"Amira, espero te encuentres bien hija mía, a pesar de lo reprochable y poco considerados que han sido tus últimas actuaciones... Te escribo con todo el dolor que puede sentir una madre cuando la concepción de sus entrañas le ha abandonado de forma voluntaria. Sé que en este momento me has de juzgar por haberte encerrado en el sótano, tengo la convicción de que lo haces de esa forma negativa porque no comprendiste mis motivos. Quería que te sintieras como yo me sentía por el hecho de que hayas arrebatado a tu padre de mi lado. No puedo considerarte, de la misma forma en que mostraste tu fuerza y capacidad para huir al exterior de la casa, convirtiéndote en una liberal que habita con extraños que quién sabe las maneras que tienen... Pudiste esforzarte en abrir la puerta y conducirte a tu casa, intentando servir de apoyo para poder sobrellevar el estado de intenso dolor en que nos encontramos desde que tu padre no se encuentra junto a nosotros... Fue tu decisión, y no puedes negar que le has causado una enorme desolación a la mujer que te trajo al mundo... Jamás pensé que estaría tan decepcionada de ti, yo abandoné a mis padres por el amor que siento y sentiré de por vida hacia tu padre, no lo hice por capricho o por discrepancias con ellos, lo haría una y mil veces más, porque lo hice por cariño... De verdad espero de todo corazón que analices tus formas de actuar, y vuelvas a casa con otra mentalidad y ganas de disculparte por todos los pecados que has cometido. Mi anhelo más grande es que te des cuenta de que esas personas a las que tanto te empeñas en parecerte, no son más que unas salvajes que no tienen idea de lo que es un ambiente familiar sano, donde las madres sí se ocupen de corregir y enmendar las actitudes enfermas, hostiles, desagradecidas e inconscientes de sus hijas. Te ama y te extraña, tu madre, Sanah".
Esas fueron las tétricas palabras que ha escrito mi madre, y se ha atrevido a enviármelas.
Las lágrimas fluyen por mi rostro como si fuera un pozo a punto de desbordarse...
¿Acaso alguien puede pensar que una simple mortal como yo, es capaz de enfermar adrede el corazón de mi padre?, eso sería ser completamente ignorante. Es muy complicado incluso de asimilar, ¿qué intenciones tuve de manifestar mi voluntad aparte de que no decidieran mi futuro?, ¿es un pecado querer decidir con quién deseas pasar el resto de tu vida?, tal como ha dicho la tía Najwa opino yo, no es breve la estadía de tiempo en un matrimonio en el que no eres feliz.
No existe remordimiento en mí porque sé que no soy culpable, solo siento pena... Por mi madre, por mi hermano, y por el destino que va a tocarles... Si ellos consideran que yo he pecado por decidir perseguir mi libertad... Que quedará de ellos que han intentado matarme adrede.
Decido secar mi rostro, no deseo dejar evidencia de mi tristeza... No quiero que se continúen preocupando por mí o dándoles más motivos para pensar que toda mi vida se desenvuelve como un constante drama sin final, no puedo dejar que mi vida se rodee de la lástima y de la compasión de las personas que me quieren, tengo que dar más que eso, y demostrar que soy fuerte, incluso cuando sienta que el mundo se viene en mi contra.
Escucho los gritos de la tía Najwa, que me indican que debo ir al comedor para almorzar, intento neutralizar cada uno de mis sentimientos poniendo una ligera sonrisa en mi expresión.
—Rola, ¿qué opinas respecto a la actividad?, ¿con quién te han asignado trabajar? —Pregunto apenas irrumpo con tranquilidad en el salón.
—¿Les han asignado un trabajo grupal? —Interviene el señor Alí con tono de alerta.
—Sí. Bueno, en pareja. —Respondo sin darle largas, no me encuentro de demasiados ánimos.
—Yo trabajaré con Mariam Chafardett, es una chica pelinegra de ojos grisáceos bastante mona, es la hija del señor de las telas que está en la avenida concurrida de Alepo en donde fuimos un fin de semana, ¿lo recuerdas? —Interrumpe Rola con entusiasmo.
—Sí, ella es muy dedicada, me parece excelente que te haya tocado trabajar con alguien genial. —Le digo intentando disimular mi sentir de derrota por mi mala suerte.
—¿Tú con quien laborarás? No creo que la profesora te haya querido perjudicar poniéndote a trabajar con una bruta desubicada, ¿quién ha sido tu compañera? —Espeta Rola.
—Eh... Compañero querrás decir, es George Al Assad, no conozco demasiado sobre él, ya que ni siquiera es como si fuera muy participativo en el aula, por ende no puedo saber si es inteligente, dedicado, responsable, o no. —
Rola se sonroja apenas menciono su nombre, me parece extraño porque no hemos tenido trato con él ni con nadie familiar de ese chico... Él no suele sobresalir demasiado en clases ni tiende a hablar demasiado con nadie más allá de lo estrictamente primordial, por eso le mencioné que no sé nada sobre él...
Nadie además de mi nota su nerviosismo y cara sonrojada en el momento que hice mención sobre de quién se trataba la persona con la que llevaría a cabo mi tarea porque se encuentran concentrados en servir la comida que acaba de traer Salam a la mesa.
—¿Por qué te ha tocado trabajar con un varón Amira?, no creo que vayas a sentirte cómoda, no es correcto, quizás la gente lo tome a mal, no iras a su casa. —Dice con molestia el señor Alí mientras toma una presa de pollo de la bandeja.
—No lo sé tío. Ha sido una decisión tomada por la profesora y le he pedido que me asigne a trabajar con Rola o alguna muchacha que a ella le pareciera idónea para ser mi compañera, intenté refutarla y fue en vano. —Respondo con inquietud, sabía que no iban a tomarse bien que mi equipo fuera un hombre, pueden ser un poco más abiertos que mis padres, pero eso no les quita que sean musulmán y estén en contra de que una muchacha esté a solas con un hombre que no es familia...
—No te amargues por ello Alí, las chicas pueden traer a sus compañeros a casa y realizar sus deberes ante nuestra vigilancia. ¿No es así?, yo me ocuparé de recoger al muchacho y a la joven que va a trabajar con Rola. De esa forma no van a sentirse atemorizadas por el extraño ni van a generar habladurías. —Interviene la señora Najwa con tono conciliador mientras acaricia con afecto la cara de su esposo, lo cual es bastante inusual que ella haga en público.
Nos reímos Rola y yo debido a la pena que nos causa ver a la tía Najwa acariciar a su esposo de forma tan afable en presencia de nosotras.
Él frunce el ceño y le dice:
—¿Por qué no me dejas a mí ser quién se encargue de buscar al muchachito ese?, daría más símbolo de respeto a nuestra familia si va el hombre de la casa a recogerlo. —Profiere Alí con gesto osco en el rostro.
La señora Najwa suelta una risita socarrona y le da una palmada en el hombro.
—Como prefieras tu cariño, a mí no me causa ningún disgusto o problema, si de esa forma te sientes más cómodo y confiado para mí está perfecto, yo ese día me encargaré de que las chicas se organicen y de que Salam prepare meriendas para todos los que vayan a estar presente. No te preocupes más por el tema y disfruta la comida, gruñón. —
Continuamos el almuerzo sacando a colación temas respecto a la política que acontece en el país, los disturbios en las zonas fronterizas, la economía, y posibles conflictos futuros que afirman las personas que podrían suceder incluso en zonas urbanas en el futuro...
No le damos demasiada importancia para no estresarnos antes de que sea necesario, y empezamos a hablar sobre tener un paseo los días sábado y domingo para despejar la mente.
A mí me ha parecido una idea genial, hace muchísimo tiempo no sé lo que es salir de Damasco más allá que para realizar compras o cumplir con obligaciones breves, le he dado muchas vueltas a las posibilidades de salir y me ha animado, me asusta un poco tener que sobrellevar que alguien me aborde para juzgarme, pero no puedo dejar de vivir por el hecho de que pueda aparecer alguien a opinar sobre lo que no sabe.
He bloqueado de mi mente las palabras contenidas en la carta que me ha enviado mi madre, siento vergüenza de repetirlas además de una falta de tacto, empatía y respeto con las personas que me han abierto las puertas de su casa y de su familia, a las cuales mi madre no se cansa de acusar de malas personas, con malas costumbres... Es vergonzoso tan solo pensar en lo poco razonable que es la mujer que me soltó en este mundo.
No puedo negar que siento un sinfín de emociones haciendo un baile dentro de mi pecho... Uno muy confuso, donde la pena, la alegría, el miedo, la desdicha, el nerviosismo, la vergüenza y el razonamiento se pisan de forma constante los pies, como señal de imponencia de unos a los otros.
Mientras divago en mis conjeturas, apreciaciones y pensamientos, me doy cuenta de que en todo el transcurso de nuestro almuerzo, Rola ha lucido inquieta, como si algo le molestara, asustara o avergonzara... No ha dicho ni una palabra después de mucho rato y eso no es muy usual en ella, le vi sonrojarse de forma abrupta cuando mencioné mi compañero de tareas, lo interpreté como una muestra de falta de costumbre de pensar en la cercanía de un hombre, pero su actitud cambió de forma brusca después de eso. Necesito averiguar de que se trata...
Apenas nos levantemos todos de la mesa la abordaré en privado y averiguaré que se trae...