Una noche bajo las estrellas
La semana pasó volando para Hannah. Entre los turnos en el restaurante y sus clases, apenas tuvo tiempo de pensar en la decisión que había tomado. Pero el viernes por la noche, mientras se preparaba para el evento, la realidad cayó sobre ella como un bloque de hielo.
Estaba frente al espejo de su pequeño apartamento, ajustándose un vestido sencillo pero elegante que había pedido prestado a su compañera de cuarto. Era rojo, con tirantes finos y un corte clásico que abrazaba su figura de manera sutil. Sus rizos caían sobre sus hombros, y había optado por un maquillaje ligero.
—Esto es una locura —murmuró, observándose con nerviosismo.
La idea de estar rodeada de personas ricas y elegantes, en un ambiente completamente ajeno a ella, la aterraba. Pero ya había aceptado, y no iba a echarse atrás.
Cuando llegó al lugar del evento, se quedó sin aliento. Era una enorme terraza al aire libre, decorada con luces navideñas que brillaban como estrellas en la oscuridad. Un árbol de Navidad gigante, adornado con cristales y cintas doradas, dominaba el centro del espacio. El aire estaba lleno de música suave, risas y el aroma a chocolate caliente mezclado con vino especiado.
Matthew la esperaba cerca de la entrada, impecable en un traje n***o que parecía hecho a medida. Cuando la vio, sus ojos recorrieron su figura por un breve instante antes de asentir con aprobación.
—Llegaste justo a tiempo —dijo.
—Espero que no me haya vestido demasiado simple para esto —respondió ella, mirando a su alrededor con algo de inseguridad.
—Estás perfecta —dijo, casi sin pensar, antes de apartar la mirada.
Hannah sintió un leve rubor en sus mejillas, pero no dijo nada.
La noche transcurrió más tranquila de lo que esperaba. Su trabajo consistía principalmente en supervisar que todo estuviera en orden: que los invitados estuvieran cómodos, que la música continuara, que las mesas de comida estuvieran impecables. Aunque Matthew era el anfitrión, parecía evitar a la mayoría de los invitados, manteniéndose a un lado con su típica expresión fría.
En un momento de la noche, mientras Hannah ajustaba unas servilletas cerca del árbol, la música cambió. Los altavoces comenzaron a reproducir una melodía que reconoció de inmediato.
"Last Christmas, I gave you my heart..."
Hannah se detuvo, atrapada por los recuerdos que la canción le traía. Aquella Navidad, un año atrás, había sido el principio de su caída. Su exnovio, después de regalarle palabras crueles y romper su corazón, la había dejado justo en Nochebuena.
Cerró los ojos un momento, intentando alejar los pensamientos dolorosos. Pero al abrirlos, se encontró con Matthew observándola desde unos metros de distancia.
—¿Estás bien? —preguntó, acercándose.
—Sí. Es solo que esta canción... me recuerda cosas que preferiría olvidar. —Forzó una sonrisa, pero él no pareció convencido.
—Las cosas que preferimos olvidar son las que más persisten —dijo, con una seriedad que la sorprendió.
—¿Eso lo aprendiste de algún libro?
—De la vida. —Matthew desvió la mirada hacia el árbol, como si estuviera recordando algo.
Hannah sintió curiosidad por primera vez. Había algo en él, algo más allá de su fachada fría y controlada. Pero antes de que pudiera preguntar, una voz interrumpió el momento.
—Matthew, cariño, ¿podemos hablar?
Era Amelia. Vestida con un vestido de alta costura, impecable como siempre, se acercó a él con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
—Lo siento, Hannah, tengo que atender esto. —Matthew se giró hacia Amelia, pero no sin antes darle una última mirada que parecía querer decir algo más.
Hannah lo observó alejarse, sintiendo una mezcla de emociones que no podía descifrar. Pero antes de que pudiera perderse en sus pensamientos, un camarero se le acercó con una bandeja.
—El señor Clarke pidió que te entregara esto.
Hannah tomó la copa de champán que le ofrecían, y bajo el cristal encontró una pequeña tarjeta:
"Espero que esta noche no te deje malos recuerdos. Feliz Navidad, Hannah. – M.C."
Sus labios se curvaron en una sonrisa involuntaria. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que tal vez esta Navidad sería diferente.
Mientras tanto, Matthew observaba a Amelia hablar sin cesar sobre negocios y contactos, pero su mente estaba en otra parte. En una joven con un vestido rojo, escuchando una canción que parecía dolerle tanto como le dolía a él.
La magia de la Navidad se sentía en el aire, y aunque él no lo sabía, aquella noche sería el inicio de algo que cambiaría sus vidas para siempre.