendo que Anthea contuviera la respiración ante el gesto lascivo - Métete a la cama, cariño - le dijo ayudándola mientras la arropaba - Me quedaré aquí hasta que te duermas - le acarició la cabeza con suavidad - Cierra los ojos - le dijo – puedo sentir tu energía a mi alrededor. Todo estará bien.
- Seth - la escuchó susurrar al quedarse dormida.
- Duerme cariño. – sonrió - Si el sexo oral fue tan bueno, estoy esperando estar en tu interior. - se dijo en voz alta pasando la lengua por sus labios. Aun podía sentir su sabor en la boca.
El joven suspiró concentrado en las sensaciones de su piel. Parecía que toda su piel ardía, pero en vez de ser sólo el calor de la lujuria y excitación; era como un escudo que lo cubría de la cabeza a los pies. Una coraza que lo blindaba equilibrando ese fuego haciéndolo sentir poderoso, pero infinitamente centrado. Era embriagador. Ese era el control del que hablaba Anthea. Su poder consciente, parte de él, sin estar oculto
- Esto es una locura. – murmuró mientras miraba a la mujer dormida en la cama.