Después de esa llamada el humor de Lucas cambia drásticamente. Solo tengo que echarle una mirada a su expresión de enojo, a su cuerpo rígido, a sus hombros tensos, para saber que el humor divertido y relajado de cuando nos despertamos se ha esfumado. Llama a Cyrus, mientras que yo me doy una ducha rápida de cinco minutos y me visto con urgencia. No voy a dejarlo solo y él sabe, así que no se sorprende cuando le aviso que voy a acompañarlo a casa de sus padres. El viaje en el coche es tenso, Lucas se mantiene en silencio, mirando por la ventana, pensativo, sin embargo, no distanciado. Toma mi mano y entrelaza nuestros dedos, le doy una sonrisa, porque a pesar de todo, esa es la confirmación de que está cumpliendo lo prometido, no está distanciándose de mí, en cambio, está buscando el apoy

