“La mejor manera de empezar algo es dejar de hablar y empezar a hacerlo.”
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—Mamá... —se despertó de golpe cuando su hija la llamó—. Tengo hambre, necesito una merienda.
La cara de disgusto, que tenía Cristina no era la más buena, pero sus hijos no tenían la culpa de aquella situación.
—Ya almorzamos, sabes que no hay más. Espera la cena —masculló de manera tajante.
—Pero mami, es que solo hemos comido lentejas con arroz, ayer comimos lo mismo. ¡No es justo!
—¡Santo cielo, Farah! No seas tan quejica, eso era lo que había. Hay personas que tienen menos que nosotros. Deberías recordarlo.
—Tienes que hacer algo, mami. No podemos continuar así, piensa.
—¿Qué voy a hacer? —le cuestionó Cristina encogiendo los hombros, porque no entendía a qué se refería su hija. Las cosas no eran tan fáciles como ella creía.
—Todo esto es culpa tuya —le soltó de golpe—. Si hubieses tomado tiempo para tomar acciones legales contra Sebastián, otra seria la situación.
Las palabras de la chica, le cayeron como un cubo de agua fría. ¿Cómo era posible que a su corta edad; Farah hablara con tal madurez con respecto a la situación con su padre? En el fondo, su hija tenía razón. Tal vez, su situación fuese otra. Pero no iba a estar detrás de Sebastián mendigando lo que por derecho le correspondía a su hija. Sabía que era una cifra en las estadísticas de las madres solteras de Latinoamérica, pero el infierno se podía congelar si llamaba a Sebastián para pedirle dinero. No quería volver al círculo vicioso, en donde él le decía. Que la ayudaría, pero que tenía que darle algo a cambio.
—¡Oh pero llámalo! Al final de cuentas, Farah. Es tu familia. Es tu padre no el mío. Así como eres capaz de cuestionarme, también lo puedes hacer con Sebastián —le gritó furiosa.
—Mami, pero él te hace más caso a ti que a mí —se echó a reír de pronto con picardía—. Todo el mundo sabe que él te tiene miedo.
Cristina entrecerró los ojos y luego negó con la cabeza.
—Por favor Farah. No comiences con esa clase de comentarios. Son de muy mal gusto para mí.
—No lo haré, pero no me quedará de otra que llamar a Bash. —Arrugó la nariz, mencionando el apodo de su padre, como si fuese normal, llamarlo así.
—Sí, ve a molestarlo. Solo recuerda… que ganas más siendo cordial y respetuosa, que poniéndote altiva con él. Al final de cuentas su problema es conmigo, no contigo —Le hizo gesto con la mano, y se volvió a dormir.
Al cabo de una media hora ella se despertó, y se encontró a Farah viendo televisión.
—¿Lograste hablar con tu padre? —Cristina preguntó por curiosidad.
—Por supuesto, está fuera de la ciudad.
—¿Cómo lo sabes? —frunció ella el ceño.
—Le escuché cuando le decía a su secretaría que me dijera que no estaba —Farah aunque trataba de ocultarlo, había mucha tristeza en su voz.
La furia creció en Cristina, siempre era lo mismo. Estaba cansada de tanta mierda en su vida. Pero no se lo haría sentir a su hija, por eso cambió el tema.
—¿Por qué te gusta ver esas series policíacas?
—Ay mami, porque son muy divertidas —respondió sin mirarla.
—Farah, qué divertido va a ser eso. A veces pienso que te está faltando un tornillo en la cabeza —le regañó.
—Sí, mami. Es divertido, y sabes que es cierto lo del tornillo —se burló.
Al menos ya se le había pasado un poco el mal humor, por lo sucedido con Sebastián. Fue hasta la sala, encendió la computadora y luego se dirigió hasta la cocina, para prepararse un café. Estaba demasiado aburrida de esa máquina, no era muy rápida. Pero no le importaba, porque al menos le funcionaba. Había sido un regalo de su antiguo jefe, que a pesar de que ella se había ido de la empresa, seguían en contacto, y mantenían una muy buena relación.
Se llevaba un sorbo de café a la boca, cuando se dio cuenta que ya el sistema operativo de la computadora, ya había cargado. Mientras colocaba la clave. Recordó lo que había visto el día anterior en televisor y luego tecleó: “Mundo virtual en 3D”, le dio click y ahí apareció su perdición… "Expanding Virtual World".
Se desplegó una serie de información que la hizo sentir una neófita. No sabía que existía todo aquello desde hacía siete años atrás. Se preguntaba una y otra vez, de qué iba todo aquello. Mientras veía los videos tutoriales, y reseñas de los usuarios.
Según era un mundo virtual, en dónde se creaba un personaje, que debía ser representado por un avatar, y el usuario podía vivir una fantasía. En las reseñas veían muchas cosas, fiestas, casas, lugares tanto exóticos como muy hermosos, y hasta incluso habían sitios para ciertos gustos sexuales como b**m, night clubes, y por supuesto la manera de hacer muchos amigos relacionándose. También decía cómo se podía ganar dinero real en ese mundo virtual.
Debía ser sincera, de todo aquello. Eso fue lo que más le llamó la atención: "Make Money". Muy importante; dada la situación económica precaria que tenía. Parecía una buena posibilidad. La pregunta que no salía de su cabeza era: ¿Cómo haría para ganar dinero real ahí? De alguna manera, iba a utilizar su ingenio.
Aunque lo que había visto en la serie de televisión con su hija; era de cierto modo prostitución. Tomó otro sorbo de café. Siempre había bromeado con eso convertirse en puta. Si la desesperación tocaba a su puerta, pero ella decía que estaba pasada de edad para eso, y aparte tenía dos niños que eran difíciles, ya que les afectaba el abandono de sus respectivos padres. Pero aún así, no descartó la idea; según la película la chica ganaba dos mil dólares mensuales, lo cual no sabía si podía ser cierto, pero quería comprobarlo, solo tenía que intentarlo, y ver si de verdad se podía ganar, semejante cifra.
Cristina al menos; se conformaba con ganar cien dólares. Que eso la ayudaría mucho en su caso, ya que vivía en un país en donde el cambio del dólar a moneda local, era realmente conveniente.
Se decidió. Iba a registrarse. Se llamaba Abigail Cristina todos le decían Cris, pero para registrarse utilizó el pseudónimo "Abby". Era bonito, corto y sencillo; y sobre todo muy fácil de recordar. Estaba hecho, pensó. Dio un suspiro, debía indagar en cómo ganar dinero hacer dinero; y necesitaba hacerlo de manera inmediata, pues tenía demasiadas cuentas que pagar, y una despensa que llenar.
Comenzó a chequear otros perfiles para ver qué cosas podía colocar en el suyo. Se dio cuenta que, entre más cosas, y fotos provocativas pusiera más visitas tendría. Ya había dado el primer paso. Más tarde haría el resto.
Así que tomó su teléfono celular, y se tomó unas cuantas fotos. A pesar de que tenía treinta y tres años. Muchos decían a veces, que no aparentaba su edad, y menos que tuviese una hija en plena adolescencia.
Se bañó y se consintió. Se esmeró en cuidar de su cuerpo. Se hizo una mascarilla natural. Exfolió su piel, también con productos naturales, y se depiló el cuerpo completamente. Hidrató su cabello. Soltó una carcajada. Lo que estaba haciendo no era de una persona normal. Preparándose para tomarse unas fotos para un mundo virtual.
¡Dios nos ampare! Comprendió que había perdido totalmente su mente en ese momento. Había durado tres horas arreglándose. Si, estaba loca como una cabra, pero la necesidad tenía cara de hereje. Estaba terminando de alisar su cabello cuando sonó su teléfono celular.
—Ey... —dijo ella al contestar el teléfono.
—Hola. ¿Qué tal todo? —su mejor amiga, Sonia le preguntaba.
—Bien. — Contestó, para qué decirle a los demás las necesidades, que tenía en su casa cuando nadie la podía ayudar.
—Me alegro mucho.
—Vamos sobreviviendo, como podemos, Sonia
—Entiendo lo que quieres decir. ¿Aún no consigues nada de trabajo?
—No —le respondió—. De verdad que ya estoy desesperada. Al punto que seré desde hoy una “Scort Virtual”
—¿Una qué? —su amiga tuvo que preguntar, para poder entenderla bien.
—¡Ay Sonia! —Miró a los lados, para comprobar que continuaba sola—. Estoy practicando para volverme una puta virtual. —Le respondió al final, estaba segura de que con esas expresiones, su amiga le entendería.
Sonia soltó una carcajada.
—¡Ahora sí que te volviste loca, Cris!
—Loca no, desesperada. Al menos tendré como resolver los gastos de la casa. Si todo sale como lo tengo planeado.
—Iré pronto a tu casa, para que me cuentes mejor de qué se trata.
—Espero que así sea.
La llamada finalizó, y volvió a tomarse fotos. Esta vez se sentía mucho más relajada de lo que estaba antes.
—Mami… —la voz de David casi hizo, que se le cayera el teléfono celular de las manos.
—¡Ay niño! ¡Me has asustado!
El pequeño la miraba como si estuviese loca.
—Mami. ¿Por qué te estás tomando fotos en bragas?
¡Joder! ¿Por qué su hijo tenía que estar en la edad de que todo lo preguntaba?
—Ehm... bue... es que me ha picado una hormiga en una nalga, y como estaba sola me tomé una foto para ver.
El pequeño que era muy audaz.
—Déjame ver, Mami. Te ayudaré —comenzó a revisarle detalladamente—. Yo no veo nada ahí.
—Olvídalo, no importa —le dijo rápido.
—¿Vamos a salir? —preguntó su hijo.
—No, hoy no podemos hacerlo.
—Pero mami, estas peinada, y tienes cosa en la cara como cuando vamos a salir.
—Me lave el cabello, y eso se llama maquillaje —lo miró seria —, además; ¿para dónde, David? Si sabes que no tenemos dinero
Sabía que no debía decirle, cosas como esas al niño. Ellos no saben de la importancia en la actualidad del dinero. Él se le acercó, y la abrazó.
—No te preocupes, mami. Cuando yo crezca jamás vas a tener que trabajar.
A Cristina se le encogió el corazón antes las palabras de su pequeño hijo.
—Esperaré ese momento, cariño
—Pero antes mamita tengo que crecer, y por eso debo comer bien —la miró pícaro.
—Aja... así que con eso me estás diciendo que tienes hambre.
Él niño sonriendo asintió. Suspiró.
—Veremos qué me invento para cenar.
Los dos salieron del cuarto para dirigirse a la cocina. Ella abrió la nevera, y encontró pocas cosas. Sin embargo, pudo preparar la cena que fue para el agrado de todos. No siempre comían bien, como esa noche que era pasta. Habían días que solo podían permitirse una avena.
Los niños, y ella se comieron todo. No quedaba nada para guardar para el otro día, y sería otra angustia para ella buscar que comer.
—Mami, me voy a la cama —soltó Farah, dejando su plato en el fregadero.
—Ah… eso lo estás diciendo para no lavar los platos. —Cristina le regañó.
—Sí, por eso me voy a la cama.
—No tengo problema con eso, pero entonces duerme a tu hermano —Cristina le hizo un mohín.
—Pero mami... él va a querer que le lea un cuento antes de dormir —se quejó.
—No lo sé, y tampoco me importa —se encogió de hombros como si no tuviese importancia—. Hazlo, eso te pasa por querer hacerte la desentendida, y no lavar los platos.
—Muy bien, dormiré a David, entonces —manifestó la adolescente cabizbaja.
Cristina arregló la cocina, y después la casa. Fue a la habitación de David, pudo ver como él y Farah dormían abrazados. Era muy afortunada de tener dos hermosos hijos, que a pesar de las dificultades económicas, eran quienes le alegraban la vida, y su motor para salir adelante.
Volvió a encender el computador, y transfirió las fotos que se había tomado con el teléfono celular. Las guardó en un archivo con clave. Pues antes de que David la pillara tomándose fotos, ella se había tomado una sosteniéndose los pechos, y apretando sus pezones.
Sabía que estaba loca por tomarse una foto de esa manera, pero bueno, no había de otra. Tenía que mostrar algo, si de verdad iba a ser una puta virtual. Editó la foto para no mostrar completamente el rostro, pero que de alguna manera, quién viera la fotografía supiera, que era ella realmente.
Entró a su perfil, y lo modificó de nuevo. Agregó las fotos que se había tomado; y puso una de su rostro como principal. No iba a echarse para atrás ahora. Iba a aprovechar cada una de las oportunidades que se le presentaran. Activo el programa, se logueó, y entró en el mundo virtual.
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Llegó a la puerta principal. Estaba lleno eran la una de la mañana para ella. Estaba asombrada de ver como a esas horas había más de treinta personas en ese lugar. Le llegó un mensaje privado un hombre cuyo pseudónimo era Edward_R.
—Hola.
—Hola —respondió ella.
—Veo que eres nueva en aquí.
—Sí, lo soy apenas me he registrado hoy.
—Ah que bien. He visto tu perfil. La verdad es que eres hermosa.
Cristina agradeció estar detrás de la pantalla de una computadora, cuando frunció el ceño. Pensaba que el hombre estaba loco.
—¡Oh!, gracias —fue lo único que se le ocurrió responder.
—No tienes que darlas. Soy sincero.
—Ya lo veo —ella sonrío—. ¿Te puedo hacer una pregunta?
—Por supuesto. Hasta dos; si gustas
—¿Por qué mi nombre está en color rojo y el tuyo en azul?
—Ah eso. Es porque eres nueva y aún no has pagado la membresía de quince euros.
—¿Cuánto?
Casi le da un infarto cuando escuchó euros. Ni si quiera dólares. Euros.
—Sí. Ese es el costo de la membresía mensual
—¿Y qué pasa si no los puedes pagar?
—Entonces debes acumular points. Exactamente trescientos cincuenta
—¿Dónde lo puedo ver?
—En tu perfil. Puedes chequear todo, ahí está toda la información que necesitas.
—Ah está bien. Daré una miradita.
¡Santo cielos! Apenas llevaba uno con trece points y debía reunir trescientos cincuenta.
—Los vas acumulando hasta que tengas los trescientos cincuenta y luego con eso pagas la membresía y te vuelves usuario Premium.
Oh muy importante saberlo, pensó Cristina a ese paso, llegaría semana santa del año siguiente, y ella aún no podría adquirir la membresía.
—¿Y qué pasa mientras estoy reuniendo?
—Pues puedes aprender más de lo que se trata esto.
—En eso tienes razón.
Mucha lógica, tenían sus palabras.
—Si no pagas la membresía no podrás tener acceso a las acciones de sexo
—¿Acciones de qué?
—¡Oh maja! De verdad eres una novata aquí. Estás verdaderamente pérdida. Aquí se viene a follar como conejo.
Ella trago grueso.
—Entendido el concepto —le dijo sonriendo.
—Ven... sígueme. —Hizo un gesto con la mano.
—De acuerdo; vamos.
Edward_R la llevó a varios sitios, en donde ella pudo ver el desenvolvimiento de las personas. Había mucha gente. Lo más asombroso, que habían de casi todos los países del mundo. Sin darse cuenta, las horas pasaron rápidamente. Lo más desconcertante, fue que se sentía a gusto, como si formara parte del lugar virtual. Cuando miró el reloj de su teléfono celular eran las cinco de la mañana.
—¡Oh Edward! Gracias por todo, pero se me ha hecho demasiado tarde
—¡No me digas! —dijo sarcástico— ¿No te gustó mi compañía?
—Para nada es lo que piensas —negó con la cabeza—. Es que para mí son las cinco de la mañana.
—No te preocupes, te entiendo, para mí son las once de la mañana.
—Es mucha la diferencia de hora.
—Sí, porque estoy en Europa.
—¡Oh que genial¡ Por ahora, me despido. Hablamos después.
—De acuerdo pequeña.
Edward_R le dio un abrazo, y un beso en cada mejilla y ella se desconectó.
===>> (Info): ): You are now offline
Cuando desconectó el programa y mientras se apagaba la máquina pensó en que ahora realmente se había vuelto loca. Había durado hasta las cinco de la mañana en un mundo virtual. Visitó con Edward muchos lugares, gente bailando, pasándola bien. Luego habían visitado un sitio slave. Todo había sido tan surrealista que estaba un poco perturbada.
Las cosas que había experimentado esa noche, no se podían comparar con nada, que había experimentado antes. Permaneció despierta hasta la hora de levantar a los niños para ir al colegio, y luego se fue a dormir un poco. No sin antes poner la alarma, para levantarse a tiempo e ir a buscar a los niños. Sus ojos se cerraron automáticamente al tocar la cama, y al hacer eso, el sueño la venció.