Al otro día Sam se despertó completamente desorientada. Miró a su alrededor y estaba en la cama del cuarto que le habían dado en la increíble mansión de la escritora Nasha. El cabello de esta desparramado sobre la almohada contigua. Tenía olor a limpio, como a flores tropicales. Estaba desnuda, y ella también...y todos los recuerdos de la noche anterior fluyeron en la mente de Sam. Mierda que esa mujer cogía bien, y su lengua era de otro mundo, la forma en que la había lamido de solo pensarlo se ponía cachonda... Como si la hubiera sentido la mujer se dio vuelta en la cama, haciendo que se moviera la sabana revelando sus pechos redondos y perfectos, abrió los ojos y la miró relamiéndose los labios. — Buenos días hermosa... — susurró y la encerró en sus brazos para darle un beso

