**Capítulo 3: La Revelación**
Los días pasaron, y mi embarazo avanzaba. Jake y yo habíamos decidido que necesitábamos tener una conversación seria sobre cómo íbamos a enfrentar este nuevo desafío. Una noche, mientras compartíamos una cena casera en mi pequeño apartamento, decidimos que era el momento adecuado.
"Jake, hay algo importante que necesitamos discutir," le dije mientras retirábamos los platos vacíos.
Él asintió, con una mirada seria en su rostro. "Sé a lo que te refieres. Necesitamos hablar sobre cómo vamos a criar al bebé, ¿verdad?"
Asentí, agradecida de que Jake estuviera dispuesto a abordar el tema. "Exacto. Tenemos que pensar en todos los aspectos de esto: dónde viviremos, cómo dividiremos las responsabilidades y cómo planearemos el futuro."
Jake se tomó un momento para pensar antes de hablar. "Primero, sobre la vivienda. Mi apartamento es demasiado pequeño para tres. ¿Qué te parece si buscamos un lugar juntos?"
La idea de vivir juntos me llenó de esperanza. "Eso suena bien, Jake. Creo que sería lo mejor para el bebé y para nosotros. Pero también necesitamos asegurarnos de que sea un lugar donde ambos estemos cómodos."
Jake asintió. "Definitivamente. Vamos a buscar un lugar que funcione para ambos."
La conversación se tornó más fácil a medida que hablábamos sobre nuestras expectativas y deseos. Ambos compartimos nuestras ideas sobre cómo deberíamos dividir las responsabilidades de crianza, y Jake expresó su deseo de estar presente en cada etapa del embarazo y en el parto.
"Quiero estar allí cuando el bebé nazca", dijo con determinación. "Es una experiencia que no quiero perderme."
Sus palabras me conmovieron, y supe que estaba comprometido con la paternidad. "Eso significa mucho para mí, Jake. Quiero que seas parte de todo esto."
La conversación nos llevó a hablar sobre nuestras familias. Ambos acordamos que era importante informar a nuestros padres sobre la situación. Jake sintió que debía ser él quien hablara primero con los suyos.
"Les diré a mis padres este fin de semana," anunció Jake. "No va a ser fácil, pero es lo correcto."
Le sonreí agradecida. "Eso sería genial. Yo haré lo mismo con los míos."
A medida que hablábamos de las dificultades que enfrentaríamos, también compartimos nuestros sueños y esperanzas para el futuro. Hablamos sobre lo que queríamos para nuestro hijo, y cómo podríamos brindarle un ambiente amoroso y estable.
"Creo que podemos hacerlo, Jake," le dije con confianza. "Vamos a ser padres increíbles."
Él asintió, con una sonrisa en su rostro. "Sí, lo sé. Vamos a enfrentar esto juntos, sin importar lo que venga."
La conversación continuó hasta bien entrada la noche, y al final, nos dimos cuenta de que habíamos tomado un gran paso en la dirección correcta. Sabíamos que había desafíos por delante, pero estábamos dispuestos a enfrentarlos juntos.
Pasaron las semanas, y Jake y yo comenzamos a buscar un nuevo lugar para vivir. La idea de tener un espacio propio para criar a nuestro hijo nos emocionaba. Visitamos apartamentos, debatimos sobre la ubicación y el espacio disponible, y finalmente encontramos uno que sentimos que sería perfecto para nuestra nueva familia.
Cuando firmamos el contrato de arrendamiento y nos mudamos, la emoción llenó el aire. Jake y yo estábamos listos para comenzar esta nueva etapa de nuestras vidas juntos. Nos unimos al preparar la habitación del bebé, eligiendo colores y decoración que nos hicieran sentir emocionados por la llegada de nuestro hijo.
Cada ecografía era una experiencia emocionante, y Jake estuvo a mi lado en cada una de ellas. Ver la imagen de nuestro pequeño bebé en la pantalla nos hacía sentir más unidos que nunca. Jake estaba aprendiendo rápidamente sobre el embarazo y la paternidad, y estaba ansioso por ser un padre amoroso y dedicado.
Los días se volvieron una mezcla de anticipación y nerviosismo a medida que nos acercábamos a la fecha de parto. Planeamos el baby shower con la ayuda de amigos y familiares, y fue un día lleno de risas y regalos, que nos recordó cuánto apoyo teníamos en esta nueva etapa de nuestras vidas.
Con el tiempo, los temores y las dudas que habíamos enfrentado al principio se disiparon. Nuestra unión se fortaleció, y aunque el camino no siempre fue fácil, Jake y yo estábamos decididos a enfrentar los desafíos de la paternidad juntos.
Las semanas pasaron y finalmente llegó el momento del parto. Jake estuvo a mi lado durante todo el proceso, sosteniendo mi mano y dándome palabras de aliento. Cuando escuchamos el llanto de nuestro bebé por primera vez, nuestras vidas cambiaron para siempre.
La emoción y la alegría llenaron la habitación mientras sostuvimos a nuestro hijo en brazos. Jake miró al bebé con asombro, sus ojos brillando de felicidad. No importaba cómo habíamos llegado a este punto, lo único que importaba era que éramos una familia, y nos amábamos inmensamente.
(Continuará...)