bc

30 Días para vengarme de mi esposo

book_age18+
2.7K
FOLLOW
23.9K
READ
revenge
contract marriage
family
HE
opposites attract
boss
drama
sweet
bxg
lighthearted
city
like
intro-logo
Blurb

Melissa Hansen, una mujer de 25 años,dueña y diseñadora de joyas de la prestigiosa marca Georg Hansen, lleva cinco años atrapada en un matrimonio que nunca eligió. A los 20 años, fue obligada a casarse con Dante Olsen un frío y pragmático CEO de una poderosa empresa tecnológica geoespacial con inteligencia artificial, cumpliendo así con un antiguo pacto entre sus abuelos. La unión, dictada por conveniencia y ambición, condenó a Melissa a una vida de soledad y abandono. Dante, obsesionado con su carrera, la desterró a su país natal Dinamarca, tratándola como una simple pieza en el tablero de su vida empresarial. Años después Melissa recibe un diagnóstico devastador: cáncer de estómago en etapa terminal que le deja menos de dos meses de vida. Al enfrentarse a la cruda realidad de su mortalidad, se da cuenta de que ha desperdiciado años siendo la sombra de una vida que jamás fue suya. Sin embargo, en medio de la tristeza, un propósito surge en su interior: vengarse del hombre que la despreció sin siquiera conocerla. Por su parte, Dante, acostumbrado a dejar atrás todo aquello que no le resulta útil, había olvidado incluso que estaba casado, hasta que la presión de su mesa directiva lo obliga a tener un matrimonio que le permita mostrar estabilidad familiar un requisito que nuevos inversionistas árabes solicitan. Para su sorpresa, descubrir que ya tiene esposa se convierte en una solución temporal. Al contactar a Melissa para exigirle el regreso a Noruega, se encuentra con una mujer completamente distinta de la joven sumisa que abandonó. Melissa acepta presentarse, pero con una condición: deberán convivir durante 30 días en un modesto departamento, sin lujos ni servidumbres. Con el tiempo en su contra, Melissa inicia su plan para hacer de esos 30 días sean una pesadilla inolvidable para Dante, cargada de ingenio, ironía y situaciones hilarantes. Sin embargo, Dante, intrigado por esta nueva faceta de Melissa, se embarca en un viaje de autodescubrimiento y redención. Lo que comienza como una batalla de egos y resentimientos pronto se transforma en una historia llena de inesperada ternura, comedia y reconciliación, mientras ambos enfrentan la fragilidad de la vida y la posibilidad de un amor auténtico. Melissa y Dante descubrirán que incluso las segundas oportunidades más improbables pueden florecer en los lugares más oscuros, cuando el tiempo y el destino juegan su última carta.

chap-preview
Free preview
Prólogo
Melissa Hansen: —Señorita Melissa Hansen, pase por favor. — dijo la voz monótona de la enfermera. Sus palabras eran una orden disfrazada de cortesía. Me levanté de la incómoda silla de la sala de espera con las manos heladas y el corazón latiendo como si presintiera lo que estaba por venir. El aire parecía más pesado, como si cada paso hacia el consultorio me acercara no solo al médico, sino a una verdad que no estaba preparada para escuchar. Entré en la aséptica habitación, donde el doctor me esperaba, su rostro severo pero profesional. Me ofreció un asiento, pero todo en mí quería correr, huir de lo que sus ojos parecían decir incluso antes de que hablara. —Señorita Hansen, lamento informarle que usted tiene cáncer gástrico en etapa terminal.— dijo con voz neutra, carente de emoción. Sentí como si me hubieran arrojado un recipiente de agua helada. La frase, tan simple en su boca, fue un golpe que me destrozó. El suelo pareció desaparecer bajo mis pies,un zumbido ensordecedor se instaló en mis oídos. Mi voz salió débil, apenas un susurro: —¿No hay nada que hacer?— pregunté automáticamente. El doctor bajó la mirada, quizás para no enfrentar el abismo que se abría en mis ojos. Su respuesta fue breve, cortante, casi cruel: —No— así de seco y frío. Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos, pero me negué a dejarlas caer frente a él. Tenía que ser fuerte, aunque fuera una mentira. —¿Cuánto tiempo me queda?— pregunté El doctor suspiró, como si también estuviera cansado de entregar malas noticias. —Menos de dos meses.— respondió con voz grave. Asentí lentamente, como si al hacerlo pudiera convencerme de que estaba lista para enfrentar lo inevitable. Me levanté del asiento, salí del consultorio sin mirar atrás, mientras caminaba por el pasillo, las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas. Mi vida, en un instante, parecía una película que se proyectaba en mi mente a una velocidad dolorosa. Pensé en mi abuelo, el único ser que alguna vez me amó incondicionalmente, quien me dejó sola hace cinco años. Pensé en Dante, el esposo que nunca me mostró cariño, quien me desterró a este país como si fuera un estorbo. Recordé las palabras frías que me dijo el día después de enterrar el cuerpo de mi abuelo: —Deberás irte a Dinamarca. No me interesas. No podemos divorciarnos hasta dentro de diez años, pero quiero que estés lejos de mí, niñita. La forma en que pronunció “niñita” estaba cargada de desprecio, como si fuera una carga que simplemente debía tolerar por obligación. En ese momento, era una joven tímida, con gafas y un sentido de moda inexistente. Aún así, albergaba una pequeña esperanza de que, de alguna manera, podríamos construir algo juntos. Pero esas esperanzas se desmoronaron con sus palabras. El día que me envió a Dinamarca, lo hizo sin siquiera despedirse en persona. Me mandó a su chofer con una maleta directo en su jet privado. Desde entonces, no supe nada de él, excepto por la mensualidad que puntualmente se depositaba en mi cuenta. Un dinero que nunca toqué, porque no lo necesitaba ni quería nada que viniera de él. En Dinamarca, reconstruí mi vida desde cero. Descubrí mi pasión por el diseño de joyas, estudié y con esfuerzo, logré fundar una marca que ahora es un referente de lujo en el país. A pesar de todo, este país me dio un sentido de pertenencia, quizás porque mi madre era danesa y porque yo nací aquí .Pero incluso en mis momentos de éxito, la sombra de mi matrimonio vacío siempre estaba ahí, recordándome lo que nunca tuve: amor, apoyo, o un compañero real de vida Cuando llegué a mi departamento, el peso de todo lo que había reprimido se desbordó. Cerré la puerta, me dejé caer al suelo y rompí en un llanto desgarrador. —¡Maldita sea! ¿Por qué a mí?” grité, aunque nadie estaba allí para escucharme. Las lágrimas corrían sin control mientras mis pensamientos iban y venían. ¿Por qué no había acudido al médico antes? El ardor en el estómago había comenzado hace semanas, pero lo ignoré. Solo cuando vomité sangre me di cuenta de que algo estaba mal. Ahora era demasiado tarde. Me miré en el espejo del baño. Mis ojos estaban hinchados, mi rostro mostraba el cansancio de alguien que ha estado luchando contra algo más grande que ella misma durante años. Recordé el día de mi boda, el vestido blanco que mi abuelo eligió para mí, el primer beso que recibí de Dante. Era frío, sin alma, un gesto que para él no significaba nada, pero que para mí fue un momento inolvidable, aunque no por las razones correctas. —Cinco años— murmuré, mirando mi reflejo. —Cinco años desperdiciados en un matrimonio que solo existe en papel. Cinco años en los que nunca viví, nunca amé, nunca fui realmente feliz.— En medio de mi dolor, una idea comenzó a tomar forma. Tal vez no podía cambiar mi destino, pero aún tenía algo de tiempo. Tiempo para hacer algo que nunca había hecho antes: vivir y vengarme. Miré alrededor de mi departamento, impecablemente decorado con piezas de arte y muebles que reflejaban mi estilo. Este lugar, mi refugio durante años, ahora se sentía como una jaula. Quería salir, experimentar, sentir algo diferente antes de que fuera demasiado tarde. Y luego, como un destello, pensé en Dante. ¿Se acordaría siquiera de mí? ¿Habría pasado alguna vez por su mente el dolor y el abandono que me hizo sentir? Una sonrisa amarga se dibujó en mis labios mientras la idea de enfrentarme a él comenzaba a germinar. Si solo me quedaban unos meses de vida, tal vez era hora de ajustar cuentas. —Prepárate, Dante Olsen.— susurré con voz temblorosa pero decidida. —Esta vez, voy a ser yo quien dicte las reglas.— Con ese pensamiento, me levanté del suelo y me dirigí a la ventana. La ciudad de Copenhague se extendía frente a mí, iluminada por las luces de la noche. Mi tiempo era limitado, pero aún era mío. Y lo usaría para reclamar lo que me habían robado: mi vida, mi dignidad y mi voz. El destino es caprichoso y lo comprobé, pues unas semanas después de mi terrible diagnóstico, mientras trabajaba en mi más reciente diseño de joyería. La luz del atardecer se colaba por las ventanas de mi departamento, y el silencio era perfecto… hasta que el estridente sonido de mi celular rompió la calma. Fruncí el ceño al ver un número desconocido con código de Noruega. —¿Quién demonios,puede estar llamando a esta hora…?—murmuré mientras contestaba con cierta irritación. —¿Hola? —respondí con desgano, esperando que fuera alguna llamada equivocada o, en el peor de los casos, algún negocio que pudiera despachar rápidamente. Una voz grave y varonil, cargada de autoridad, resonó al otro lado. —¿Melissa Hansen? Algo en su tono me heló momentáneamente, pero no estaba preparada para lo que siguió. —Sí, soy yo —respondí con cautela. —Soy Dante Olsen. Tu esposo. El nombre cayó como una bomba. “Esposo”, pensé, la palabra era tan extraña en mis oídos como si me hablara en un idioma desconocido. —¿Esposo? —repetí, alargando la palabra con un sarcasmo evidente. —Sí, el único que tienes desde hace cinco años —contestó con esa seguridad prepotente que recordaba perfectamente. Mis labios se curvaron en una sonrisa irónica. —Ah, mira tú, qué casualidad. Yo ya había asumido que era viuda. Hubo un breve silencio al otro lado, como si estuviera procesando mi audacia. Luego, su risa breve y seca resonó en el auricular. —Sigues siendo la misma niñita insolente. “Niñita.” Esa palabra me encendió como un cerillo. Antes de que pudiera replicar, él continuó con tono imperativo: —Te necesito en Noruega mañana. Mi jet privado estará esperándote en el aeropuerto a primera hora. Su tono era tan brusco que apenas me dejó asimilar la frase. Mi cerebro se atascó en “te necesito”. ¿Desde cuándo Dante Olsen me necesitaba para algo? —¿Perdón? —pregunté, entre asombrada y divertida. —¿Acaso tengo que repetirlo? Haz tus maletas, Melissa, y asegúrate de estar en el aeropuerto. Me reí, una carcajada sincera que probablemente lo irritó más de lo que esperaba. —¿Y por qué iría? ¿Para qué me necesitas? —pregunté, con una mezcla de burla y genuina curiosidad. —Eso no te incumbe ahora mismo —contestó con sequedad.—Simplemente hazlo. —Oh, claro, porque siempre he sido tu marioneta, ¿verdad? —respondí, incapaz de ocultar mi sarcasmo.— Lamento decepcionarte, Dante, pero no voy a mover un dedo solo porque lo ordenes. —Melissa, no tengo tiempo para discutir. Haz lo que digo. —Pues tendrás que hacer tiempo, porque no pienso subir a ese avión —le solté con un tono desafiante antes de colgar. Me quedé mirando el teléfono como si todavía pudiera sentir su presencia al otro lado de la línea. La osadía de ese hombre no tenía límites. ¿Después de cinco años de abandono y silencio, ahora tenía el descaro de darme órdenes como si yo siguiera siendo esa chica tímida que enviaron lejos con una maleta y el corazón vacío? “Niñita”, había dicho. Esa palabra seguía retumbando en mi mente como un insulto. No, esta vez no sería la sumisa que simplemente aceptaba sus designios. Si él pensaba que podía manejarme como un objeto más de su colección, estaba a punto de descubrir lo equivocado que estaba, su arrogancia no gobernaría en mi. Me dejé caer en el sofá, cruzando los brazos con una sonrisa torcida. Claro que me picaba la curiosidad. Si Dante Olsen había decidido buscarme después de tantos años, era evidente que necesitaba algo de mí. Pero, ¿qué? Cualquiera que fuera la razón, no se lo pondría fácil. —Si cree que voy a bailar al ritmo de su música, está muy equivocado— pensé. De repente, una idea comenzó a formarse en mi mente, no pude evitar sonreír. Si Dante me quería en Noruega, tendría que ganárselo. Y yo disfrutaría cada segundo de hacerlo sufrir. Al final, el destino parecía estar alineándose a mi favor y mi último deseo antes de morir se iba a cumplir, mire el calendario de mi celular y calculando con lo que me quedaba de vida me daría: 30 días para vengarme de mi esposo.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

La esposa rechazada del ceo

read
220.3K
bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
64.9K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
26.2K
bc

Bajo acuerdo

read
48.6K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
56.5K
bc

Tras Mi Divorcio

read
575.0K
bc

Después del divorcio, me gané la lotería de Navidad

read
1.6K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook