5. Empezando con mi corazón.

1030 Words
8 de noviembre de 2011 Mi mente se arregló pronto, pero mi corazón seguía sufriendo.  Y ¿Cómo no sufrir?, en realidad yo quería a Agustín, aún estaba la vibración de mi corazón cuando lo veía, aun sentía como mis mejillas se sonrojaban cuando me miraba, aun… pero ahora, ante él se ponía mi novio, mi Mario ¿Cómo era posible que pudiera lastimarlo? Si, sobre todas las cosas yo adoraba a Mario, era una gran persona, era indispensable para mí, era único y yo estaba feliz a su lado, pero sabía que mi camino era Agustín, ese chico tenía una parte de mi corazón en sus manos y al menos que la devolviese podía querer con todo mi ser a mi novio o también quitarle de las manos la parte de mi corazón a Mario y entregárselo por completo a Agustín, aunque parecía que a él no le importaba tenerlo. Todo esto rodeaba mi cabeza, una y otra vez se venían ante mí estos pensamientos. Y aunque Agustín no me quisiera, yo era capaz de entregarme por completo a él. Nuevamente estaba hablando mi parte terca y sabía que, si no la controlaba, me traería demasiados problemas. *** Los días no me parecían lentos como se pensaría que pasaría en cualquier relación de novios, al contrario, eran días rápidos y normales que sabía que tarde o temprano esto llegaría a su final, pero aun así no quería que se terminara, deseaba con todo mi corazón que mi cariño hacia Mario no se acabara jamás, que su amor por mí nunca tuviera un final. Me daba la impresión de lastimarlo en ciertas ocasiones, tal vez mi falta de experiencia en relaciones hacía que no supiera comportarme con él, muchas veces lo dejaba de lado, lo ignoraba por días enteros y ni que decir de mis expresiones de amor eran completamente nulas. Mario parecía pretender no sentir nada, pero yo podía entre ver incomodidad en su actuar y algo de sufrimiento en sus ojos, no quería lastimarle, me debía esforzar para aprender a quererlo como él me quería a mí. Con Agustín era un tema bastante diferente, se había alejado de mi lado por completo, de hecho, había días o semanas enteras que no cruzábamos ni una solo palabra de saludo o una despedida, siempre estaba en otro lugar, en otro momento, siempre alejado, siempre en su mundo y por más que yo no lo quisiera aceptar la verdad era que su mundo estaba muy alejado del mío. —   Veo a… Agustín muy raro — le comenté a Raquel, mientras ella manejaba por la avenida central. —   ¿Agustín? pues conmigo esta normal, como siempre. —   ¡Ese es el problema! … yo soy su problema, como si estuviera enojado conmigo — solté frenéticamente las palabras, haciendo que mi amiga se volteara a verme sorprendida. —   ¿Un problema? Deberías preguntarle, ¿Por qué no le preguntas que sucede? —   Nunca lo veo… — respondí en un susurro, mis lagrimas amenazaban con correr, y cuando sentí una correr por mi mejilla rápidamente me pasé el dorso de mi mano para poder limpiarla. —   Pregúntale a tu novio qué es lo que sucede con Agustín, tal vez él sepa algo. El semáforo se puso en rojo y alejando la vista del camino me volví hacia a mi amiga con lágrimas desbordando por mis ojos. —   Aún me gusta… — noté como los ojos de Raquel se abrían con sorpresa, yo tampoco esperaba hacerle esta confesión, volteé la cara para no verla y sentirme culpable —   No puede ser, pensé que ya lo habías olvidado… pensé que todo estaba en su sitio, tu mente, tu corazón, tus sentimientos. ¿Por qué? —   ¿Por qué?... porque soy una tonta abusiva de corazones, que pretende estar bien pero no lo está, porque solo mando a callar mis sentimientos, porque soy una maldita… —   Nunca lo serás, ni tampoco lo eres, mírate, pareces una chica sin salidas y hay demasiadas frente a ti, Camila — su voz me hizo voltear a verla — eres fuerte, muy fuerte, podrás salir de esto, tienes que poner en orden tus sentimientos… deberías querer a Mario y olvidar definitivamente a Agustín. Solo pude asentir y alejé mi mirada hacia el camino, solté un largo suspiro, Raquel solo canturreaba una canción de la radio, sabía que ella no diría más y la verdad es que ya no necesitaba hacerlo. ━━━━━━━━※━━━━━━━━ Al día siguiente, empezaba el fin de semana y planeaba ir con mis amigas y los amigos de mi novio al cine. Sí, era una excelente ocasión para observar, para preguntar y tal vez para aclarar las cosas con Agustín, pues él también iría. Que tan equivocada estaba, aquel día fue llegar al cielo y bajar a mi propio infierno, aun así, no pude demostrar todo lo que mi corazón sentía, todo lo que este sufría. Lo había pensado durante toda la semana, era imposible olvidar a una persona, es que en realidad no podía, por mucho que me esforzara, no podía, pero aun así quería permanecer a su lado, aunque solo fuera su amiga y con el tiempo eso que tanto soñaba… no iba a mentirme, me sentía culpable por pensar de esa manera cuando tenía una relación con Mario, pero tampoco quería alejarme de él y sabía que terminar nuestra relación, era lo que provocaría… No podía terminar con él. ¿Qué rayos pasaba conmigo? Ese día llegué tarde, un poco agitada saludé a todos, me encontré primero con mis amigas quienes estaban con Jaime, volteé a todos lados, pero no vi ni a mi novio, ni tampoco lo vi a él. Que extraño. —   ¿Dónde está Mario? — le pregunté a Jaime. —   Tranquila Camila, tu noviecito acompañó a Agustín por una persona, no tardaran mucho — me contestó, asentí y me volteé a ver a mis amigas quienes se encogieron de hombros, pero me sonrieron con confianza, así que lo único que podía hacer era esperar. Pensé que solo seriamos nosotros y el novio de Raquel, pero a la invitación se había unido otro más, tuve curiosidad de saber de quién se trataba.
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