Dahlia Soler El tiempo es un arquitecto caprichoso, una fuerza que no usa escuadra ni cartabón, sino que erosiona las aristas del dolor hasta convertirlas en cantos rodados, suaves al tacto y fáciles de llevar en el bolsillo. Han pasado seis años desde que el último camión de escombros abandonó la Zona Cero, y hoy, el Parque de la Memoria no parece una cicatriz, sino el pulmón de una ciudad que ha aprendido a respirar hondo. Las copas de los robles y los arces que plantamos con tanto miedo ahora se entrelazan sobre nuestras cabezas, creando una catedral de sombra y luz que no le debe nada al hormigón de mi padre. —¡Mamá, mira! ¡He encontrado el Cimiento Cero! —el grito de Enzo Julián resonó entre los arbustos de lavanda. Me detuve, sintiendo un escalofrío involuntario recorriéndome la e

