Cuando salimos de la clínica, Alex me llevó a almorzar. Me sentía mimada, lo confieso, como nunca me había sentido. —Se ve todo muy rico y muy caro —dije al ver los precios. Eran unos platillos que jamás podría pagar, quizás con unos meses de sueldo sin gastar. Espero que sean tan buenos como su precio. —Te traje aquí porque es mi restaurante favorito, pide lo que quieras. Aquí no tienes que preocuparte por las calorías o grasas que te hacen daño en el embarazo —explicó. —Si tú lo dices —me animé a pedir algo. El mesero anotó la orden de Alex y la mía. Mientras esperábamos la comida, veíamos la foto del ultrasonido que nos había dado la doctora. —Se ve que te llevas bien con ella —comenté. —Sí, éramos amigos en la universidad. —Sí, lo supe —dije, apretando los labios. —Cuéntame de t

