Dante Olsen Hoy es el séptimo día viviendo con Melissa, es domingo y lo mínimo que esperaba era descansar. Pero como siempre Melissa tenía otros planes para mí. Me desperté abruptamente de un sueño en el que Melisa y yo estábamos en una escena digna de una película romántica… o tal vez una de esas más atrevidas. La bruma del sueño aún me envolvía cuando el estruendo de una puerta abriéndose de golpe me arrancó de mi ensoñación. ¿Qué demonios estaba pasando? Ahí estaba ella. Melisa, mi tormento y mi bendición, parada en el umbral de mi habitación con una olla en una mano y un cucharón en la otra, golpeándolos como si fuera el tambor mayor de una banda de guerra. —¡Levántate, CEO gruñón! —gritó con esa voz melodiosa que, de alguna forma, lograba sonar como una orden y una burla al mismo

