MESES DESPUÉS
El resultado estaba más que claro. Alexander se había hecho la prueba de paternidad mientras yo ya estaba en una etapa avanzada del embarazo. Apenas respondía sus mensajes desde la última vez que nos vimos, que fue cuando le hablé sobre el bebé. Rara vez hablábamos. Y ahora estamos aquí, observando el resultado en el papel donde dice que es positivo y que Alexander es el padre de mi hijo.
—Felicidades, señor Norrison, es padre.
—No lo puedo creer.
—Pues créelo —dije, tomando mi bolso y poniéndome de pie. El embarazo me ha puesto de mal humor últimamente—. ¿Nos vamos? Solo quiero acostarme.
Tengo casi seis meses de embarazo y me siento fatal, cansada y con sueño todo el tiempo.
Salí de la sala; Alexander me siguió.
—Espera... tenemos que hablar de esto. Créeme, el hecho de que vaya a tener un bebé cambia todo en mi vida —dice, medio frustrado—. No estoy diciendo que no me haré cargo, solo que... es inesperado.
—Pensabas que mentía, ¿verdad? Tenías la esperanza de que el resultado diera negativo. Mira, Alexander, si no te quieres hacer responsable, está bien, no tienes que fingir que lo deseas.
—No estoy diciendo eso, y claro que me haré cargo —dijo con seriedad—. Es más, esta noche quiero que vengas a cenar a casa de mis padres; quiero darles la noticia y no esperar hasta que nazca —añadió.
—¿Tus padres? No creo que sea buena idea. Podríamos mantenerlo en secreto, no es necesario que todo el mundo lo sepa.
—Vas a tener un hijo de Alexander Norrison, Anastasia. Nada podrá mantenerse en secreto a partir de ahora. Casi no tengo vida privada y de alguna manera lo iban a descubrir. Solo quiero hacer las cosas bien.
Lo pensé un poco. Al fin y al cabo, son los abuelos de mi hijo.
—Está bien. ¿A qué hora pasas por mí?
—A las siete, ¿te parece bien?
Asentí.
—¿Quieres comer algo?
—No, tengo un poco de náuseas, solo quiero acostarme un rato.
—Está bien, te llevo a casa —me dice, caminando junto a mí hasta su coche.
•
Alexander me dejó en casa y se fue de inmediato. No debe de ser fácil para él saber que tendrá un hijo con una mujer que apenas conoce y que probablemente no encaja en sus estándares. Quizás lo de aquella noche fue solo por el alcohol.
Subí a casa y me fui directo a mi habitación. Mis padres no están conformes con mi embarazo; claro, aún no saben que el padre es un millonario que se hará cargo. Solo me juzgan y critican por haberme embarazado tan pronto.
Ahora tendré que asistir a una cena con los padres de Alexander. Si algo he oído es que su familia es muy poderosa y exigente. No creo que les haga gracia que alguien como yo tenga a su nieto. ¿Qué me voy a poner? No tengo ropa de marca y menos de diseñador.
Dios, ¿qué estoy diciendo? No necesito la aprobación de nadie. Comí algo de fruta, porque hoy es mi día libre de trabajo. A mi jefe no le gusta que siga trabajando estando embarazada, con lo notoria que ya es mi panza. Todo se desmorona. Quise llorar de desesperación porque así es como me siento, desesperada. ¿Qué haré yo sola con un bebé? Tal vez Alexander esté pendiente y aporte dinero para sus gastos, pero no será lo mismo que esté conmigo todo el tiempo, ayudándome. No tengo a nadie que me apoye y eso me frustra.
Estoy tan sola.
Busqué un vestido blanco largo, ajustado al cuerpo. Me puse unos converse y me alisé el cabello. Me maquillé un poco para no dar tan mala impresión. Supongo que estaba lista. El reloj marcaba casi las siete de la noche y aún no recibo ningún mensaje de Alex. Ojalá haya cancelado el plan.
Alguien toca la puerta.
Me levanto y voy a abrir.
—Alex. Tenía la esperanza de que no vinieras —admití.
—¿Por qué?
—Porque... no creo que sea buena idea la cena con tus padres.
—Ya les dije —contestó—. Les conté toda la verdad. Ahora saben que voy a ser padre.
—¿Y cómo lo tomaron?
—Mis padres son algo especiales, pero no necesito la aprobación de nadie para decidir qué hacer con mi vida. Solo estoy cumpliendo con decirles que serán abuelos. Quieren conocerte. Vamos, no tengas miedo —me tendió la mano.
Tomo mi bolso y salgo, ignorando por completo su mano extendida.
—Necesitas mudarte a otro lugar —me dice mientras bajamos las escaleras. Por desgracia, este edificio no tiene ascensor, y cada vez que tengo que subir y bajar es un suplicio para mí.
—¿Por qué?
—Quiero estar más cerca de mi hijo y vives algo lejos. Además, quiero lo mejor para él —dijo.
—Es lo que puedo pagar, Alexander —salimos a la calle solitaria. Es un barrio peligroso, de milagro no le han robado nada del coche a Alex. Aunque a unos metros vi un coche n***o; parece que Alex siempre anda protegido con guardaespaldas.
¿De qué me sorprendo? Es un hombre importante.
Nos subimos al coche y arrancó.
•
La mansión de sus padres era increíblemente hermosa. Es más grande que la casa de Alexander. Me siento nerviosa, lo admito. Sé que no soy nada para Alex y que ellos habrían preferido a una de esas empresarias o modelos con las que siempre se rodea. ¿Por qué tuve que ir a ese club esa noche? Ese fue mi "efecto mariposa".
—¿Estás bien? —me pregunta mientras vamos entrando.
—Sí.
Una señora y un señor se acercan. La señora es rubia y muy hermosa; apenas se le nota la edad, parece joven. O quizás tuvo a Alex muy joven.
—¿Es ella? —preguntó la señora con desagrado.
Empezamos mal.
—Sí, mamá, controla tu tono.
—Pues... mucho gusto —me miró de pies a cabeza.
—Hola, soy el padre de Alexander, Dominique Norrison.
—Mucho gusto, señor —le tendí la mano—. Soy Anastasia Méndez.
—Méndez... —murmuró la señora.
Ok, perdón por no tener un apellido importante.
—Yo soy Georgia, la madre de Alex. Nos habló del embarazo y de la prueba. Cariño —se dirigió a Alex—, a veces esas pruebas fallan, ¿fuiste con nuestro doctor? Es una eminencia.
—Exactamente fui con él. Si quieres, llámalo y compruébalo por ti misma —le dijo Alexander en tono frío.
—Tranquilízate —dijo Georgia—. Solo fue una recomendación. Es que... no puedo creer que hayas dejado embarazada a una chica y que hasta ahora nos lo digas.
El ambiente se estaba poniendo muy tenso y eso que ni siquiera habíamos entrado por completo a la casa. Y de la cena, ni se diga.
—Querida... —dijo Georgia, dirigiéndose a mí—, ¿no has pensado en... abortar?
—¡Mamá! —gritó Alexander en un tono frío e intimidante—. ¿Qué demonios estás diciendo?
—Puede que solo quiera tu dinero, hijo, solo quiero protegerte.
—Georgia, cálmate —le dijo el señor Dominique.
—¡Suficiente! Solo quería que supieran que seré padre y que me haré responsable. Les advertí sobre esto, así que olvídense de lo que habíamos hablado. Vámonos, Ana —me tomó de la mano y salimos de la casa en dirección al coche.
Genial, todo fue un fracaso, y yo me sentí poca cosa y humillada.