4. "A punto de ceder"

4685 Words
—¡No sé qué ponerme! —me quejo, mirando mi armario. Siempre he presumido de tener un armario completo, atuendos para todo tipo de ocasión, faldas, vestidos, pantalones, jeans, shorts, camisas, suéteres, tacones y demás. Como digna hija de una actriz internacional, soy una mujer a la que le gusta verse bien, por lo que siempre que puedo me voy de compras. Sin embargo, ahora no encuentro nada para enfrentarme a Lucas Coleman, uno de los treinta hombres más ricos del país. ¿Qué se supone que le gusta a los multimillonarios? ¿Un vestido de noche ceñido al cuerpo? ¿Una falda de corte alto que sea muy reveladora? ¿O tal vez es mejor ir en pantalones de vestir para no darle la idea equivocada? Estoy en blanco, no encuentro nada que me parezca apropiado y si no me apuro, voy a llegar tarde. No es que tenga mucha experiencia, pero imagino que no se verá bien que aparezca tarde a una cita con un hombre que tiene el mundo y a las mujeres a sus pies. No quiero actuar como si estuviera haciéndome un favor, porque en realidad, esto es más un suplicio para mí. Mayra entra en la habitación dos minutos después, está luciendo su traje de soy-una-abogada, falda de tubo gris opaco, una camisa negra de mangas largas y una chaqueta que hace juego con la falda, con sus tacones Mary Jean que no pueden faltar. Sin embargo, sigue viéndose hermosa, una belleza natural que muy pocos pueden presumir en este mundo. Rizos rubios que caen por su rostro, su moño ahora está despeinado, pero le queda genial. —¿Por qué estás volviéndote loca? —pregunta, mirando la montaña de ropa que está en mi cama. —Voy a salir con Lucas Coleman. Sus ojos se abren, antes de entrar a la habitación, interesada. —¿Cómo es eso posible? Dijiste que más nunca ibas a llamarlo. —Bueno, yo no lo llamé, en realidad, él me envió flores al trabajo, y… como que me metí en un lío —dije, sin querer mirarla. — Pero no tengo tiempo para explicarte bien, ¡ayúdame a conseguir algo decente! Si Mayra se entera de lo que estoy a punto de hacer, va a matarme, por lo que prefiero omitir algunos detalles de la historia. No me gusta tener secretos con mi mejor amiga, nunca lo hemos hecho, por muy grotescos y oscuros que sean, conocemos todo de la otra, inclusive la parte mala de la historia que todos se guardan. —Deanne, todo lo que está en tu armario es más que decente —responde, sonriéndome. — Tu ropa es preciosa, así que cualquier cosa que te pongas te servirá. —No puedo ponerme cualquier cosa, ¡es Lucas! Uno de los hombres más ricos del mundo, ¡Por amor a Dios! Pone los ojos en blanco, tal vez estoy volviéndome loca por nada, voy a encontrar algo, pero me siento nerviosa. No quiero admitirlo, pero ver a Lucas de nuevo hace que tenga cosquillas en el estómago. Solo de recordar sus besos, la manera en la que nos besamos y nos tocamos en el ascensor, cuando presionó su erección contra mi sexo. ¡Dios! Me acaloro de solo imaginarlo, porque muy dentro de mí, quiero repetir la experiencia. Nunca me he sentido así con un hombre, como si su toque fuera la respuesta para todos los males. Mayra se queda conmigo, buscando entre mi ropa algo qué ponerme. Entre el mar de tela, ella sonríe y encuentra el atuendo perfecto. Es un vestido de noche, corto por encima de las rodillas y ajustado al cuerpo. Es color es entre beige, casi igual al color de mi piel, con lentejuelas que forman líneas entrelazadas a través del cuerpo. Es traslucido en las mangas largas, precioso y elegante, aunque sin ser exagerado. Lo apruebo de inmediato. —¿Te he dicho que eres la mejor amiga del mundo? —pregunto, mientras me voy desnudando para ponerme el vestido. Media hora después, he hecho un buen trabajo, o eso quiero pensar. El vestido me queda perfecto, lo compré hace un par de años para un evento en el que mi madre era la protagonista y coordinadora, y me agradaba ver que me quedaba tan bien. Elegí unos tacones plateados de quince centímetros, porque Lucas ya era alto y quería estar a su altura. Me hice un peinado chic, aunque despreocupado, con un moño trasero y algunas hebras cayendo por mi cara. Ahumé mis ojos y me puse un labial nude en los labios, para no hacerlo tan cargado. Cuando salí de casa, Mayra me dio su aprobación absoluta. Me desea suerte, aunque me pide que mantenga la compostura. Sabe que no quiero acostarme con Lucas, al menos no todavía. No se trata de un problema moral, ya eso lo jodí bastante en el pasado, se trata de que no quiero sentirme usada y sucia después de follar con un hombre que lo ha hecho con la mitad de Nueva York. Aunque no pudo evitar sentirme en desventaja, Lucas es sexy, hermoso, inteligente y encantador. Y lo peor es que parece desearme de la misma manera arrasadora en la que lo deseo yo. Cuando salgo del edificio, un enorme complejo de apartamentos en el centro de Nueva York, me encuentro con una limosina estacionada. No me sorprende, estamos en la ciudad de los excesos y los ricos, cada tanto veía uno pululando por allí. Lo que definitivamente si me sorprende, es el hombre que sale del vehículo, dirigiéndose hacia mí. —¿Señorita Adornetto? —pregunta, en un tono cálido, pero profesional. — Permítame presentarme, soy Cyrus y seré su chofer esta noche. El señor Coleman me ha enviado a recogerla. Es alto, musculoso y atractivo, con el cabello muy corto al estilo militar, sus ojos negros y los pómulos altos. Muy guapo, aunque no del tipo que te quita el aliento. Me quedé mirándolo, parpadeando en consternación, nunca había tenido un chofer. —Es muy amable de su parte —digo, dándole una sonrisa. Me abre la puerta y entro, sin dudarlo un segundo más. Lucas está esforzándose esta noche, pienso con una sonrisa para mí misma, inclusive ha traído una limosina. ¡Es emocionante! Pero entonces, me recuerdo que estoy en una farsa, me estoy metiendo en la boca del lobo, tratando de engañar a un multimillonario, intentando ser más inteligente que él. ¿Lo lograré? Probablemente no, seguro me va a desechar cuando se dé cuenta de que esta noche no vamos a follar, o peor aún, lo hará después, cuando al fin lo hagamos. Al menos Eleonor sabrá que lo intenté. El auto se pone en marcha y me saca de mis pensamientos. Miro la ciudad a través de la limosina, el paisaje es hermoso, siempre me ha encantado esta ciudad, aunque no he vivido toda la vida en ella. Me trasladé después de mi segundo año en la universidad para poder alejarme del tormento que recién había vivido en Virginia. Sin embargo, me enamoré de inmediato, me encantaban los rascacielos, el tráfico pesado, la gente llena de vida dispuesta a divertirse. Aquí conocí a Mayra, y desde entonces hemos sido inseparable. Ambas compartimos una conexión, la considero más una hermana que otra cosa y sé que ella piensa lo mismo de mí. Divisó un pequeño bar en la esquina de la limosina, la tapicería es preciosa y cara, aunque tiene un aire rustico que me encanta. Me sirvo un poco de gin tonic y me lo bebo todo de golpe, para ver si así mato las estúpidas mariposas de mi estomago al pensar en volver a ver a Lucas. Mi mirada se encuentra con la de Cyrus a través del retrovisor, mientras termino de beber. Me da una sonrisa, parece consciente de que estoy muriéndome de la ansiedad. Quiero otro trago, pero no puedo llegar ebria al restaurante así que procuro quedarme quieta, solo moviendo mis manos. Al cabo de unos tensos minutos, la limosina se detiene de nuevo y respiro profundo. Cyrus sale del coche y se dirige hacia mí para abrirme la puerta, así que me tomo ese tiempo para observar la infraestructura del imponente hotel que tengo frente a mí. Un rascacielos de al menos cuarenta pisos parece inmaculado, precioso y oscuro. Cyrus me abre la puerta al fin y me tiende su mano para ayudarme a bajar. —El señor Coleman la está esperando adentro —dice simplemente, antes de volver a irse. Suspirando, tomo valor y subo las escaleras de trece escalones para llegar a la entrada del hotel. Un botones me saluda, le doy una sonrisa, aunque no estoy prestándole atención. La recepción del hotel es enorme, con lindas recepcionistas vestidas como azafatas, de n***o y azul, todas rubias y delgadas, hermosas. Estoy fijándome en eso que no me doy cuenta de que casi tropiezo con un hombre, me detengo de golpe, frenando antes de llevármelo por en medio. El me da una sonrisa, es alto y delgado, luciendo un traje, parece como el gerente. —Buenas noches, señorita Ardonetto —dice con amabilidad. Me siento un poco irritada ya, no quiero ni siquiera preguntar cómo es que sabe quién soy yo, Lucas debe ser el culpable de eso. Ignorante a mi irritación, el hombre sigue hablando. — El señor Coleman la espera, sígame por favor. Miro mi reloj, asegurándome de no estar llegando tarde, pero en realidad, voy con cinco minutos de anticipación. Sigo al hombre, pasando a través del restaurante, preguntándome dónde demonios está él. No lo veo, las mesas todas llenas y la gente con aire de grandeza come como si nada. Cuando salimos del salón del restaurante, frunzo el ceño, pero no digo nada. Llegamos a un pequeño pasillo, los pisos de mármol y las paredes color durazno me indican que sigue siendo la misma decoración, pero es todo más sencillo y pulcro. Justo cuando voy a abrir la boca para preguntar de qué va todo eso, nos detenemos frente a una puerta sencilla. El hombre, sin esperar más, abre la puerta y me hace una seña para que entre. Lo hago, aunque no debería ser tan confiada, no lo dudo. Apenas entro, la puerta se cierras detrás de mí con un sonido seco. Mi boca se abre, incrédula. Estaba esperando que nos encontráramos en la parte común del restaurante, rodeados de demás clientes como los demás, después de todo, Lucas llevó a una impresionante rubia anoche a un bar común y corriente. Sin embargo, no esperé que me trajera a un salón privado. El techo era altísimo, en forma de torre, paredes gigantes llenas de cuadros y libros. Las luces eran tenues, dando un aspecto de velas y una oscuridad peligrosa al lugar. En el centro, Lucas Coleman, imponente como siempre. Apenas me ve, se pone de pie y tengo que admitir, que mi boca se seca. Está precioso y sexy, luciendo un traje azul marino que se abrasa demasiado bien a su cuerpo, con una corbata negra y perfectamente peinado. Lo que más me gusta no es su aspecto, aunque ayuda mucho, si no la mirada hambrienta que me dedica de vuelta. Recorre mi cuerpo, de abajo arriba, deteniéndose en las partes importantes, con una intensidad absoluta. Parece listo para saltar sobre la mesa y arrancarme la ropa, Dios sabe que yo deseo hacer exactamente lo mismo. Parece negar lo que estoy pensando, porque una sonrisa lenta y fanfarrona aparece en sus labios. —Estás impresionante Deanne —dice, y su sincero comentario me hace sonreír orgullosa. Pero entonces, sigue hablando. — No dejo de pensar en lo bien que se sienten esos labios, como me gustaría volver a tener tus piernas envueltas alrededor de mi cintura mientras me restriego contra ti. Abro la boca, pero no digo nada, impactada por su franqueza. Suelto un suspiro acalorado, ¿debí haberme puesto esos pantalones después de todo? —Lucas… —Siéntate, dentro de un minuto traerán la cena —dice, sin dejarme terminar. No me quejo, hago lo que me dice porque en realidad, no tengo idea de qué decir. Lucas espera a que me sienta para sentarse de nuevo, sin despegar su intensa mirada de mí. Me fijo en la mesa, está impecable, los platos pulcros y un candelabro con una vela ilumina el lugar. Parece cursi, pero viniendo de Lucas Coleman, es algo enternecedor. Eleonor me ha dicho que es un mujeriego y que nunca se detiene por una chica, así que me parece increíble que tenga este mismo trato con todas. —¿El restaurante es de tu propiedad? —pregunto, la curiosidad me está matando. Asiente. —Soy socio, una de mis mejores amigas es dueña y me pidió que tomara la otra mitad, necesitaba un capital y yo se lo ofrecí. Mi estomago se remueve en celo al escucharlo hablar de una amiga, ¿por qué estoy celosa? Dios mío, no es como si acabara de decirme que se la está follando… aunque, viniendo de Lucas, no sería algo muy extraño. Lucas parece notar mi riña interna, porque toma mi mano a través de la mesa. Su toque envía escalofríos placenteros, me gusta cuando me toca. —Es solo una amiga, la quiero demasiado para follarla —responde segundos después, como recuperándose del toque. Tal vez le afectó también a él, como a mí. —¿No puedes querer a la gente que te follas? —Hace mucho tiempo que no me follo a nadie queriéndolo Deanne, pero no estamos aquí para hablar de eso. Su respuesta solo me pone más nerviosa. Recuerdo las palabras de Eleonor, que Lucas es un mujeriego, no se queda con ninguna mujer, al menos no después de su prometida. ¿De verdad se había ido con su hermano gemelo? Si es así, entonces inclusive puedo entender que sea un mujeriego con fobia al compromiso y al amor. —Lucas, quiero que sepas algo antes de continuar —digo, tomando valor. — No soy una mujer a la que puedes tomar y desechar. Sinceramente, no quiero ser otra más de tu lista, no quiero que me folles y me olvides como si nada. No dice nada, se me queda mirando en silencio, mientras toma la botella de vino y sirve un poco en mi copa. Parpadeo, esperando a que me responda, aunque parece estar pesando su respuesta. Se sirve para así mismo y le da un trago, saboreando el vino en su boca. Es tan sensual, que hace que presione mis piernas juntas. La puerta se abre entonces, dos mujeres entran, vestidas de camareras. Ponen un plato frente a mí, ravioles con salsa de champiñones. Mi piel se eriza, es mi comida, favorita, se lo comenté anoche mientras charlábamos. No era una información importante, ¿cómo es que recordaba mis flores y mi comida favorita? ¿era así de detallista conmigo o con todo el mundo? No decimos nada mientras ponen un plato frente a él también, no lo mismo que lo mío, él eligió salmón gratinado en salsa verde con espárragos. Sin quererlo, se me hace agua la boca, el olor de los ravioles entran en mi nariz y me hacen dar cuenta del hambre que tengo. Las chicas se van de nuevo deseándonos buen provecho y cierran la puerta detrás de ellas. —Me dijiste que los mejores Ravioles que habías probado eran los de tu madre, pruebas estos, si no lo superan, tendré que sonsacarte hasta que me des la receta. Riendo, lo hago, meto los ravioles en mi boca y gimo, cerrando los ojos. Dios, sabe delicioso, caliente, la salsa está en su punto perfecto y los champiñones le dan un toque increíble. Cuando abro los ojos, casi me atraganto al notar que los ojos de Lucas están oscurecidos en deseo, mientras mira mi boca. Trago fuerte y tomo un poco de vino. —Está delicioso, pero sigo prefiriendo el de mi madre —respondo, encogiéndome de hombros. Se rie, pero acepta mi comentario de buena gana. Comemos en silencio, disfrutando de la comida. No hablamos, pero cada tanto nos damos miradas, que cada vez se ponen más intensas y oscuras. Lucas me gusta, no sólo para follar y me da miedo estarme metiendo en algo de lo que luego no podré salir. Eleonor es una hija de perra, no va a aceptar un no por respuesta. Unos minutos después, decidido que es demasiado y termino con la comida. Lucas toca un botón en la mesa y segundos después, las mismas dos chicas entran de nuevo para retirar los platos, como si hubiesen estado esperando detrás de la puerta. Son silenciosas y reservadas, lo que me agrada de inmediato. Cuando se van, Lucas vuelve hablar. —Te deseo Deanne, y sé que tú me deseas a mí también —susurra. — Pero no tengo relaciones amorosas, con nadie. Lo mío es follar y dejar, es así como lo hago desde hace años. Me echo para atrás, ocasionando que la silla chille desagradablemente. Lo fulmino con la mirada y me levanto de la mesa, no necesito más. Al diablo, Eleonor, le diré que no he podido hacer que Lucas me tome en serio y que haga lo que quiera, deberá entender. Pero no puedo quedarme aquí, para ser tratada así, me ha costado mucho mantener mi seguridad, recuperarla, no voy a echar todo por la borda. No voy a convertirme en mi madre. —Gracias por la cena, pero lo mejor es que todo quede aquí. No espero su respuesta, me dirijo hacia la puerta para abrir e irme. Tomo el pomo, pero antes de que pueda abrirla, una mano aparece a un lado de mi cara, cerrándola. Miro el brazo de Lucas y mi corazón se acelera al tenerlo tan cerca. Me da la vuelta con suavidad, mucho más de la que utilizó para cerrar la puerta. Quedamos frente a frente, a unos pocos centímetros de distancia, puedo notar sus pecas y sus pestañas rizadas. Parece irritado, pero yo también lo estoy. —¿Puedes dejar de huir? —pregunta. —Déjame ir —pido, el hielo en mi voz. — No estoy huyendo, solo quiero irme a casa. No debí haber venido. Toma mi rostro para que lo mire, pero aparto la mirada, consciente de que me voy a hundir en sus preciosos ojos verdes y estaré perdida. Necesito mantener el control, porque entonces, todo se va a ir a la mierda. —Mírame —pide, pero lo ignoro. — ¡Mírame Deanne! Lo hago entonces, sintiendo la desesperación en su voz. Ahueca mi rostro con sus manos y con el pulgar derecho, acaricia mi labio inferior con suavidad, mientras lo miro con deseo, el mismo deseo que siento yo. Sus ojos verdes brillan, y puedo sentir que me estoy volviendo vulnerable. —No puedo darte una relación —repite, así que aparte de nuevo la mirada. — Pero puedo darte muchas otras cosas, cosas increíbles, sexo del bueno, lujos, placer, diversión, todo lo que me pidas, menos una relación. Lo empujo para que se aparte, pero es como si estuviera golpeando una pared, se mantiene firme, sin moverse ni un centímetro, lo que me enfurece aún más. —No me traigas aquí a tratarme como una puta, tal vez estás acostumbrado a esas mujeres, pero yo no lo soy, me niego a que me uses a tu conveniencia. —¿Mi conveniencia? Puedo prometerte una cosa Deanne, cuando estemos en la cama, tú vas a hacer la prioridad. Míralo desde otro punto de vista, yo voy a estar siendo usado por ti, para tu placer. Suelto una risa, pero es sin humor. Estoy volviéndome loca, mi corazón late muy fuerte y mis pezones están erizados, quiero acercarlo a mí y besarlo y a la vez, apartarlo lejos. Imágenes de Lucas y yo en la cama me invaden, él en medio de mis piernas, saboreándome mientras yo me retuerzo del placer y le pido que no se detenga. —Buen intento —respondo. — Voy a irme y vamos a fingir qu… No termino de hablar, cuando los labios de Lucas están invadiendo los míos. Abro la boca por la sorpresa, pero él aprovecha y mete la lengua, saboreándome. Mando al diablo todo y llevo mis manos a su cuello, devolviéndole el beso. Sabe a vino, dulce, un poco picante y tan jodidamente delicioso. Mi lengua acaricia la suya con fuerza, hay algo animal en el beso que me hace estremecer. Me presiona contra la pared y pega su cuerpo al mío, lo que hace que mis pezones se rocen contra la tela. Ahogo un gemido, estoy tan caliente, mojada y lista para que me folle, pero no puedo pronunciar palabra, no puedo decir nada porque su boca sigue invadiendo la mía. Envuelvo mis dedos en su espeso cabello castaño, y trato de acercarlo más a mí, en un evidente estado de desesperación. Lucas gime cuando muerdo su labio inferior, por un segundo, nos separamos un poco para tomar aire y nos miramos a los ojos. Los suyos están ardiendo en deseo, me quiere, estoy segura de que va a follarme, no hay nada que pueda hacer contra ello. Mi propia mirada debe dejarle ver que lo quiero tanto, mi piel está erizada y siento un palpito entre mis piernas, necesitado de atención. —No vas a escaparte de mí —murmura. No puedo responder, porque su boca está de nuevo sobre la mía, comiéndome. Quiero fundirme en él, que la ropa desaparezca, que sólo seamos nosotros desnudos, tocándonos. Nunca he sentido tal deseo hacia alguien, pero nunca he conocido a nadie como Lucas Coleman tampoco. Vuelve a jugar con mi lengua y le respondo con el mismo ímpetu, demostrándole que quiero lo mismo que él. De pronto, las palabras de Eleonor entran en mi mente: “Lo importante es que esta noche no tengas sexo con él por nada del mundo, no importa que tan encantador, sexy y seductor pueda ser, que nada de él entre en ti”. Lo empujo con suavidad, tratando de que nos separemos, aunque es lo menos quiero, justo como anoche, el deseo que siento es demasiado fuerte, me cuesta resistirme. Se aleja, pero no por mucho, comienza a dejar suaves besos por mi mentón, yendo hacia mi cuello y mi oreja. Escalofríos recorren mi cuerpo, mi sexo vibra, casi gritándome que le dé atención y estoy tan empapada, que es un milagro que no comience a chorrearme. Pero trato de mantenerme pensando en mi jefa, ella ciertamente hace que el deseo disminuya. —Por favor, detente —suplico, cerrando mis ojos por el delicioso placer. Lucas pone una mano en mi cintura, pero sigue besando mi cuello, acariciando el lóbulo de mi oreja con los labios. Dejo caer mi cabeza contra la pared, porque no puedo mantenerme serena, no cuando lo hace tan bien. —¿Por qué si ambos nos morimos por hacerlo? —pregunta y su descarada sinceridad me desarma. En un arrebato, lo tomo por los hombres y lo apreto contra mí, para seguir sintiendo su cuerpo contra el mío. — Déjamelo a mí, haré que te sientas bien. Niego con la cabeza, pero no respondo, tampoco lo detengo cuando su mano comienza una suave caricia sobre mi muslo, subiendo por dentro del vestido. El aire queda atascado en mi garganta, me cuesta respirar de tanto deseo, tanta lujuria. Su mano llega a mis bragas y gimo, cerrando los ojos con fuerza mientras él sigue su ataque con sus labios en mi cuello. Va a dejarme chupones, pero me importa una mierda. —Te apuesto mi patrimonio a que ahora estás mojada y lista para mí —susurra en mi oído. — Me deseas, tanto o como yo a ti, quieres esto Deanne, lo quieres tanto que te quema. —Lucas, por favor… —suplico, pero no sé bien porqué lo hago, si para que se detenga, o para que continúe. Él toma la decisión, al apartar mis braguitas a un lado y encontrarme tan empapadas. Lucas se queja, y yo hago lo mismo, suelto un suspiro nervioso al sentir su dedo en mi hendidura. Su dedo resbala contra mi apertura y lo acaricia con suavidad, pero es suficiente para volverme loca. Mis labios están hinchados y duele, porque no he podido liberarme. Sin previo aviso, mete un dedo dentro de mí. Jadeo, pero estoy tan mojada que entra con facilidad, comienza un vaivén lento dentro de mí, con su pulgar, comienza a moverlo en círculos por mi clítoris. Dios, me siento en una nube de placer, no puedo pensar con claridad, no puedo distinguir nada más que Lucas torturándome. Me dejo hacer, no pongo resistencia mientras él mete y saca, agrega otro dedo y grito, sin importarme que afuera puedan escucharme. Sus sacudidas aumentan, su pulgar va cada vez más rápido y siento mi orgasmo formándose, como una bola de demolición que va a destruirme por completo. Muerdo mi labio inferior, me inclino hacia Lucas y lo beso con hambre, con unas ansias locas y apasionadas. Me responde, por supuesto, pero está besándome con los ojos abiertos porque no quiere perderse de mi descontrol. —Oh Dios, se siente tan bien —murmuro, cuando estoy a punto. Lucas presiona mi clítoris con más fuerza y de inmediato mete un tercer dedo, aquello me lleva a otra dimensión. Se echa para atrás y observa con detenimiento cómo me desmorono, gritando improperios mientras acabo en su mano, sin sentir nada menos que un arrasador placer. Mi pecho se mueve con fuerza mientras respiro con irregularidad, Dios, esto es lo mejor que he sentido nunca. Cuando vuelvo en mí, Lucas sigue mirándome, con una sonrisa de satisfacción. Eso me lleva de nuevo a la realidad, pero ¿qué me pasa? No puedo ir por ahí dejando que me masturbe, me he quejado de que no quiero ser una mujer más en su lista y me comporto exactamente como una. Saca la mano de mi entrepierna y lame sus dedos, Oh Dios, eso ocasiona que quiera otro orgasmo. Mi sexo sigue palpitando y me excito de nuevo, si no me voy, vamos a terminar follando toda la noche. —El mejor postre —dice, como si nada. Miro su bulto, está hinchado y listo, casi rompe el pantalón, cuando vuelvo a sus ojos, está serio como la mierda, consciente. La habitación está cargada de una energía s****l, el lugar de pronto me parece tan pequeño, Lucas inunda todo, su presencia, su aura, su forma de mirarme, es como si el lugar fuera suyo. Y es lo más peligroso. Arreglo mi cabello, aunque todo está en su perfecto lugar. —Tengo que irme. Se acerca de nuevo, pero pongo la palma de mi mano en frente de mí, para detenerlo y protegerme. Lo hace, frena y se queda a una distancia prudencial. —No, necesito salir de aquí, por favor. Parece entender la desesperación en mis palabras, porque asiente. No está contento, pero no va a detenerme de nuevo y eso me alivia, y me hace sentir mal también. ¡Dios mío! Necesito ayuda psicológica, este hombre va a llevarme de nuevo a la locura. —Cyrus va a llevarte de nuevo a tu casa —murmura, su voz es fría, distante. Lo miro, pero está viéndome, parece absorto en sí mismo. Me siento mal, tal vez lo he enfadado y ya no querrá verme más, no sé si eso es lo que quiero, más allá de Eleonor, Luca hace cosas en mí que nadie más y eso me tiene seriamente asustada, y agobiada también. Necesito salir, necesito irme a casa y pensar, aclarar mis ideas. —Adiós, Lucas. Abro la puerta para salir, pero él me detiene antes de que me mueva. —No me voy a rendir contigo Deanne, te quiero en mi cama y en mi cama estarás —promete, con tanta seguridad, que le creo sin dudar. Antes de irme, le doy una última mirada. —Sé que lo harás.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD