CAPÍTULO 1

2840 Words
DISTANCIA: Del latín "Distantía". Es el trayecto espacial o el periodo temporal que separa dos acontecimientos o cosas. Se trata de la proximidad o lejanía que existe entre un objeto o evento. Diccionario de la RAE ========== Para Zennen el sexo era tan necesario, como lo era   respirar. Lástima que, para su pareja, era una terrible obligación, así lo pensó… así o sintió en ese momento. Generalmente el sexo era lo que consolidaba la unión en el matrimonio. En el de él, todo lo contrario. Cada día más distantes. —¡¿Qué crees qué estás haciendo?! —la voz de Melania era de puro reproche, por no decir que de total indignación. —Se supone que disfrutando de la intimidad contigo —respondió Zennen un poco molesto. Melania puso las manos sobre su pecho, y lo empujó un poco. Indicándole con eso, que quería que se quitara de encima de ella.  —¿Hasta cuándo tengo que recordártelo? No me gusta ese tipo de cosas, Zennen —se incorporó en la cama rápidamente, y se quitó el pelo de la cara—. No puedo creer que hayas intentado algo así. —Negaba ella con la cabeza, en un gesto de frustración. —Por favor; no seas tan dramática, Melania. Apenas un pequeño pellizco en tu pezón —espetó él, levantándose de la cama, para buscar un cigarrillo, y abrir las puertas del balcón para fumar. Zennen Istán era un hombre en todo el sentido de la palabra, alto, un poco más de uno noventa de estatura. Con un cuerpo delgado, pero definido en lo atlético, su abdomen parecía una mesa de planchar, y sin un mínimo gramo de grasa, en ninguna parte de su anatomía masculina. Sin necesidad de pasar horas haciendo ejercicio. Con el cabello oscuro, casi n***o al igual, que las gruesas pestañas, que resaltaban sus ojos de color miel con motas verdes. Y hacía que su mirada fuese penetrante. Su boca era grande con labios finos, y bien delineados. Justos para ser devorados por una mujer. En resumen, era un hombre atractivo, que estaba conforme de serlo, y que muchas veces se aprovechaba eso. Sobre todo, en los negocios. Se encogió de hombros. —Solo te di un par de azotes en el trasero, y jugué con tus pechos —habló como si no tuviese importancia. —Te he dicho muchas veces, que eso a mí no me va, Zennen. No me gusta, me molesta enormemente cuando lo haces. —Le recordó molesta, cubriendo sus pechos con la sábana. Él la miró asombrado, levantó los brazos a la altura de la cabeza y expresó: —¿Tienes cuántos años conmigo? ¿Cinco?, más de eso, yo creo. ¿Y todavía no sabes lo que me gusta en la cama? ¿Cómo me gusta el sexo con mi mujer? Ella se levantó de la cama, y rápidamente buscó algo para ponerse encima. —Soy la madre de tu hijo. Por tanto; merezco un poco de respeto, Zennen. —Por supuesto; cómo olvidarlo —dijo irónico—. No tenías porqué recordarme eso. No tenías por qué recalcarme que Santiago llegó justo en el momento, en que lo nuestro estaba terminando. Ella se puso la mano en el pecho como si estuviese ofendida. Le miró estrechando los ojos y le dijo: —Siempre es el mismo reclamo, Zennen. Pareciera que no te cansaras de decirlo. El niño tiene ya cuatro años. ¡Por Dios!¡Supéralo! Santi llegó en el momento justo que tenía que llegar. —Sí, en el tiempo justamente conveniente para ti. ¡Qué casualidad!, ¿cierto? Cuatro años, en donde conseguiste lo que querías —continuó agitando las manos alrededor—. Pero, aun así. No puedes darme lo que necesito. Para ti es muy difícil, dar algo a cambio. —No se trata de eso —replicó un tanto nerviosa. —¿No? —cuestionó él de manera sarcástica. —El sexo no lo es todo, Zennen. —¿No? ¿De qué se trata entonces? Porque tenemos más de cinco años juntos, y aún no puedo estar contigo de la forma que quiero. No sé el por qué ni si quiera te permites experimentarlo. —Tú quieres cosas, que yo no puedo darte. —¡Oh Mujer! ¿Es en serio? ¿Tengo que decirte que tanto la relación, cómo el sexo contigo, se han vuelto demasiado aburridos? Dio la última calada a su cigarrillo, y caminó hacía el cuarto de baño. —¿Aburrido? —indagó Melania—. Tú lo que quieres es que me comporte contigo, como si fuese una puta… de esos videos que ves por internet. ¿Crees que no lo sé? Quieres tratarme de la misma forma, como si yo no fuese nada para ti… Eres un pervertido. Zennen entorno los ojos, y cerró de golpe la puerta del baño. Miró su reflejo en el espejo se pasó una mano por el rostro, y luego apoyo ambas encima del lavamanos. Tenía treinta y seis años. Era dueño de una compañía naviera, y otras empresas. Podía decirse que en todo era exitoso. Menos en el amor, al parecer. «Jodida y perra vida. Que no puede tenerse todo lo que se desea», pensó. Había tenido una relación con Melania, desde hacía poco más de seis años. Pero mucho antes de que su hijo, Santiago naciera, las cosas iban mal entre ellos, por la misma razón, Ella se negaba a darle lo que él necesitaba, compenetración y comunicación. Además de querer obligarlo a firmar el papel que lograría, que nunca se la quitara de encima. Él no quería ya nada con Melania, menos casarse con ella. Se lo había hecho saber muchas veces. Lo más conveniente para ella, había sido que un día antes de irse a Alemania, para poner distancia entre ellos. Le dijo que estaba embarazada. Aun así. No pudo obligarlo a casarse con ella. Simplemente, él lo intentó. Pero ya estaba que no aguantaba, era injusto para su familia, seguir soportando el peso de una relación sin amor. Entró a la ducha; abrió la llave, y dejo que el agua tibia corriera sobre su cabeza, y rostro. Creyendo que con eso iba a aclarar sus pensamientos. Tomó el jabón, y lo frotó en las manos. Hasta que hizo suficiente espuma, y comenzó a lavarse el cuerpo. Eso era lo que le faltaba. Un hombre de su edad con un caso de bolas azules, como si fuese un adolescente. Porque, la necia de su mujer. No quería experimentar otra cosa que no fuese la posición del misionero. Haciéndole creer que era una mojigata.  Si ella no le hubiese amenazado, con llevarse al niño a Italia, si ellos se separaban, Hacía rato, que él ya lo hubiera hecho. No sentía amor por Melania, ni antes. Ni en ese momento. Simplemente la pasaban bien el rato que compartían juntos. Le gustaba el sexo. Solo eso. Pero desde ese momento, le quedaba claro que masturbarse, era cien veces mejor que hacerlo con ella. Al menos de esa forma, podía correrse teniendo una fantasía. Que tenía que aceptar que no era la protagonista. Quería una mujer que le hiciera sentirse hombre, que sólo él la pudiese encender. Una mujer, que quisiera vivir con él experiencias, que jamás con ningún otro hubiese vivido. Una mujer solo para él, hecha para él. Y que por sobre todas las cosas, lo quisiera de verdad. Que lo amara no por los millones de euros que tenía en el banco. Sino por él. Toda su familia sabía que Melania había salido embarazada a propósito. Su padre lo apoyó. Le dijo que si no quería casarse con ella, que no lo hiciera, pero que le diera a su hijo un hogar. La rabia lo cegó en ese momento, y le dio un puñetazo a la pared, y de su pecho salió un gruñido de frustración. Volvió a meterse debajo del agua,  y cerrar los ojos. El sonido de la puerta abriéndose, hizo que él sacudiera un poco sus pensamientos. —¿Estás bien? —la voz de Melania fue de preocupación. —Sí, lo estoy —contestó de mala gana. Ella se acercó poco a poco y le abrió la puerta de la ducha. —¡Aww Zennen! ¡Qué asco! —¿Cómo? —Se soltó de pronto el m*****o enfurecido,  y la miró confundido— ¿Qué fue lo que dijiste? ¿Asco? Pero eso no lo decías hace ni media hora cuando lo tenías dentro, ¡joder! —Tú lo has dicho eso ya pasó hace media hora. Ya pasamos el momento —le dijo con enojo—. No hay razón para que tengas una erección de ese tipo. —Pues, claro que tengo una razón, por la cual estar así. ¡No estoy satisfecho! —Volvió a agarrar la erección y comenzó a acariciarla—. ¿Querías algo? Ella entrecerró los ojos. —Solo entré porque escuché un golpe en la pared —Entonces si no vas a hacerte cargo de esto, —señaló con la boca, el m*****o erecto entre sus manos—. Te sugiero que cuando salgas cierres la puerta. Para que yo pueda terminar mi asunto de manera manual. —De verdad que eres un bruto, Zennen. —Sí, tal vez lo sea. Quizá por eso me hago siempre la misma pregunta: ¿Será que solo eres frígida conmigo? —No soy frígida. No me faltes al respeto —espetó ella señalándole con el dedo. Él cerró los ojos, y dio un suspiro totalmente lleno de frustración. —Melania... como puedes ver. Estoy más duro que una piedra —le dijo suavemente—. Tú no quieres hacerte cargo. Al menos deja que lo resuelva por mí mismo. —Al parecer tu boca es tan sucia como tus pensamientos. Pareces un marinero —¡JODEER! ¿Puedo seguir masturbándome? —¡B - R - U -T – O! Ella prácticamente salió huyendo, y cerró la puerta de golpe. Él no sabía si reírse o molestarse por lo absurdo de la situación. Lo cierto era, que cuando ella entró al baño, toda su calentura se había ido. Estaba muy seguro de que le esperaba una noche muy larga. Salió del baño secando su cabello con una toalla, y otra enrollada en su cintura. Se dio cuenta de que ya Melania estaba dormida. Sacó del armario unos pantalones de chandal, y se los puso. Luego bajó al estudio; dormiría en el sofá. Esa noche no tenía ganas de dormir con el enemigo en su propia cama. La mañana no tardó mucho en llegar. El olor a desayuno casero inundaba toda el área de la cocina. Zennen venía llegando de su acostumbrada carrera matutina. —Yo no sé por qué te molestas en hacer ejercicios. Si luego te fumas diez cigarrillos al día —Eso es muy malo para ti, papi —la voz del niño, salvó a Melania de unas cuantas palabras pocas amistosas de parte de él. —Tienes razón, hijo. Pero sólo lo hago cuando estoy muy estresado —removió el cabello de su hijo—. Para no decir que insatisfecho —No hables de esos temas delante del niño —le exigió Melania. —¿Mami, por qué no puede decir esa palabra delante de mí? ¿Acaso es una mala palabra? —indagó Santiago inocentemente. —No campeón, para nada. Esa palabra significa que no estás del todo contento. Que sientes que algo te falta. El pequeño frunció el ceño, y miró a su madre. —¡Oh ya entiendo! Eso es lo que yo siento, cuando mami no quiere darme más pastel de chocolate —Exacto —Zennen sonrió al niño, y miró a Melania—, al parecer no soy el único al que se le niegan las cosas en esta casa. Ella apretó los puños a los lados, para contener la rabia, Zennen soltó una carcajada. —Vamos Santi. Llegaremos tarde al colegio —replicó Melania furiosa. El niño se despidió de su padre, y se fue con su madre. Tomando un vaso con agua Zennen desde el gran ventanal observaba a Melania, y a su hijo se preguntó: ¿cuándo ella había dejado de ser su mujer y se había convertido en un tempano de hielo? Si tan solo ella se dejara llevar, todo fuese más fácil. Él quizá encontraría las fuerzas para seguir aguantando. Respiró profundamente; tenía dos años tratando de mejorar las cosas con Melania, pero ya todo era inútil. La voz de Rosa, la persona que se encargaba de las cosas de la casa le tomó por sorpresa. —Zennen… —le habló— Tu padre está al teléfono —le pasó el aparato. —Hola papá. —Hola hijo. Disculpa que te llame a estas horas pero tenemos un problema en la naviera. —¿Qué clase de problema? Quiso saber de manera inmediata. Últimamente en la empresa, las cosas no estaban bien. —Unas de las embarcaciones esta varada en mar abierto. —la voz de su padre era de total preocupación. —¿Desde cuándo? —Nos acabamos de enterar, ahora mismo —No quiero que te preocupes. Voy saliendo para allá. Se dio una ducha rápida, y se fue a trabajar. Al llegar a la oficina, inmediatamente se reunió con su padre, y se pusieron al día en muchas cosas. Pero no fue hasta la hora del café, que el hombre mayor se atrevió a indagar un poco más, en la vida de su hijo. —Te ves un poco tenso, Zennen. ¿Pasa algo? —preguntó su padre. Zennen reclinó su cabeza a la silla, y cerró los ojos por fracciones de segundos, tratando de controlar su estado de decepción ante su padre. —Todo está cada vez peor, entre Melania y yo. —¡Oh vamos Zennen! No exageres. Todo matrimonio tiene altos y bajos. —Papá, nuestra relación comenzó en bajo, y tampoco se trata de eso. Se trata, de que nuestra relación terminó mucho antes de que naciera Santiago, y eso todo el mundo lo sabe. Pero ahora es una relación insostenible —movió sus brazos—. Te lo juro que trato pero ya no puedo. —Te entiendo, quiero que sepas que te apoyaré en lo que decidas. No necesito decirte, que tomar decisiones, en una situación como esa, no es fácil. —Sé de sobra que no lo será. Lo primero que ella hará es atacarme, decirme que soy el culpable de que la relación este muerta, y amenazarme con que se irá a Italia con mi hijo. —¿Crees que ella sería capaz de eso? —Por supuesto; ella es capaz de todo, con tal de que no la deje. —Zennen sonrió. Su padre lo miró, y ladeó la cabeza. —Pues, pienso que debes buscarle una solución a esto lo antes posible. Cuentas conmigo para eso. —De verdad papá, no la soporto. —Encárgate de este problema de la empresa. Estás demasiado alterado. Creo que unos cuantos días en el mar no te vendrían mal. —Me parece bien. Pero este fin de semana comenzaba las clases de natación con Santiago. —Así como estás, no eres compañía para nadie, Zennen. —Me parece una buena idea, así que lo haré, papá. Para el final de la tarde, ya él tenía todo arreglado para ir a buscar la embarcación varada. Tal vez; el mar le aclararía los pensamientos. Tomó su teléfono celular para llamar a Melania. —Hola… —Hola, estaba por llamarte, para decir que estamos en casa de mi madre, y que ella nos ha pedido que nos quedemos —¡Ah mira qué bien! Si no te llamo no me entero de que estabas allá con el niño —dijo en tono un poco molesto—. Te llamo para decirte que esta noche voy a alta mar. No sé cuánto tiempo pueda tomarme. —¿Por qué tienes que ir? —Obviamente a ella no le gustó lo que él, le estaba informando. —Porque una embarcación esta varada. Tenemos que hacer el trasbordo. —Le explicó, pero lo cierto era que no quería hacerlo, dándole todos los detalles. —Está bien, cuídate. —Dale un beso al niño de mi parte. —Sí, lo haré. Buenas noches Cuando la llamada finalizó, Zennen se pasó la mano por la cara, respiró profunda, y pausadamente al entender que Melania, tampoco ponía de su parte para salvar su hogar. Lamentablemente iba a actuar, cuando llegara de alta mar, iba a hablar con su abogado para ver qué posibilidades habían de manejar la ruptura, no quería que el niño se viese afectado, y menos que Melania en venganza lo alejara de él. Pensaría mejor cuando estuviese mar adentro, como lo hacía siempre. No podía seguir en una relación vacía, y sobretodo sin amor. Eso no era sano, para ninguno de los tres.
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