Capítulo VIII

1747 Words
—Ahmad, te hablo a ti directamente. —hago una pausa la cual me hace sentir incómoda, y creo que no solo a mí, sino a todos los que nos hayamos dentro de la habitación. —Me pareces una excelente persona, siento fiel admiración hacia tu forma de ser y percibir a las personas, es gratificante saber que hay personas que tienen sensibilidad hacia el ser humano, es realmente índice de que has sido criado por personas que valoran el amor y las buenas costumbres... Pero me resulta increíble el hecho de creer que me ames lo suficiente como para querer ser mi esposo... Y sí, soy bastante consciente de que en nuestra cultura el noviazgo y todo tipo de cortejos que incluyan conocer a la persona con la que debes compartir el resto de tu vida no existe, porque no considero propicio conocer a alguien mientras estas ante la mirada atenta de nuestros padres o tutores... —intento buscar aire para continuar las palabras que están emanando desde lo más profundo de mi corazón, con temor a ser juzgada e interrumpida por los que están sentados en la misma sala que yo, pero muy para mi sorpresa se encuentran atónitos esperando a que yo termine mi discurso. —No se trata de querer algo que sea prohibido o esté muy mal realizar, para mí... Es cuestión de energías. ¿Me entienden?, las personas que están conectadas por un hilo o energía que atrae una de la otra, no pueden vibrar igual si están ante miradas inquisitivas... Y no me refiero a vibrar desde un aspecto físico, para mí... Va más allá de lo físico, es emocional, es espiritual... Es como nuestra conexión con Dios, no necesitamos tocarlo, pero cada vez que entramos a la mezquita o sin necesidad de estar en ella, sentimos ese lazo conductor de amor con Él, es lo mismo que deseo sentir con la persona que convierta en mi compañero de vida, y temo decepcionarlos con mi decisión de que Ahmad no es esa persona. —digo con las lágrimas a punto de desbordar. El hecho de tener que vivir comprimida al trato cavernícola de mi madre, hermano, y mi difunto padre, me hizo alejar en muchas ocasiones mis pensamientos de amor y cercanía hacia Dios. Y no porque en algún momento me haya convertido en una apóstata, o reniegue de su amor por mí. Simplemente cuando vives una vida rodeada de malos tratos, miserias en cuanto a la forma y manera en la que eres tratado, tu mente está tan ocupada en pensar en la forma correcta de actuar para no ganar una reprimenda, o la forma idónea de agradar para no ser condenada por tus pensamientos, o por simplemente tener una personalidad, que terminas pasando por alto tu enlace con Dios, que te da todas las fuerzas y herramientas necesarias para levantarte diariamente y poder lidiar con toda la porquería que te rodea. Las personas de la sala se encuentran gélidas, sus caras no son de juicio, al contrario... Se encuentran conmovidas por mis palabras. Estoy acostumbrada a vivir con humanos trogloditas y se me hace extraño el hecho de poder emitir mis propios criterios y no ser condenada por el sencillo hecho de que sean únicos. —Amira, eres una muchacha muy inteligente y de muy bonitos sentimientos, es una lástima para mí que rechaces mi propuesta de matrimonio... Sé que hay hombres con más fortuna que yo en Damasco, pero tengo una buena posición económica, y deseo de surgir aún más, ¿y no crees que podríamos hacerlo juntos?, tenemos la misma carrera universitaria a punto de culminar. Y realmente antes de escucharte dar tus opiniones, y escucharte profesar tu fe en Dios... No pensaba insistirte en que seas mi esposa, no tengo necesidad de insistir a nadie... Pero tú acabas de demostrar en este sitio, que eres una mujer muy especial. —dice Ahmad mientras su rostro se bañaba en sudor y sus manos eran tan temblorosas que hacían sentir la sensación de que iba a desmayarse en cada palabra que terminaba. —¡Basta!, mira como te estás comportando—gritó el padre de Ahmad. La señora Najwa se limpia los ojos, estuvo llorando mientras escuchaba mis palabras y no se detuvo cuando escucho a Ahmad tener el valor de expresar sus sentimientos. —Debemos tomarnos las cosas con calma, todos. ¿Omar por qué te alteras?, no puedes hablar siempre por tu hijo... Ahmad es un hombre, no tengas miedo a que él tenga valor para expresar lo que siente, así como también lo hizo Amira que se mantuvo firme en sus aserciones... Yo considero que las emociones y las palabras que salen del corazón no tienen nada que ver con la edad que tengamos o con nuestro sexo... A veces somos muy duros con nuestros hijos y no intentamos entender o ponernos en su lugar de que los tiempos ya no son los mismos, y aunque nosotros deseemos con todo el alma que nuestra cultura sea preservada, soy consciente de que será inminente que en algún momento sea de otra manera, y no me asusta, ¿saben?, por qué lo importante es conservar en nuestro corazón la fe islámica, sin que eso altere la estructura de vida que queramos llevar. —expresa con gallardía la señora Najwa. Sé que se arriesgó al decir ese conjunto de palabras. La admiro, por ser más de lo que las personas estamos acostumbrados a escuchar. Por ser una mujer que no tiene miedo de ser real, de decir lo que piensa, y no puedo sentir menos admiración por su esposo por no reprimirle sus pensamientos, son una familia digna de elogios, a pesar de cualquier defecto que puedan tener, errar es de humanos. La sala se ha mantenido en tranquilidad, nadie ha replicado las palabras de la señora Najwa, hasta que el señor Omar decide tomar la palabra nuevamente. —Déjate de sentimentalismos Najwa... Sé que ustedes son más modernos que la mayoría de la gente de la localidad, pero eso no es excusa para consentir que mi hijo no se esté comportando como el hombrecito que es, tengo el futuro de mi hijo en la mira, quiero que lleve mis negocios y se ocupe de lo que representan, no estoy dispuesto a que ande con letargos y menos si se trata de tener carácter para tratar con una jovencita. —expresó con gesto osco, su bigote se movía como por inercia en su rostro. Rola y yo nos miramos y torcemos el gesto ante las palabras arcaicas del padre de Ahmad, no estamos a favor de que se le condene a un chico por ser delicado con el trato de una mujer, por ser educado terminas siendo acusado de arruinar tu futuro... Cada día soy más consciente de que las personas en este lugar utilizan el raciocinio a su conveniencia, y si no se retractan, cada día será más tétrico vivir aquí. Pasamos el resto de la tarde cenando y comiendo los postres que preparó Salam mientras duraba la conversación, cada vez que ha venido hasta la sala se ha mostrado inquieta, su mirada me indica que está preocupada... Quizás escuchó el momento en que empezaron a hablar de matrimonio en la reunión y por ende supone que están presionando a una de nosotras para comprometernos en matrimonio, y como ella no conoce demasiado la forma de ser y pensar de los padres de Rola... Debe de estar suponiendo que van a coaccionarnos a aceptar... Apenas tenga el momento propicio tengo planeado ir a contarle todo lo sucedido. Ahmad y su padre se han retirado de la casa y Rola y yo nos sentimos un poco más calmadas para empezar a discutir todo lo que ha sucedido, sin lugar a dudas ha sido un día muy emotivo. —Que sorpresa todo esto Amira, de verdad aún estoy estupefacta. —soltó Rola con incomodidad. La comprendo perfectamente, ella esperaba ser el objeto de la visita de la familia de Ahmad... Me siento un poco triste por como resultaron las cosas, no esperaba volver a recibir una petición de matrimonio tan repentina... —Ha sido muy repentino todo Rola, tienes razón. De verdad siento mucho que haya sucedido así... No... —balbuceo—nunca fue mi intención llamar la atención de Ahmad de verdad te lo digo con sinceridad, yo... Solo quiero que tú estés bien. —le digo con cautela, no quiero que sus sentimientos estén lastimados. Rola me mira con gesto afable y toma mi mano de forma delicada, la aprieta y sale de su rostro una sonrisa genuina. Sé que la escogencia de palabras que decida proferir serán tan nobles como sus sentimientos. —Por Dios Amira, estás hablando como si en algún momento yo hubiera estado interesada en el amor y devoción de Ahmad, soy consciente de que él es una buena persona y que podría ser un excelente esposo... Pero no estoy desesperada por contraer nupcias, quiero que sea especial el momento en que decida ser la esposa de alguien... Y hoy... Tú... —hace una pausa que me hace sentir desesperación y temor de que vaya a acusarme. —Tú me has hecho sentir convencida del amor que quiero tener a mi lado, tus palabras calaron en mi ser y no hiciste más que hacerme sentir segura de sí misma y de mis ideales Amira... Estoy muy agradecida contigo. Por ser como eres, por toda la gratitud que me demuestras todos los días. —suelta Rola con un hilo de voz, haciéndome sentir conmovida. —Gracias por tus palabras Rola, sin duda alguna tú también eres una gran amiga y persona, no tengo palabras para agradecer todo lo que has hecho por mí. —le expreso con cariño. Creo que no podría bajo ningún concepto enumerar todo lo que tengo que agradecerle a Rola, nunca había tenido la oportunidad de estar rodeada de forma prolongada de personas que si tuvieran sentido de la calidez familiar y de lo mucho que representa para mantenerte vivo, fuerte y por sobre todas las cosas seguro... Y no me refiero a seguro desde el punto de vista de ti mismo. Me refiero a segura con respecto a los demás, el hecho de que no se convirtiera en una obligación el hecho de casarme con ese chico, me confirma que ellos respetan mis decisiones, y me respetan como persona, ¿algo puede llenar más el alma que eso?
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