Leonardo subió silenciosamente a la habitación de Jenn. Quería asegurarse de que todo estuviera “en orden”, no entró, solo se quedó detrás de la puerta entreabierta, lo suficiente para escuchar. Jenn hablaba por teléfono. Su tono era urgente, como si estuviera pidiendo ayuda o confirmando algo importante. No alcanzó a oír que hablaba con alguien y decía el nombre “Toribio”, eso fue suficiente para sentirse amenazado. Se retiró sin hacer ruido, bajó con pasos firmes y fue directo a su maletín. Sacó el pequeño frasco de Rohypnol y un pañuelo limpio. Humedeció la tela con precisión y volvió a subir, esta vez en silencio absoluto, como una sombra. Jenn estaba sentada en la cama, aún con el teléfono en la mano. Leonardo se le acercó por detrás. No le dio tiempo de girarse. Le cubrió la boca y

