—¡Estás loco! —exclamo, negando con la cabeza en incredulidad. — ¡No voy aceptar un coche! Lucas pone los ojos en blanco, ya sabe que se avecina una pelea. En este mes juntos, desde que me pidió oficialmente que fuera su novia, hemos tenido al menos una docena de pequeñas peleas, algunas por tonterías, otras no. La mayoría de ellas se resolvían teniendo sexo en cualquier lugar que estuviéramos, pero está en especial, no ameritaba aquello. Miro de nuevo el precioso Audi plateado, último modelo, elegante y muy lujoso. A mi novio se le ocurrió la brillante idea de regalármelo, después de que el mecánico afirmara que mi pobre Chevrolet ya no daba para más, no tenía reparación. A pesar de ser el regalo más increíble que alguna vez alguien me haya querido dar, es demasiado costoso. Puedo ace

