Emily Ross
Fuego, está mujer es el fuego pero me encanto haberme quemado en ella fue un elixir del que no me arrepiento en lo absoluto.
— Eres exquisita mi bella rosa — rozó sus labios a los míos con una pequeña sonrisa.
— Y tú eres como una droga me has dejado adicta a ti, y al sexo rico que tuvimos.
— Pero debes irte y esa idea no me gusta, me toca despertarme de esto a la fuerza, no me gusta para nada volver a la realidad.
— Lastimosamente tienes la razón y debo regresar a casa, o mis papá será el que me regañe está vez y prefiero que lo haga la loca de mi madre.
— ¿Por qué lo dices?
— Me duelen más las palabras de mi papá que las de ella, aunque soy su hija no sabe nada de mí, al contrario de mi papá, él lo sabe todo.
— Es una realidad en algunas casas pero lo sabemos llevar.
Tal vez si fuera otra chica no me doliera tanto separarme de ella, pero esta chica me trae entre sus redes no puedo dejar alejarla me anda hechizando y aunque quiera ceder ante su cuerpo es difícil decirle que no.
— Es hora de irme —termina de colocarse el vestido que había traído puesto y me sigue pareciendo sexi en el.
— Dame un último beso —me acerco a ella para robarle un último beso propinando a la vez una nalgada que ha dejado hasta la palma de mi mano ardiendo.
Verla partir de nuevo me hace perderme entre los recuerdos de lo que estuvimos haciendo en mi habitación durante toda la tarde, no he durado tanto sin ella y ya la extraño como nunca.
Sus besos han sido mágicos, me dejaron aquel sabor de la dulzura y lo traviesa que ella puede llegar a ser. El morbo de volverla a tener entre mis brazos me hace perder la noción del tiempo, pero es que como no si en mi habitación aún se encuentra su olor, su perfume impregnado en mis sábanas dónde hasta hace poco estuvo envuelta; tanto que no he bajado a comer esperando alguna sorpresa más pero que más que lo que he obtenido hoy, ella es la maldad pura.
Jamás me cansaré de ella, y si lo hago seré un puto idiota.
Tomo un baño y me bajo a cenar, allí están mis padres pegados a la mesa con una ansias de comer, ley de mi casa comemos todos juntos en la mesa y se espera a que baje el último.
— Vaya que ha bajado el niño y que sonrisa la que trae —comenta mi madre guiñándome un ojo.
— Vamos mamá no empieces que es extraño.
— Qué el sexo, es normal en los jóvenes.
— Tu madre y yo cuando estábamos jóvenes cada que nos veíamos lo hacíamos.
— Tu padre está en lo cierto.
— Están locos ustedes, es hermosa sí, no pude resistir.
— Lastima que no pude verla, no pude conocer los gustos de mi hijo, pero tu madre ha dicho que es bellísima que incluso te has ganado la lotería con ella.
— ¿Tan poco te parezco para ella mamá?
— ¿Poco? No, solo que es bellísima y pues tú padre solo exagero el cuento.
— Que familia tan loca que traigo yo, espero que si algún día emily llega a cenar aqui se logren comportar, y no actúen como jóvenes.
— Nuestra alma es joven aunque nuestro cuerpo demuestre lo contrario.
— Si cómo sea, ya podemos cenar que tengo mucha hambre.
— Como no tener hambre si te han gastado toda la energía, escuché todo, esa chica es increíble.
— ¡Mamá por favor!
— Ya dale tranquilo, ahora sí dejemos el tema hasta allí.
Estar junto a mis padres en el comedor hablando de mi vida s****l es una total locura, por favor sentía que miraban al desnudez todo de mí, y hablar de emily así. Aunque mi madre tiene razón ella es increíble allí, no lo niego.
Envolverme entre sus curvas es como sentir caminar entre las estrellas o como flotar entre las nubes siendo ella mi única estrella y la más brillante de todas.
Ella es fuego, alrededor de ella están esas flamas como si fuera dueña del infierno, la creadora del deseo, el amor como nuestra diosa Afrodita, es como si ella hubiese heredado todo eso de ella.
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Es hora de volver a clases pero está vez con novia, y muy buena energía. Es momento de volver a ver a mi hermosa rosa: Emily ella mi bella rosa que está dejando ver un poco de sus pétalos con unas pequeñas espinas de adorno pero incapaces de lastimar.
Llegó a la escuela y aquellos ojos grises son lo primero que los míos encuentran, camino con cuidado para sorprenderla cómo ya la tenía acostumbrada pero ya no debo porque hacerlo así.
Al acercarme a ella le doy un beso al momento de girarla hacia mi, ella corresponde al darse cuenta que soy yo quien la besa con tanta pasión, ella y sus labios dulces llenos de humedad capaces de envolverme entre ellos y querer más.
— Buenos días mi reina.
— Buenos días rulos a qué se debe todo esto.
— ¿Que cosa? Yo solo estoy saludando cómo debería hacerlo con mi novia.
— ¿Y desde cuándo soy tu novia?
— Desde el día que te metiste en mi cama y que me hiciste tuyo.
— Me alegra que no quieras que nadie más que yo sea dueña de todo esto —dice mientras toquetea un poco mi abdomen por debajo de la camiseta.
— No solo hablo de mí, no quiero que nadie más sea dueño de todo eso que probé y quede enamorado aquella tarde.
— Me gusta que te pongas así, pero si no estás a mi lado no estaré allí esperando por ti.
— Ve pero yo tratando de ser romántico y tú contestas con una piedra en la mano.
— Para nada solo quise ser realista contigo.
— Cariño yo estaré siempre a tu lado, nunca estaré lejos.
— Creo que ya te he hablado de lo que opino de las promesas vacías.
— Está bien, no habrán más promesas, solo hechos.
— Así es, solo hechos porque las palabras se las lleva el viento.
— Como diga mi dueña.
— ¿Tu dueña?
— Si, tu eres la dueña de mí y de todo lo mío.
— Esto me está gustando más de lo que yo creía que llegaría a ser, ser dueña de ti no me lo esperaba.
— Creo que nuestra relación no será tan predecible.
— Dejemos que el tiempo nos lo diga.
Está mujer es una diosa, me vuelvo loco cada que la tengo cerca, quiero envolverme entre sus curvas y llenar todo su cuerpo de mis besos, acariciar cada centímetro de ella y admirarla como que obra de arte.
— Nos vemos después de clase mi rosa —digo yéndome a mi salón de clase separándome de ella aún cuando mi cuerpo quiere mantenerla cerca.
¿Será que de verdad me gusta esta chica? ¿Es posible que haya tenido amor a primera vista con ella? Esto es una completa locura, en serio esa locura existe no es solo ficción de las películas románticas, que horrible es pensar que nunca tendrías algo así y que al final aparezca alguien y te cautive por completo.
Está clase es tan aburrida, y lo peor de todo es que no tengo ni idea de que es lo que hablan por andar pensando en Emily, pero como no va ella robarse mis pensamientos si es quien me ayuda a sentirme bien durante todo el día o en el transcurso de la semana sin importar nada.
— Ethan — interrumpe la profesora mis bellos y excitantes pensamientos — si no está bien con la clase puede irse del salón y dejar volar su mente adónde sea que esté volando —se ha enojado la profesora.
— No estoy pensando nada por lo tanto puedo seguir en clase
— Más le vale o la próxima terminará en la oficina del director.
— No sé preocupe no volverá a suceder.
—Me parece bien, ahora continuemos con la clase sin interrupciones por favor.
Está profesora algunos días viene de un genio insoportable, y se desquita hasta con el que no hable en clase, yo jamás he Sido participativo y ella lo sabe pero aún sigue insistiendo en querer hacer que hable en clase, pero se cansará primero ella porque yo no hablaré para agradarle a nadie hice fiesta solo porque algunos quisieron que lo hiciera por nada más.
Entre menos gente haya en mi vida mucho mejor me va, algunos pueden atestiguar como yo que mucha gente a nuestro alrededor es porquería y la mayoría hipócritas y con eso no voy.
La alegria de mi corazón en estos momentos es emily y solo ella es quien me importa ahora, nada más en este momento de mi vida le quitaría su lugar en mi vida.