Emily Ross
Me miró al espejo y me gusta lo que veo, no hablo de mí vestimenta o de mi cabello sino de quién soy, me gusta pero siento que falta mucho por descubrir de mi misma. Yo soy la dueña de mi destino es verdad e incluso soy la que lleva el timón de mi alma con toda la fuerza de mi espíritu que es quien me anima a mi y a los demás a seguir con nuestras vidas aún si son consideradas inútiles y miserables.
Los humanos somos los mejor que Dios nuestro señor ha creado, pero algunos de ellos se han dedicado a menospreciar a los de su mismo ser, nos han pisado y machacado de una forma tan horrorosa que la solución para algunos es el suicidio.
¿Porqué estoy teniendo estos pensamientos? No tengo idea pero el notar como algunos humillan a otros para sentirse superiores hace que mi sangre hierba como que agua hirviendo en fuego alto, son todos insolentes, detesto a esas personas.
— Emily ¿Cómo te fue con Ethan? —Está chica nunca quiere perderse nada.
— Te dice algo está sonrisa que traigo y un cansancio en las piernas — sé que entenderá la referencia.
— No me diga que tú y él — Da un grito que me ensordece.
— Sí, es lo que estás pensando. Estuvimos ayer toda la tarde y casi no quería que me fuera.
— Dios mío yo sabía que ese arroz se cocinaría pronto, ustedes no disimulaban nada.
— Bueno eso es verdad, teníamos ganas y mucho más desde el día que me llevaste a su casa.
— Es que amiga tu eres candela pura ¿Cómo querías que el pobre se resistiera a ti? Si lo hubiese hecho de una te hubiera dicho que probablemente era gay.
— Bueno ya comprobamos que no lo era cierto, porque a mí me encanta satisfacerme en la cama y el nunca me dijo que no, y eso me gusta.
— Por lo menos supo hacerlo — ella sonríe levemente — ahora lo importante tengo cita en el salón de belleza y quiero que me acompañes y no quiero una respuesta negativa porque no cuentas más conmigo para llevarte adónde tu amor.
— Está bien, no te preocupes iré contigo pero espero que quedes hermosa.
— Te dije que me haría un cambio de look completo, hasta me cortaré el pelo.
— ¿De verdad? Pero si lo tienes larguísimo porque te lo cortas.
— Se que lo tengo largo pero creo que se me podría ver bien corto.
— No hagas esa locura todavía.
— Te dijeron algo tus padres ayer por haber llegado tarde.
—No, llegue a tiempo para cenar así que cero problema.
Siendo sincera pensé que iban a mencionar alguna palabra pero no cenamos todos en silencio, mi papá fue quien me preguntó después como me había ido y listo.
Aunque está mañana no sé que mosca le pico que me dijo que quería conocer a Ethan, estoy preparada para esto no, para nada, pero tengo una salida, tampoco mi padre es obstinado.
Envío uno que otro mensaje a Ethan y no faltan esas preguntas ardientes de lo que sucedió el día anterior.
— ¿Quieres repetir? — Envía aquel chico con un emoji de diablito, el morbo lo corroe.
— ¿Tu qué crees?
— Yo diría que si quieres repetirlo — y está en lo cierto quiero repetir aún cuando lo hicimos ayer durante toda la noche siento la misma necesidad de ayer de querer hacerlo hoy con él, pero el es todo un romántico empedernido.
— ¿Y eso estaría mal? — Tengo la inquietud porque falta mucho por conocernos y no se que le gusta en la intimidad.
— Si y no. La verdad no me gusta hacerlo muy seguido, así que no sabría saber si estarías de acuerdo conmigo de no volvernos adictos a esto.
Ha bajado mi ánimo ¿Será que no le gustó haberlo hecho conmigo? No estoy entendiendo esta parte, le gusta hacerlo pero no seguido ¿Será que me tendrá en abstinencia s****l? Que locura si lo haremos cada que me aparezcan telarañas allí abajo.
— Oye te dejo va a comenzar la última clase y debo estar atenta.
— No te preocupes mi rosa, yo ya me iré a casa, la maestra de geometría no llegó.
—Te envidio, yo tengo que estar viendo matemáticas justo ahora.
— Besos cariño y cuídate mucho al regresar a casa.
— Está bien, y tú ten cuidado.
Es allí dónde todo quedó en mi cabeza, no fui capaz de contarle a alguien aún cuando me preguntaba a mi misma y no encontraba respuestas ¿Será que soy yo la que está mal? No explicaba el porqué aún cuando mis razones seguían mi instinto y era que a mi cuerpo le encanta lo que sentía al momento de tener intimidad con alguien, esa furia dentro de mí siendo calmada como un balde de agua fria, el sexo era algo apasionante lleno de lujuria y deseo ese que me encantaba sentir por lo tanto por dónde lo mire es válido para mí.
Las personas creen que es malo que una mujer sienta deseo s****l, pero es parte de nuestra naturaleza al igual que como lo sienten los hombres.
Los hombre entran a un prostíbulo y calman el fuego con cualquiera aún cuando pagan, otros le calientan el oído a las chicas para poder llevarlas a la cama saciarse y dejarlas vuelta nada cuando notan que las ignoran.
Según ellos el amor se hizo para repartirle a todos, pero es que hay mujeres que les hace falta maldad y jugar con ellos también. No todas nacen para ser malvadas. No sé si yo tenga de eso, pero no me gusta que jueguen conmigo y tal vez eso sea un factor a mi favor.
— Es hora de irnos.
— Bueno vamos a comenzar con esta locura tuya rápido.
— Tu cuánto te quitarás ese rojo, siento que ya no va con tu color de ojos, no los resalta.
— Quiero echarme un n***o para hacerlos resaltar.
— Si, no sé porque siento que ya no te favorece, opacan tus ojos.
— Lo mismo me dijo Xandro ayer, que si cuando volvería al color de antes.
— Tu papá me cae tan bien, que si no fuera tu papá me lo tiraría, se ve que no le sentaría mal tener a alguien extra.
—Vamos estas hablando de mi papá.
— No puedo mentirte tu papá está bastante conservado, es ese típico entre más viejo más sabroso, como el vino.
— Dios bendito que clase de amiga tengo, te hace falta Jesús.
— A ti también te hace falta, no te me hagas la santa ahora cuando cabalgaste, gemiste, y gritaste pidiendo más sexo en una casa que no era ni tuya, pobre señora quedó traumada con tus gritos.
— No me hagas recordar eso que me da pena, pensé que no estaba en casa ya que cuando llegue ella iba de salida.
— Pues te salió viva la señora — se burla de mi la muy loca — asi que eres más pecadora que yo — me saca la lengua como niña chiquita.
— Bueno olvidemos esa parte y comencemos con lo tuyo.
Hoy es un día diferente al de ayer, una realidad como similitud y diferencia las mismas personas caminan entre sí, conocidos volviéndose desconocidos y desconocidos volviéndose amigos y hasta algo más.
Muchos pueden estar caminando en estos momentos con lágrimas cayendo por sus mejillas siendo la lluvia quien la camufle hasta llegar a casa, y otro pueden estar bailando como niños con el amor de su vida, y otros apenas conociendo a quien es su media naranja.
— ¿Que tal estoy?
— Te ves hermosa y que bueno que no te cortaste el cabello.
— Sabia que te gustaría.
— Es que un tono así te queda bien, pero esas de pintarte colores arcoiris.
— Jamás me lo he pintado tipo arcoiris, no exageres.
— Vamos a tomarte foto.
Está amiga mía es la mejor que tengo, no sé que llegaría a ser de mis días si Jimena no estuviera, seguro serían aburridas.
— ¿Te viste con el chico que me contaste?
— Si, es mucho más guapo en persona.
—¿Y?
— Pues estuvimos tomando un poco en el bar, bailamos, y andamos por todo camino cantando como locos, al llegar a mi casa me besó y sabes que opino de ellos.
—Si, que un beso no se le niega a nadie.
— Exacto. Así que me lo comí a besos y si que lo hace delicioso me preguntó si será igual en la cama.
— Seguro que si, la mayoría de los que besan así de intenso lo hacen rico en la cama.
— Espero que se me haga el milagrito y pueda comer de esa manzana.
—Bueno esperemos que puedas comer de ese chico y calme ese cosquilleo que llevas.
— No me hagas reír que nos podríamos estrellar.
— Está bien, no te voy distraer pero mantente en el volante.
Amo a mi amiga, es mi confidente es como una hermana, a pesar de que ya tengo una, pero no soy de hablar con Arantxa ya que ella es muy diferente a mi. Al menos que Jimena y yo somos como dos gotas iguales, pareciera que fuera de mi sangre, pero ella es mi hermana de otra madre.
Me miró al espejo y me gusta lo que veo, no hablo de mí vestimenta o de mi cabello sino de quién soy, me gusta pero siento que falta mucho por descubrir de mi misma. Yo soy la dueña de mi destino es verdad e incluso soy la que lleva el timón de mi alma con toda la fuerza de mi espíritu que es quien me anima a mi y a los demás a seguir con nuestras vidas aún si son consideradas inútiles y miserables.
Los humanos somos los mejor que Dios nuestro señor ha creado, pero algunos de ellos se han dedicado a menospreciar a los de su mismo ser, nos han pisado y machacado de una forma tan horrorosa que la solución para algunos es el suicidio.
¿Porqué estoy teniendo estos pensamientos? No tengo idea pero el notar como algunos humillan a otros para sentirse superiores hace que mi sangre hierba como que agua hirviendo en fuego alto, son todos insolentes, detesto a esas personas.
— Emily ¿Cómo te fue con Ethan? — Está chica nunca quiere perderse nada.
— Te dice algo está sonrisa que traigo y un cansancio en las piernas — sé que entenderá la referencia.
— No me diga que tú y él — Da un grito que me ensordece.
— Sí, es lo que estás pensando. Estuvimos ayer toda la tarde y casi no quería que me fuera.
— Dios mío yo sabía que ese arroz se cocinaría pronto, ustedes no disimulaban nada.
— Bueno eso es verdad, teníamos ganas y mucho más desde el día que me llevaste a su casa.
— Es que amiga tu eres candela pura ¿Cómo querías que el pobre se resistiera a ti? Si lo hubiese hecho de una te hubiera dicho que probablemente era gay.
— Bueno ya comprobamos que no lo era cierto, porque a mí me encanta satisfacerme en la cama y el nunca me dijo que no, y eso me gusta.
— Por lo menos supo hacerlo — ella sonríe levemente — ahora lo importante tengo cita en el salón de belleza y quiero que me acompañes y no quiero una respuesta negativa porque no cuentas más conmigo para llevarte adónde tu amor.
— Está bien, no te preocupes iré contigo pero espero que quedes hermosa.
— Te dije que me haría un cambio de look completo, hasta me cortaré el pelo.
— ¿De verdad? Pero si lo tienes larguísimo porque te lo cortas.
— Se que lo tengo largo pero creo que se me podría ver bien corto.
— No hagas esa locura todavía.
— Te dijeron algo tus padres ayer por haber llegado tarde.
— No, llegue a tiempo para cenar así que cero problema.
Siendo sincera pensé que iban a mencionar alguna palabra pero no cenamos todos en silencio, mi papá fue quien me preguntó después como me había ido y listo.
Aunque está mañana no sé que mosca le pico que me dijo que quería conocer a Ethan, estoy preparada para esto no, para nada, pero tengo una salida, tampoco mi padre es obstinado.
Envío uno que otro mensaje a Ethan y no faltan esas preguntas ardientes de lo que sucedió el día anterior.
¿Quieres repetir? — envía aquel chico con un emoji de diablito, el morbo lo corroe.
— ¿Tu qué crees?
— Yo diría que si quieres repetirlo — y está en lo cierto quiero repetir aún cuando lo hicimos ayer durante toda la noche siento la misma necesidad de ayer de querer hacerlo hoy con él, pero el es todo un romántico empedernido.
— ¿Y eso estaría mal? — tengo la inquietud porque falta mucho por conocernos y no se que le gusta en la intimidad.
— Si y no. La verdad no me gusta hacerlo muy seguido, así que no sabría saber si estarías de acuerdo conmigo de no volvernos adictos a esto.
Ha bajado mi ánimo ¿Será que no le gustó haberlo hecho conmigo? No estoy entendiendo esta parte, le gusta hacerlo pero no seguido ¿Será que me tendrá en abstinencia s****l? Que locura si lo haremos cada que me aparezcan telarañas allí abajo.
— Oye te dejo va a comenzar la última clase y debo estar atenta.
— No te preocupes mi rosa, yo ya me iré a casa, la maestra de geometría no llegó.
— Te envidio, yo tengo que estar viendo matemáticas justo ahora.
— Besos cariño y cuídate mucho al regresar a casa.
— Está bien, y tú ten cuidado.
Es allí dónde todo quedó en mi cabeza, no fui capaz de contarle a alguien aún cuando me preguntaba a mi misma y no encontraba respuestas ¿Será que soy yo la que está mal? No explicaba el porqué aún cuando mis razones seguían mi instinto y era que a mi cuerpo le encanta lo que sentía al momento de tener intimidad con alguien, esa furia dentro de mí siendo calmada como un balde de agua fria, el sexo era algo apasionante lleno de lujuria y deseo ese que me encantaba sentir por lo tanto por dónde lo mire es válido para mí.
Las personas creen que es malo que una mujer sienta deseo s****l, pero es parte de nuestra naturaleza al igual que como lo sienten los hombres.
Los hombre entran a un prostíbulo y calman el fuego con cualquiera aún cuando pagan, otros le calientan el oído a las chicas para poder llevarlas a la cama saciarse y dejarlas vuelta nada cuando notan que las ignoran.
Según ellos el amor se hizo para repartirle a todos, pero es que hay mujeres que les hace falta maldad y jugar con ellos también. No todas nacen para ser malvadas. No sé si yo tenga de eso, pero no me gusta que jueguen conmigo y tal vez eso sea un factor a mi favor.
— Es hora de irnos.
— Bueno vamos a comenzar con esta locura tuya rápido.
— Tu cuánto te quitarás ese rojo, siento que ya no va con tu color de ojos, no los resalta.
— Quiero echarme un n***o para hacerlos resaltar.
— Si, no sé porque siento que ya no te favorece, opacan tus ojos.
— Lo mismo me dijo Xandro ayer, que si cuando volvería al color de antes.
— Tu papá me cae tan bien, que si no fuera tu papá me lo tiraría, se ve que no le sentaría mal tener a alguien extra.
— Vamos estas hablando de mi papá.
— No puedo mentirte tu papá está bastante conservado, es ese típico entre más viejo más sabroso, como el vino.
— Dios bendito que clase de amiga tengo, te hace falta Jesús.
— A ti también te hace falta, no te me hagas la santa ahora cuando cabalgaste, gemiste, y gritaste pidiendo más sexo en una casa que no era ni tuya, pobre señora quedó traumada con tus gritos.
— No me hagas recordar eso que me da pena, pensé que no estaba en casa ya que cuando llegue ella iba de salida.
— Pues te salió viva la señora — se burla de mi la muy loca — asi que eres más pecadora que yo —me saca la lengua como niña chiquita.
— Bueno olvidemos esa parte y comencemos con lo tuyo.
Hoy es un día diferente al de ayer, una realidad como similitud y diferencia las mismas personas caminan entre sí, conocidos volviéndose desconocidos y desconocidos volviéndose amigos y hasta algo más.
Muchos pueden estar caminando en estos momentos con lágrimas cayendo por sus mejillas siendo la lluvia quien la camufle hasta llegar a casa, y otro pueden estar bailando como niños con el amor de su vida, y otros apenas conociendo a quien es su media naranja.
— ¿Que tal estoy?
—Te ves hermosa y que bueno que no te cortaste el cabello.
— Sabia que te gustaría.
—Es que un tono así te queda bien, pero esas de pintarte colores arcoiris.
—Jamás me lo he pintado tipo arcoiris, no exageres.
—Vamos a tomarte foto.
Está amiga mía es la mejor que tengo, no sé que llegaría a ser de mis días si Jimena no estuviera, seguro serían aburridas.
—¿Te viste con el chico que me contaste?
— Si, es mucho más guapo en persona.
— ¿Y?
— Pues estuvimos tomando un poco en el bar, bailamos, y andamos por todo camino cantando como locos, al llegar a mi casa me besó y sabes que opino de ellos.
—Si, que un beso no se le niega a nadie.
—Exacto. Así que me lo comí a besos y si que lo hace delicioso me preguntó si será igual en la cama.
—Seguro que si, la mayoría de los que besan así de intenso lo hacen rico en la cama.
—Espero que se me haga el milagrito y pueda comer de esa manzana.
—Bueno esperemos que puedas comer de ese chico y calme ese cosquilleo que llevas.
—No me hagas reír que nos podríamos estrellar.
— Está bien, no te voy distraer pero mantente en el volante.
Amo a mi amiga, es mi confidente es como una hermana, a pesar de que ya tengo una, pero no soy de hablar con Arantxa ya que ella es muy diferente a mi. Al menos que Jimena y yo somos como dos gotas iguales, pareciera que fuera de mi sangre, pero ella es mi hermana de otra madre.
Me encanta cuando podemos pasar estos locos momentos juntas, ella y yo somos todos lo que tenemos en nuestros días.
Somos nuestra felicidad.